Lectio Divina
Sábado, 10 de octubre de 2026
Sábado XXVII Semana Tiempo Ordinario
Ramón Emilio Jiménez — República Dominicana 🇩🇴 y Costa Rica 🇨🇷 ✍🏻
0. Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo,
silencia el ruido de mis pensamientos
y prepara mi corazón para escuchar a Jesús.
Dame un oído atento a su Palabra,
una mente abierta para comprenderla
y una voluntad firme para ponerla en práctica.
Libérame de escuchar sin compromiso
y de conocer el Evangelio sin dejarme transformar.
Enséñame a acoger la voluntad del Padre
con la confianza y la disponibilidad de María.
Que tu presencia me ayude a convertir
lo que hoy escucho en gestos de amor y servicio.
Amén.
1. Evangelio según San Lucas 11, 27-28
27 Mientras Jesús terminaba de decir esto, sucedió que una mujer de entre la multitud le gritó diciendo: “¡Feliz el vientre que te puso en el mundo y los pechos que te amamantaron!”
28 Pero Jesús le dijo: “Más felices son los que escuchan la palabra de Dios y la obedecen”.
¿Qué dice el texto?
El evangelista Lucas nos presenta una breve intervención de una mujer que se encuentra entre la multitud. Después de escuchar a Jesús, expresa su admiración alabando a la madre que lo llevó en su vientre y lo amamantó. Sus palabras reconocen la felicidad de aquella mujer que tuvo a Jesús como hijo.
Jesús aprovecha esta expresión para enseñar dónde se encuentra la verdadera felicidad: en escuchar la Palabra de Dios y obedecerla. Así, abre a todos la posibilidad de vivir una relación profunda con Dios mediante la fe y la respuesta a su Palabra.
Su respuesta no desprecia a María ni niega su dicha como madre. María es también ejemplo de la actitud que Jesús presenta: escuchó el mensaje de Dios y respondió con disponibilidad: “Hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1,38).
El texto une dos acciones: escuchar y obedecer. Escuchar implica prestar atención, recibir y acoger la Palabra. Obedecer significa darle lugar en nuestra vida, permitiendo que oriente nuestras decisiones y se exprese en nuestras obras.
Reconstruyamos el texto con estas preguntas:
¿Quién levanta la voz desde la multitud mientras Jesús habla?
¿Qué expresa esta mujer acerca de la madre de Jesús?
¿Cuál es la respuesta de Jesús a esta alabanza?
¿Qué dos acciones caracterizan a quienes Jesús llama felices?
2. Meditación, ¿qué me dice a mí el texto?
Este Evangelio me invita a revisar la relación que existe entre lo que escucho de Dios y lo que vivo cada día. Puedo leer la Biblia, participar en el grupo de oración y disfrutar una enseñanza, pero necesito preguntarme si esa Palabra está transformando mi corazón.
Escuchar a Dios requiere disponibilidad. A veces recibo con agrado las palabras que me consuelan, pero me cuesta aceptar aquellas que me invitan a corregir una actitud, reconocer un error o dejar un resentimiento.
Jesús me llama a una fe que se expresa en la vida cotidiana: en la paciencia con mi familia, en la honestidad de mis acciones, en el cuidado de mis palabras y en la disposición para servir.
María me enseña a confiar en Dios incluso cuando no comprendo todo. Su respuesta me anima a dar pasos de fe y a mantener un corazón abierto a lo que el Señor me pide.
¿Escucho la Palabra de Dios con atención y disponibilidad, o solamente por costumbre?
¿Qué enseñanza de Jesús me cuesta vivir en este momento?
¿Hay alguna actitud en mi hogar, mi trabajo o mi comunidad que necesita ser transformada por el Evangelio?
¿Qué puedo aprender de María para responder con mayor confianza a Dios?
3. Oración, ¿qué le respondo a Dios?
Señor Jesús,
gracias porque hoy me recuerdas
que la felicidad crece en un corazón
que escucha tu Palabra y la vive.
Reconozco que muchas veces te escucho,
pero me cuesta responder.
Conozco lo que me enseñas,
aunque no siempre lo practico.
Perdona mis resistencias
y ayúdame a comenzar de nuevo.
Dame humildad para reconocer mis errores,
valentía para cambiar
y perseverancia para cumplir tu voluntad.
Que tu Palabra transforme mi manera de hablar,
mi forma de relacionarme
y mi disposición para servir.
Como María, quiero abrirte mi corazón
y responderte con confianza:
“Hágase en mí según tu palabra”.
Acompáñame, Señor,
para que mi fe dé frutos de amor
en las pequeñas acciones de cada día.
Amén.
4. Contemplación, ¿cómo interiorizo la Palabra del Señor?
Permanezco unos momentos en silencio. Respiro con calma y dejo que resuene en mi interior la frase de Jesús:
“Más felices son los que escuchan la palabra de Dios y la obedecen”.
Recuerdo una palabra del Evangelio que ha tocado mi corazón. La recibo con serenidad y me pongo ante el Señor con el deseo de vivirla.
Como respuesta, repito lentamente:
“Señor, abre mi corazón: quiero escucharte y cumplir tu Palabra”.
Permanezco en su presencia, dejando que esa disposición se convierta en una entrega confiada.
5. Acción, ¿cómo lo pongo en práctica?
Hoy elegiré una enseñanza de Jesús y la convertiré en una acción concreta. Puedo escuchar con paciencia a una persona de mi familia, pedir perdón por una palabra hiriente, ayudar a alguien que lo necesite o realizar con amor un servicio que he venido posponiendo.
Mi compromiso será específico: qué voy a hacer, por quién y en qué momento.
Al finalizar el día, revisaré con sinceridad:
¿Cómo convertí hoy la Palabra que escuché en una obra de amor?
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