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Evangelio del día – Lectio Divinas Lucas 2, 16-21

Lectio Divina por Hector David Martinez de Honduras

Santa María Madre de Dios

Lc. 2,16-21

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO🕊🙏🏼

Santa Madre de Dios,

que la violencia y la guerra acaben y encontremos paz.

Que progrese y se consolide el diálogo

y se inaugure una convivencia pacífica.

Que se abran nuevos caminos de justicia y prosperidad.

Te lo pedimos a ti, Reina de la Paz.

TEXTO BÍBLICO Lc. 2,16-21

    En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

    Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

    Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

    Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

LECTURA ¿Qué dice el texto?

    Hoy, la Iglesia contempla la maternidad de la Madre de Dios, modelo de su propia maternidad para todos nosotros. Lucas nos presenta el “encuentro” de los pastores “con el Niño”, que estaba acompañado de María, su Madre y de José.

    Lucas habla de un “encuentro” de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, que ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Nueva, verdaderos evangelizadores que pueden dar “a conocer” lo que les habían dicho acerca de aquel Niño.

    Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Jesús: “Todos los que lo oyeron se maravillaban”. Hemos de pedir la gracia de saber suscitar esta admiración en aquellos a quienes anunciamos el Evangelio.

    Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: “Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto”. La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce a la alabanza, a la acción de gracias, a la glorificación del Señor

    María, que “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”, nos da hoy a Jesús. 

MEDITACIÓN

Hoy, al igual que hace más de dos mil años, seguimos necesitando a Jesús. Los pastores después de escuchar al ángel “fueron corriendo…” Pusieron en práctica lo que les pedía Dios: caminar hacia Belén, donde encontrarían al Salvador. Esto es lo que necesitamos. Para tener a Jesús hay que decidirse a dejar los “rebaños” del egoísmo, de la comodidad, de la vanidad… Los pastores encontraron “al niño acostado en el pesebre”.

Para llegar a Jesús hay que ser humildes. Él mismo nos enseña, desde el pesebre, que su seguimiento exige cruz, dolor, humildad… y obediencia a la voluntad de Dios. Esto es lo que da la paz y la felicidad al corazón. María, la Madre de Dios, nos enseña que para llegar a Jesús hace falta también la oración: “María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

En María y en los pastores se nos ofrecen modelos de actitudes, formas de acoger y expresar en la vida la bendición de Dios de modo que alcancen a todo el mundo. ¿Cuál es tu disposición, desde el inicio del año, para seguir lo pasos de Jesús, que es Camino, Verdad y Vida?

ORACIÓN

Ora hoy y presenta al Señor las palabras del Papa Francisco en la festividad de Santa María, Madre de Dios:

    El Espíritu… derrita lo que está cerrado y nos conceda volvernos tiernos delante de la debilidad del Niño Jesús. La paz de hecho, necesita de la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor. En las manos de María, Madre del Redentor, ponemos con confianza filial todas nuestras esperanzas.

    A Ella le confiamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalga sobre las tentaciones de la venganza, de la prepotencia, y de la corrupción.

    A Ella le pedimos que el evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, pueda hablar a cada conciencia y abatir las murallas que impiden a los enemigos reconocerse como hermanos.

CONTEMPLACIÓN

    En medio de una humanidad envuelta en tantas guerras y conflictos, la Iglesia desea comenzar el año elevando hasta Dios una oración por la paz y la misericordia.

Esta oración no es para informar a Dios de la falta de paz que hay entre nosotros. Necesitamos descubrir los obstáculos que cada uno ponemos a la justicia y la paz. Tenemos que cambiar para ajustar nuestras actuaciones y nuestra vida a los deseos de paz de Dios para la humanidad.

La verdadera oración nos hace más capaces de perdón y misericordia, más sensible a cualquier injusticia, abuso y mentira… ¿No necesitaremos todos detenernos más a hacer paz en nuestro corazón? ¿No estará el mundo necesitado de más oración por la paz? ¿de más misericordia?

La paz es posible allí donde el derecho de todo ser humano es reconocido y respetado, según la libertad y la justicia. La paz debe ser conquistada, no es un bien que se obtiene sin esfuerzo, sin conversión, sin creatividad y sin dialéctica. ‘Vence la indiferencia y conquista la paz’” si lo hacemos desde la misericordia.

ACCIÓN

Inicia el año con una actitud de misericordia y perdón con el Señor, los hermanos y contigo mismo. Es un buen momento para hacer una buena confesión, acudir a una reconciliación y misericordia que te ayude a construir la paz mediante el trato justo, solidario, fraterno y misericordioso.

“Vence la indiferencia y conquista la paz” Proponte cosas concretas para construir la paz en tu interior, en tu ambiente, entre todos aquellos a los que puedas llegar. Haz como los pastores, sal corriendo y comunica noticias de paz, amor y alegría. Un Niño nos ha nacido. Dios está con nosotros.

Invoca a la Madre de Dios repitiéndole incansablemente: “Santa María, Madre de Dios… ruega por nosotros pecadores”.

Sobre Héctor David Martínez Martínez

Rivsar

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