Lectio Divina
Miércoles, 08 de abril de 2026
Miércoles de la I Semana de Pascua
Por Ángel “Petrous” Cornejo, Panamá ✍🏻🇵🇦
Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo,
luz de nuestros corazones,
abre nuestra mente y nuestro espíritu
para comprender la Palabra que hoy nos regalas.
Acompáñanos en nuestro caminar,
como acompañaste a los discípulos de Emaús,
para que, al escuchar y meditar las Escrituras,
ardamos de amor y reconozcamos a Cristo vivo
en nuestra vida cotidiana. Amén.
1. Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 24, 13‑35
Ese mismo día, dos de los seguidores de Jesús iban a una aldea llamada Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén. Hablaban de todo lo que había sucedido. Mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos, pero los ojos de ellos estaban velados de manera que no lo podían reconocer. Entonces Jesús les preguntó: “¿De qué están hablando entre ustedes mientras caminan y por qué están tristes?”
Uno de ellos, llamado Cleofás, dijo: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que sucedió allí en estos últimos días?” Entonces Él les preguntó: “¿Qué cosas?”
Ellos respondieron: “Lo que le pasó a Jesús, el nazareno, quien era un profeta, poderoso en obra y palabra delante de Dios y de toda la gente. Los principales sacerdotes y nuestros líderes lo entregaron para que lo sentenciaran a muerte y lo crucificaron. Sin embargo, nosotros esperábamos que fuera Él quien libraría al pueblo de Israel. Pero han pasado tres días desde que sucedió todo esto. Algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron asombrados, ya que fueron a la tumba al amanecer y no encontraron su cuerpo; entonces regresaron diciendo que vieron a ángeles quienes les dijeron que Él está vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron a la tumba y vieron que lo que dijeron las mujeres realmente sucedió, pero no vieron a Jesús”.
Entonces Jesús les dijo: “¡Tontos y lentos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! Porque era necesario que el Mesías sufriera y así recibiera toda la gloria de Dios”.
Y comenzó a explicar todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de Él, comenzando con los libros de Moisés y los escritos de todos los Profetas. Cuando se acercaron al pueblo al que iban, Jesús hizo como si fuera más lejos, pero ellos lo invitaron a quedarse, diciendo: “Quédate con nosotros porque es tarde y se acerca la noche”.
Entonces Jesús entró para estar con ellos. Sucedió que, estando sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. Entonces se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús, pero Él desapareció de su vista. En ese momento ellos se decían el uno al otro: “¿No parecía que nuestros corazones ardían dentro de nuestro pecho cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron a los once apóstoles reunidos y a los que estaban con ellos quienes decían: “Verdaderamente, el Señor ha resucitado y ha aparecido a Simón”.
Entonces los dos contaron lo que había sucedido en el camino y cómo reconocieron al Señor cuando partió el pan. Palabra del Señor
¿Qué me dice el texto?
El Evangelio nos presenta a dos discípulos que caminan desanimados y confundidos tras la muerte de Jesús. Aunque Jesús resucitado camina con ellos, no lo reconocen. Él escucha sus tristezas, les explica las Escrituras y les revela el sentido del sufrimiento y de la Pascua. Finalmente, lo reconocen al partir el pan, y ese encuentro transforma su tristeza en alegría y su camino de huida en un camino de regreso y testimonio.
2. Meditación: ¿Qué nos dice Dios en el texto?
Dios nos habla de un Cristo cercano que se hace compañero de camino, incluso cuando no lo reconocemos. Nos recuerda que muchas veces caminamos con el corazón cerrado, atrapados por la decepción y la falta de esperanza. Jesús nos enseña que la cruz no es el final, sino el paso necesario hacia la gloria de la resurrección.
Dios también nos invita a escuchar su Palabra con un corazón abierto, porque es en la explicación de las Escrituras donde se enciende la fe. Y nos muestra que Cristo se deja reconocer especialmente en el gesto del pan partido, signo de la Eucaristía y del amor entregado.
3. Oración: ¿Qué le respondo a Dios?
Señor Jesús,
cuántas veces camino sin reconocerte,
dejándome vencer por la tristeza, el miedo o la duda.
Gracias por no abandonarme,
por escuchar mis quejas
y por explicarme pacientemente tu Palabra.
Quédate conmigo, Señor,
cuando cae la noche en mi vida,
cuando siento que las fuerzas se agotan.
Abre mis ojos para reconocerte
en la Eucaristía, en tu Palabra
y en los hermanos que encuentro cada día, Amén.
4. Contemplación: ¿Cómo interiorizo la Palabra de Dios?
Me imagino caminando junto a Jesús por el camino de Emaús. Escucho su voz, siento cómo mi corazón comienza a arder mientras me habla. Permanezco en silencio, dejándome mirar y transformar por Él. Contemplo el gesto del pan partido y reconozco que Jesús está vivo y presente en mi historia. Descanso en su presencia y permito que su paz llene mi corazón.
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
* Escuchar con mayor atención la Palabra de Dios, dedicando un tiempo diario a la lectura del Evangelio.
* Reconocer la presencia de Jesús en la Eucaristía y en las personas que encuentro en mi camino.
* Ser testigo de la Resurrección, llevando esperanza y alegría a quienes viven desanimados o confundidos.
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