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Lectio Divina Dominical II del Tiempo Ordinario Ciclo C

«En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal»

Hno Ricardo Grzona, frp
Cristian Buiani, frp

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PRIMERA LECTURA: Isaías 62, 1-5
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 95
SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 12, 4-11

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICOJuan 2, 1-11

2,1: Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús. 2,2: También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda. 2,3: Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dice:
   —No tienen vino.
2,4: Jesús le responde:
   — ¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora.
2,5: La madre dice a los que servían:
   —Hagan lo que él les diga.
2,6: Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, con una capacidad de setenta a cien litros cada una.
2,7: Jesús les dice:
   —Llenen de agua las tinajas.
   Las llenaron hasta el borde.
2,8: Les dice:
   —Ahora saquen un poco y llévenle al encargado del banquete para que lo pruebe.
   Se lo llevaron.
2,9: Cuando el encargado del banquete probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde procedía, aunque los servidores que habían sacado el agua lo sabían, se dirige al novio 2,10: y le dice:
   —Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor. Tú, en cambio has guardado hasta ahora el vino mejor.
2,11: En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos. 

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Estamos transitando el segundo domingo del tiempo ordinario, y la liturgia nos conduce a través del evangelio de Juan. Este celebre relato de las Bodas de Caná es el primero de los siete signos que realizó Jesús y que nos describe el Evangelio según san Juan en los capítulos del 2 al 12. Por eso, se llama el Libro de los signos.

 El relato comienza haciendo una datación temporal, “tres días después”. Si bien no esta claro a que fecha anterior hace referencia con la indicación del tercer día, este tiene una gran significación. “El tercer día” aparece en varias oportunidades en los relatos bíblicos, y todos ellos hacen referencia al hecho central de la historia de la salvación: la resurrección de Cristo al tercer día.

Jesús, su madre y sus discípulos fueron invitados a unas bodas que se llevaron a cabo en la ciudad de Caná de Galilea, a solo 15 km de Nazaret. Las bodas en aquel tiempo solían durar alrededor de una semana, y allí había regocijo, cantos, danzas y comidas. Además la boda era, el símbolo de la alianza en la que Dios aparecía como el esposo del pueblo.

En un momento de la fiesta se acaba el vino, esta era una mala noticia, ya que sin vino la fiesta llegaría a su fin. Es María, la Madre de Jesús que percibe la falta, y se dirige a su Hijo, comunicándole esta situación. María no le pide ni le exige nada a su Hijo, sino que le acerca una situación concreta. Jesús dice a su Madre que su “hora” no ha llegado aún. En primer lugar, esto significa que Él no actúa ni decide por iniciativa suya, sino en consonancia con la voluntad del Padre. La “hora” hace referencia a su “glorificación”, a través de la cruz y resurrección.

María sin poder comprender lo que Jesús le decía, dijo a los sirvientes “hagan todo lo que él les diga”. Pocas palabras dichas por María narran los evangelios, y esta es una excepcional frase que expresa el deseo de la Madre para con toda la humanidad: hacer la voluntad de su Hijo.

Jesús pide a los sirvientes que llenen las seis tinajas con agua, y que la lleven al encargado del banquete. Para sorpresa de los sirvientes el agua se convirtió en vino, y de la mejor calidad, así lo expreso el encargado haciendo recordar que el mejor vino se sirve primero, y por último el de inferior calidad.

El agua que se utilizaba en los rituales simboliza a la Antigua Alianza, incapaz de purificar realmente al hombre. El vino, en cambio, es el símbolo de la Nueva Alianza, sellada con la Sangre de Cristo, que renueva y perfecciona la Antigua y da comienzo a una nueva creación. María acercándole a Jesús la concreta realidad de la falta de vino, se hace puente entre la antigua a la nueva alianza.

Pensemos por un momento el asombro que semejante hecho habría causado a los presentes, ¿Quién era este hombre? ¿Cómo lo hizo posible?, tal vez éstas eran algunas de las preguntas que se realizaban entre ellos. El relato culmina haciendo recordar que este fue el primero de los signos de Jesús, y que a través de el manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cómo comienza el relato? ¿En que lugar se llevan a cabo estas bodas?
  2. ¿Quiénes se encontraban presentes además de María, la Madre de Jesús?
  3. ¿Al notar la falta de vino, que le dice María a su Hijo? ¿Qué le respondió Jesús?
  4. ¿Qué le dice María a los sirvientes?
  5. ¿Cuántas tinajas había allí, y para que eran ocupadas?
  6. ¿Qué dice Jesús a los sirvientes? ¿Qué hacen estos?
  7. ¿Cómo actúa el encargado del banquete al probar el vino, que dice?
  8. ¿A través de este primer signo, que se manifestó en la persona de Jesús? ¿Qué generó en sus discípulos?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. Dice el relato que María se encontraba allí, ¿donde estoy yo hoy? ¿Cómo me siento, en que momento de mi vida me encuentro, como lo evaluaría?
  2. ¿Estoy atento a las realidades concretas (sufrimiento, pobreza, necesidades, etc.) que me rodean? ¿Qué hago al percibir estas situaciones, soy indiferente o me comprometo? ¿Soy como María, que al percibir la necesidad se la comunica a su Hijo? ¿En que circunstancias recurro a Él?
  3. ¿Cuál es el “vino” que me falta para vivir en plenitud, con sabor cristiano? ¿Cuáles son mis “tinajas” vacías? ¿Busco que estas sean llenas solo por Dios, y no por momentos, cosas materias, etc.?
  4. ¿Qué me dice a mí las palabras de María “hagan todo lo que él les diga”? ¿Tengo presente que estas palabras son un consejo maternal, que busca conducirnos al bien?
  5. ¿Entiendo que la fe cristiana implica y esta marcada por momentos de fiesta, es decir de alegría? ¿Cómo vivo la alegría en mi vida, la comparto, soy motivo de alegría para otros?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor. 

Vacío, como los odres del vino de la fiesta,
vacío, como de agua lo estaban
las tinajas de piedra,
vacío estoy sin Ti,
deseando que me llenes,
deseando hacer lo que tú desees,
y encarnar tu Reino así,
en la alegría del vino que alegra una boda,
en la frescura del agua que calma la sed,
en comidas compartidas entre iguales,
en lugares corrientes, sin nombre.
Eres Tú la alegría que nadie puede quitarme.
Creo en Ti, no por lo que haces,
no por tus milagros,
sino por Ti mismo,
porque amo lo que eres, 
Inmenso y Humilde Dios,
que alegras nuestros caminos
con tu vino nuevo.

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría.  Añadimos nuestras intenciones de oración.

– AMÉN –

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Como interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando a nuestro corazón:

«En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal»
(Versículo 11)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita a ser un cristiano que sale al encuentro de las periferias existenciales. Para ello llevaré alimentos, medicinas, abrigo, etc. a quienes considere que lo necesitan, dejándoles una oración o fragmento del evangelio.

En el grupo, nos comprometemos a ser una comunidad que refleje la alegría de estar con el Señor. Como grupo nos comprometemos a examinar las “oscuridades y periferias” existenciales que rodean a los jóvenes de nuestra comunidad, para que a través de alguna actividad, o visita podamos mostrar esta dicha de vivir en Cristo.

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