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Lectio Divina Dominical XIX del Tiempo Ordinario Ciclo B

«Quien coma de este pan vivirá siempre»

Hno Ricardo Grzona, frp
Cristian Buiani, frp

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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 19, 4-8
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 33
SEGUNDA LECTURA: Efesios 4, 30- 5,2

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Juan 6, 41-51

   6,41: Los judíos murmuraban porque había dicho que era el pan bajado del cielo; 6,42: y decían:
   —¿No es éste Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice que ha bajado del cielo?
6,43: Jesús les dijo:
   —No murmuren entre ustedes. 6,44: Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré el último día. 6,45: Los profetas han escrito que todos serán discípulos de Dios. Quien escucha al Padre y aprende vendrá a mí. 6,46: No es que alguien haya visto al Padre, sino el que está junto al Padre; ése ha visto al Padre. 6,47: Les aseguro que quien cree tiene vida eterna.
6,48: Yo soy el pan de la vida. 6,49: Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron.6,50: Éste es el pan que baja del cielo, para que quien coma de él no muera. 6,51: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Seguimos avanzando en el Tiempo Ordinario, siendo el próximo Domingo el XIX durante el año, y las lecturas nos adentran en el “Discurso del Pan de Vida”, del evangelista San Juan en su sexto capitulo. Recordemos que este extenso “discurso”, ocurre luego de la multiplicación de los panes en la que Jesús dio de comer a 5.000 personas, y donde se manifestó como el Pan que de Vida que es capaz de saciar cualquier hambre o sed.

Los judíos comienzan a murmurar, las palabras de Jesús se vuelven “inaceptables” y  “polémicas”, como es posible que el hijo de unos “pueblerinos”, como lo son José y María, conocidos por la mayoría de los presentes, sea el “Pan bajado del Cielo”.  Los judíos no logran comprender y aceptar la divinidad de la persona de Jesús, solo se quedan con su naturaleza humana, que lo identifica similar a todos ellos.

Jesús no es un ser humano más, no es tan solo un gran hombre histórico, ni un gran líder.  En Jesús, Dios se ha hecho realmente uno de nosotros y con ello nuestro hermano; pero no por ello dejo de ser Dios y por tanto nuestro Señor. En la persona divina de Jesús existen dos naturalezas, una humana y otra divina. La divinidad y la humanidad no están enfrentadas, Jesús no es en parte Dios, y en parte hombre; ni tampoco estas naturalezas se mezclan. Sino que a través del magisterio de la Iglesia, y de las fuentes bíblicas, podemos afirmar que Jesús es verdadero Dios, y verdadero hombre, en una misma y única persona. Esto es lo que nos diferencia de Jesús, él es Dios. Y esto mismo es lo que los judíos no logran, ni tampoco intentan comprender. Se quedan en sus apariencias humanas, en sus gestos, en su cotidianeidad. No pueden ir más allá de su humanidad.

A lo largo de la lectura de este domingo Jesús afirma tres veces la frase “Yo soy el Pan de Vida”. De la misma manera que Dios se revelaba en la antigüedad con el término “Yo Soy” o “Yo Soy el que Soy”, que transcrito es Yahvé, Jesús repite esta forma para autodefinirse.

Jesús explicita que nadie puede ir a Él, si no es atraído por el Padre. El ser humano por sí solo está incapacitado para llegar al conocimiento “pleno” de Dios. Es por pura iniciativa suya, que se revela, y deposita en nosotros el don de la Fe, de esta y no de otra forma podemos ser “atraídos” por el hijo, y seguirlo.

“Yo lo resucitaré en el último día”.  Cristo  parte de la realidad de la muerte, que es la herencia de toda persona sobre la tierra, así como fue la herencia de los que comieron el maná en el desierto. La muerte es en sí el eterno problema del hombre.  Jesús conduce la muerte temporal a la Vida Eterna.

Tambien Jesús cita una frase de los Profetas, “todos serán instruidos por Dios” (Is. 54, 13). Dios otorga al ser humano la capacidad de entendimiento e inteligencia, para que de esta forma pueda conocer la verdad, y a través del uso de su voluntad, poder aceptarla y virla.

Sólo el Hijo vio al Padre. De esta forma Jesús manifiesta su intima unión, y que no son más que una sola cosa. Esta frase nos lleva a recordar el prologo de este mismo evangelista;  “A Dios nadie lo ha visto jamás, el Hijo único, que esta en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”. Jesús es la Palabra que procede de Dios, de la contemplación viva, de la unidad con Él.

Creer, es el principio y fundamento de la Vida eterna. Este “creer” es un don, pero también una tarea, que exige del ser  vivir lo que cree, y ser coherente a ello. Quien cree así, tiene la seguridad de poseer a Dios eternamente.

