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Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 7, 36-50

Lectio Divina por Julio de León de República Dominicana

Buenos días Cristonautas, les comparto la Lectio Divina de este día desde República Dominicana.
0.-INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y todo será creado y renovarás la faz de la tierra.
Oh, Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz sagrada de tu amor, haz que, guiados por ese mismo Espíritu, saboreemos la dulzura del bien y gocemos de tu eterno consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

1.-LECTURA

Del santo evangelio según san Lucas (7,36-50):

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»
Él respondió: «Dímelo, maestro.»
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»
Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»
Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»
Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»
Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Palabra del Señor

¿QUÉ DICE EL TEXTO?

– El fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él.
– Una mujer pecadora vino con un frasco de perfume.
– Se puso a bañarle los pies con sus lágrimas y secarlos con sus cabellos.
– El fariseo pensó: “Si fuera profeta, sabría que es una pecadora”
– Sus muchos pecados son perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.
– “Tu fe te ha salvado, vete en paz.”

2.-MEDITACIÓN

Este Evangelio es muy rico en contenido. Llama la atención como ambos personajes tenían mucho deseo de ver a Jesús y compartir con él. El fariseo le “rogaba” a Jesús que fuera a comer a su casa… y la mujer pecadora, a penas enterarse que Jesús estaba allí, fue a cumplir su deseo de verlo.
Jesús nos enseña al final de esta escena que la misericordia y el perdón de Dios no se alcanzan con cumplimiento de normas, ni con privaciones. Cosas en las que los fariseos eran muy buenos. Sino, que se alcanza a través del amor y la humildad.
Nos toca fijarnos en las actitudes de estos dos personajes para evaluarnos hoy en nuestro interior. La mujer vino por Jesús y estaba completamente enfocada en Él. Sin duda que con sus ojos llenos de lágrimas y con el rostro por tierra, no podía ver quién más estaba allí; ni mucho menos lo que estaban haciendo.
Por otro lado, tenemos al fariseo, que, aunque deseaba estar con Jesús y convidarlo; se distrae fijando su mirada en lo que hacen los demás y en juzgarles. Y por estar en esto, descuida sus obligaciones con su invitado y no se da cuenta de todo lo que está haciendo mal o dejando de hacer.
El maestro nos regala entonces una bella enseñanza por medio de una parábola: “A quien mucho se le perdona, mucho ama”
Hoy debemos hacer consciencia de que TODOS hemos sido inmensamente perdonados por Dios. Si no te has dado cuenta… probablemente estés distraído como aquel fariseo. O como alguno de sus amigos; ya que mientras la mujer se va justificada por el perdón de Jesús, ellos estaban igualmente distraídos preguntándose: “¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?”

3.- ORACIÓN
Señor Jesús, hoy quiero ponerme a tus pies. Quiero reconocerme pecador y necesitado de tu perdón. Quiero amarte más que nunca y cada vez más. Mírame con ojos de misericordia y no permitas que falle en mi compromiso de seguirte, como discípulo y misionero.

Amén.

4.- CONTEMPLACIÓN
“Tu fe te ha salvado, vete en paz”

“Tu fe te ha salvado, vete en paz”

“Tu fe te ha salvado, vete en paz”

5.- ACCIÓN
Hoy me postraré un momento ante el Santísimo; reconociéndome pecador y necesitado del perdón de Dios ante Jesucristo Sacramentado.

Sobre Julio De León

Rivsar

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