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Lectio Divina Dominical IV de Adviento Ciclo C

«¡Dichosa tú que creíste!»

Hno Ricardo Grzona, frp

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PRIMERA LECTURA: Miqueas 5, 1-4
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 79, 3-6.16-17
SEGUNDA LECTURA: Hebreos 10, 5-10

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén
TEXTO BÍBLICOLucas 1, 39-45

1,39: Entonces María se levantó y se dirigió apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea. 1,40: Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 1,41: Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, 1,42: exclamó con voz fuerte:
   —Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 1,43: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 1,44: Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre. 1,45: ¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Es importante que recordemos que la Iglesia está en un tiempo de espera, de preparación. Por este motivo, el Adviento, o advenimiento de Jesús, nos recuerda no sólo el momento del Nacimiento, sino también su segunda venida. Nos estamos preparando por un camino espiritual para el momento del encuentro con el Señor.

El Evangelista San Lucas, nos presenta en este texto, la continuación al conocido texto de la ANUNCIACIÓN. Es decir, inmediatamente que María recibió el anuncio por parte del Angel.

Podemos distinguir en el texto tres partes para su mejor comprensión:

Primero (Versículos 39 y 40) es inmediatamente después de que María recibe la visita del Angel. Allí se produce este momento, el más importante en toda la historia del universo, cuando una mujer, y de su aceptación a la propuesta de Dios de ser Madre del Salvador. Entonces, María, ya llevando en su Sagrado seno virginal, a Jesús, se pone en camino para ir a servir, para ayudar a su prima Isabel, de quien sabía que esperaba un hijo. (Recordemos que en esos momentos, no había hospitales, y las familias se ayudaban cuando un bebé estaba por llegar). Podemos sintetizar esta parte como: Quien ha recibido la Palabra de Dios, lo primero que hace es disponerse a servir.

Segundo: (Versículos 41 al 44) es el saludo de María y el reconocimiento de Isabel de que Ella era “la Madre de su Señor”.  Las palabras de Isabel resuenan durante siglos hasta nuestra era en el rezo precioso del Ave María, cuando decimos junto con ella: “bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre…”  Qué momento tan importante, que hasta el niño que estaba en su vientre saltó de gozo y alegría. Dice el Evangelio que fue Isabel la que llena del Espíritu Santo, pudo proclamar estas palabras de bendición. Esto nos recuerda que es el Espíritu Santo quien nos impulsa a orar, a reconocer a Dios en sus obras y en sus personas. Y también es quien nos ayuda a reconocer a la “madre de mi Señor”.

Tercero: (Versículo 45) Es cuando Isabel anuncia con gran fuerza y le dice a María: Dichosa, Feliz, Bienaventurada tú, porque creíste. Es decir está hablando de la Fe de María, que la lleva a su Felicidad plena. Es la fe en Dios y en su Palabra, lo que produce alegría completa, felicidad plena, dicha duradera. La fe también lleva al cumplimiento de la promesa de Dios.

La Buena Noticia obviamente trae un cambio de vida. María al recibir la Buena Nueva se convierte en la primera creyente, en la primera cristiana y la primera discípula. Ella no es la misma ahora que antes. Pues al haber aceptado el Evangelio y sus consecuencias, se transforma no sólo en la madre del Redentor, sino en la madre de los redimidos.

  1. ¿Cómo comienza el texto?
  2. ¿hacia dónde se dirige María? ¿A quién va a visitar?
  3. ¿Qué sucede cuando María saluda a su prima Isabel?
  4. ¿Qué fue lo que Isabel, llena del Espíritu Santo proclamó en voz alta?
  5. ¿En qué consiste la felicidad de María?
  6. ¿Qué sucederá con la promesa de Dios?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

El texto sagrado no es sólo para leerlo, sino para dejarse leer por Dios que nos habla a cada uno a través del texto.

Amigo, debemos preguntarnos sinceramente cómo este texto está dirigido directamente a nosotros. Hoy vivimos un mundo donde hay muchas confusiones y muchos hablan de la Palabra de Dios. Algunos dicen cosas muy distintas de lo que está escrito en el Evangelio. Nosotros queremos conocer a Jesús y lo que Él nos dice a nosotros.

  1. Lucas sitúa este texto en los momentos más importantes de la historia de la Salvación. Cuando María ha recibido el anuncio del Angel, acepta ser Madre de Jesús y comienza el cambio en su vida.
  2. Al igual que María ¿También estoy dispuesto a servir a los que lo necesitan?
  3. ¿Soy consciente que haber recibido la Buena Noticia me debe convertir en un servidor y un anunciador?
  4. ¿Las personas que me rodean dan gracias a Dios por mi fe y por la forma en que vivo el Evangelio?
  5. ¿Pido al Padre el Espíritu Santo, para que me enseñe a orar y a proclamar al Señor? ¿con qué frecuencia me dirijo en mi vida a Dios para pedirle el Espíritu Santo?
  6. Sólo el Espíritu Santo nos hace reconocer a “la Madre de nuestro Señor”. Pidamos con frecuencia a Dios su Santo Espíritu, para que los cristianos no católicos que no la reconocen a Ella como Madre del Señor, puedan algún día llegar a ser dóciles a la acción de Dios.
  7. ¿Entiendo que la fe es un don de Dios que me lleva a la felicidad? ¿Hasta qué punto soy feliz? ¿Hasta qué punto he dejado a la fe que se manifieste en mí?
  8. ¿Creo que se cumplirá lo anunciado por el Señor?
  9. ¿Me doy cuenta que este texto me habla directamente a mí?

Este texto tan importante ¿qué te lleva a pensar? ¿Cuál sería tu conclusión personal.

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor. 

Proponernos un diálogo con Jesús que sea personal:

Señor Gracias por haber elegido a María y pedirle que aceptara ser la Madre de Jesús.
Quiero ser servicial como María, quiero que por creer en Ti yo también pueda servir.
Que mi vida, Señor, despierte también la alegría de la fe en los que me rodean.
Quiero ser una persona de fe, quiero creer como creyó María.
Entiendo que la fe me lleva a un compromiso de cambio. No quiero temer Señor a la fe ni al cambio.
Me uno a todas las generaciones de verdaderos cristianos que unidos a las palabras de Isabel, pueden proclamar una y otra vez: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de vientre”.
Que también mi felicidad sea plena, tanto cuanto mi fe me permita avanzar.
Feliz seré yo porque creo, pues así se cumplirá también en mí la Palabra del Señor

Amén

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría.  Añadimos nuestras intenciones de oración.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Podemos recordar la frase, que tal vez es la más central, para contemplar en estos días

¡Dichosa tú que creíste!

(Versículo 45)

Esta frase yo iré repitiéndola para mí. Para pedirle al Señor que aumente mí fe

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Individualmente, te propongo una re-lectura del texto, volver a pensar cómo este texto está dirigido hacia mí y ver en qué aspectos de mi vida hace falta una nueva dimensión para poder ajustarme a la propuesta del Evangelio. Y realizar al menos alguna actividad, donde pueda demostrar mi fe y que los demás la reconozcan.

Si estás en grupo, pueden realizar en la comunidad un acto de devoción a la Virgen María, reconociendo su fe y pidiendo su intercesión para poder llegar a ser verdaderos discípulos de Jesús.

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