Jesús es el Pan de Vida, no como en “maná”, que quienes lo comieron, finalmente murieron. El maná sólo fue figura, este Pan de Vida es presencia real. Dios se hace “Pan”, para nosotros principalmente en la encarnación, el Logos, o sea el Verbo Eterno que Dios pronuncia para salvarnos es la persona de Jesús. La Palabra se hace carne, se hace uno de nosotros. Su carne es vida para el mundo, este es el maná que la humanidad esperaba, con este pan bajado del cielo, podemos vivir en lo más hondo como hombres. La encarnación, y la eucaristía están íntimamente relacionadas, ambas nos hablan de la persona de Jesús, y como el gran encuentro de Dios con los hombres. Con la encarnación Dios salió al encuentro del hombre de la forma más tangible, y a través de la eucarística eligió el modo de permanecer entre nosotros, hasta el fin del mundo.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿De que forma reaccionaron los judíos al escuchar las palabras de Jesús?
  2. ¿Con que palabras se autodefine Jesús?
  3. ¿Por qué los judíos no aceptan las palabras de Jesús? ¿Qué preguntas se hacen?
  4. ¿Luego de pedirle que no murmurasen, que les dice Jesús?
  5. ¿Qué frase cita, del libro de los Profetas?
  6. ¿Qué pasa con aquel que oye, y recibe enseñanza por el Padre?
  7. ¿Solo quien ha visto a Dios Padre?
  8. ¿Que es necesario para tener vida eterna?
  9. ¿Qué diferencia hay entre el maná, y el Pan de Vida?
  10. ¿Qué será este Pan para el mundo?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios  en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. ¿Cuál de las dos naturalezas de Cristo me cuesta más visibilizar, la humana o la divina? ¿Comprendo que Jesús no es un hombre más, sino que es Dios? ¿Esto me ayuda a reconocer que es posible vivir e imitar la humanidad de Cristo? ¿Lo hago?
  2. ¿Soy Cristiano porque tome la decisión de serlo, por una gran “idea”, o porque Dios mismo salió a mi encuentro, y me deje atraer por él? ¿Qué es lo que me atrae a Dios, y que lo diferencia de cualquier otra posesión?
  3. ¿Cómo utilizo las facultades que Dios depósito en mí; inteligencia y voluntad? ¿Las uso para llegar a un conocimiento y amor más profundo de Dios, o me pierdo en cuestiones sin sentido?
  4. ¿Si alguien me preguntara que es para mí creer, que le respondo? ¿Entiendo que creer es la seguridad de llegar a la vida eterna? ¿Existe en mi vida, momentos en que se ocasiona un divorcio entre lo que creo y lo que vivo? ¿Lo reconozco, y busco unir vida y Fe? ¿Lo hago pidiéndole a Dios que me ayude?
  5. ¿Qué significa para mí “comer” el Pan de Vida? ¿Pienso, y me imagino como sería el mundo sin su presencia encarnación, y presencia eucarística? ¿Soy agradecido entonces de este don de Dios que por amor permanece entre nosotros? ¿Respondo acercándome a él, al Sagrario, y a tantos lugares, y personas donde tambien se hace presente?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

Señor, tú eres el Pan de Vida
Gracias por elegir esta forma
de hacerte presente en medio nuestro.
Tu presencia es gracia y bendición.
Señor, que siempre tenga hambre y sed
de ser poseído un poco más de tu amor, y tu ternura.
Que me alimente solo de Ti, de tus palabras, de tus gestos, de tu ser.
Para no confundirme con los alimentos terrenales,
que se presentan  apetitosos, pero perecen.
Señor, quiero ser Pan,
para aquellos que tienen hambre de justicia y de verdad
Quiero ser Pan, para los pobres y oprimidos
Quiero ser Pan para los enfermos y abandonados
Quiero ser Pan al igual que tú, y eso significa Vida.
Tú Señor eres el alimento que conforta el alma,
 que aumentas nuestras fuerzas, y alegras nuestro el corazón.
Señor, que nunca deje de alimentarme de Ti.

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.

Añadimos nuestras intenciones de oración y decimos:

Amén.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando a nuestro corazón:

«Quien coma de este pan vivirá siempre»
(Versículo 51)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita a “comer” de este Pan de Vida, para vivir eternamente. Pienso en una actitud negativa a la que quiero renunciar y pido a Jesús que me ayude a ser una mejor persona. Jesús cumple sus promesas. Piensa en algo bueno que puedas hacer por alguien y cúmplelo. Busca a esa persona y realiza la acción.

En el grupo, nos comprometemos a ser una comunidad eucarística, que se alimenta del amor del Pan de Vida. Como grupo nos comprometemos a visitar o llamar a algún miembro de la comunidad que no frecuenta mucho las reuniones por salud, o cualquier otro motivo, lo escuchamos con atención y alegría.

Hacemos una visita a Jesús en la capilla y le pedimos que esté cerca de nosotros y que nos ayude a creer más.

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