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Evangelio del día – Lectio Divina Mateo 8, 28-34

Lectio Divina por Eduardo Rafael García de Honduras

Buenos días Juventud! Saludos desde el Corazón de América 🇭🇳
Soy Eduardo Rafael y Les comparto el ejercicio de Lectio Divina para este Miércoles 04 de Julio. Espero sea de mucha ayuda para su fortalecimiento espiritual en este día y que puedan compartir su experiencia de encuentro con la Palabra. Dios les bendiga! 🙏🏽😇
🔈💭 LECTIO DIVINA ⏰🔈
Miércoles 13º semana del T.O.

Por: Eduardo Rafael García
Tegucigalpa, Honduras🇭🇳
🙏🏽🙏🏽🙏🏽🙏🏽

Paso 0: Invocación al Espíritu Santo

Espíritu Santo, Dios de amor, Concédeme: una inteligencia que te conozca;
una angustia que te busque; una sabiduría que te encuentre, una vida que te
agrade; una perseverancia que, al fin, te posea. Amén

Paso 1: Lectura ¿Qué dice el Texto?

Mateo 8, 28-34

Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, dos
endemoniados salieron de entre los sepulcros a su encuentro. Eran tan
peligrosos que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Entonces ellos
empezaron a gritar: “¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has
venido a atormentarnos antes de tiempo?”. A cierta distancia había una gran
cantidad de cerdos alimentándose. Los demonios le suplicaban: “Si nos
expulsas, mándanos a los cerdos”. Jesús les dijo: “¡Vayan!”. Ellos salieron
y entraron en los cerdos, y estos se arrojaron por un barranco al mar y
murieron ahogados. Los que cuidaban los cerdos huyeron a la ciudad y
difundieron todo aquello, incluso lo de los endemoniados. Entonces toda la
ciudad salió al encuentro de Jesús para rogarle que se fuera de su
territorio.

Versión: BIA (Biblia de la Iglesia en América)

No es la primera vez que el evangelista nos habla de expulsiones de
demonios (8,16); sin embargo, ahora nos presenta un texto que lo hace de
manera explícita. Por un lado están dos personas endemoniadas, quienes
reconocen a Jesús como alguien capaz de destruirlos (8,29). Además,
aparecen excluidos de la sociedad y lo único que pueden hacer es gritar. Le
piden que los mande a los cerdos, que para los judíos son animales impuros,
y representan en Gadara, territorio pagano, la condición de sus habitantes
lejos de Dios. La única palabra pronunciada por Jesús es el imperativo:
“¡Vayan!” (8,32), lo que expresa su autoridad y su lugar central en el
relato. El resto de la narración nos da el efecto de esa palabra de
autoridad, incluso fuera de Israel.

Paso 2: Meditación ¿Qué me dice el texto?

Jesús se nos revela como salvador y liberador de todos los males y del
poder del Diablo. Él mismo decide acercarse, ha querido ir a la “otra
orilla”, a esa tierra concreta, a esa periferia existencial.

A la luz de este texto debemos de situarnos en el papel de estos
endemoniados y preguntarnos: ¿Cuáles son mis demonios, los que me hacen ir
sin sentido por la vida, con iras y culpas, asustando a los demás?

Podemos entrar en la piel de los del pueblo: ¿Cómo reacciono ante los
“demonios” de los demás y ante sus posibles comportamientos? ¿Le cierro las
puertas de mi vida a los demás aunque estén “gritando” por auxilio?

¿Soy como Jesús que se acerca a los más alejados y cambia su realidad con
compasión, misericordia, autoridad y libertad?

Meditemos por un momento.

Paso 3: Oración ¿Cómo le respondo al Señor?

Te doy gracias Señor porque con tu Palabra me ayudas a entrar en las
profundidades de mi vida y me haces redescubrir mi realidad tan débil y
pecadora pero a la vez tan buena y moldeable. Permíteme acercarme a los que
más me necesitan, a ponerme en el lugar del otro y en vez de juzgarle
ayudarle a que sea libre y a que viva en la plenitud de tu gracia. Ayúdame
a tomar buenas decisiones que edifiquen mi vida y la de los demás. Gracias
por quedarte junto a nosotros.

Paso 4: Contemplación ¿Cómo interiorizo el mensaje?

Tomamos el versículo que más nos interpele y lo repetimos varias veces.

Contemplamos la autoridad de Jesús en nuestras vidas, le pedimos que nos
libere de nuestros demonios y ataduras con la palabra: “¡Vayan!”

Paso 5: Acción ¿A qué me comprometo?

Establecemos un compromiso realizable para con Dios que tenga efecto en
nuestra vida y la de los demás.

Una buena acción sería una obra de misericordia corporal o espiritual con
nuestro prójimo.

Sobre Eduardo Rafael Garcia Carias

Rivsar

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