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Evangelio del día – Lectio Divina Juan 8, 51-59

Lectio Divina por P. Antonio Arocha de Venezuela

Lectio Divina desde Venezuela, con el Evangelio del día 06/04/2017
P. Antonio Arocha

Invoquemos al Espíritu Santo


LECTURA Juan 8, 51-59
Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás. Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: «El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás». ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?» Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman «nuestro Dios», y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: «No lo conozco», sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham». Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy». Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo. Palabra del Señor.

Breve estudio bíblico
La primera afirmación es contundente: “Les aseguro: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás” (8,51). Anteriormente Jesús había afirmado que quien se mantiene en su Palabra se convierte en discípulo, ahora va mucho más allá: el que permanece en su Palabra no verá la muerte jamás. Y esta promesa está respaldada por su comportamiento: Jesús mismo “guarda la Palabra” del Padre (8,55). Jesús les dice a sus discípulos que no verán la muerte, o dicho de otra manera, que quien crea en él tendrá la vida. Así lo prometió a la Samaritana (4,14), a los judíos de Jerusalén (5,24), a todo el que crea en él (6,40). En este pasaje la promesa de la vida implica que “no verá la muerte”. Ante semejante afirmación aparece nuevamente la incomprensión de sus oyentes, que por ser de “abajo”, interpretan sus palabras en sentido literal y no en el sentido pleno que Jesús le da (ver 11,25). Por eso lo acusan de estar endemoniado (8,52). Su anuncio de un sometimiento de la muerte es tan grande, que lo coloca por encima de Abraham y los profetas. Así nos lo hacen ver claramente las objeciones de sus oyentes (8,52-53). Jesús, como acostumbraba hacer casi siempre, no responde a las objeciones de sus adversarios explicando el significado de sus palabras, sino apelando a su relación única con el Padre, donde está el verdadero fundamento de sus afirmaciones. Jesús los invita a avanzar en la reflexión: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica…” (8,54). La relación que Jesús sostiene con el Padre está dinamizada por la obediencia: “Pero yo le conozco y guardo su Palabra” (8,55). El cumplimiento de la Palabra tiene como punto de partida el conocimiento: Jesús conoce al Padre, tiene experiencia directa de Él, está en el Padre y el Padre está en El.
En los discursos de revelación que hemos estado leyendo en estos días, Jesús lo ha expresado de varias maneras: “lo que veo hacer al Padre”, “lo que el Padre me muestra” (5,19-20). Este conocimiento que Jesús tiene del Padre es pleno y es el Padre quien lo hace hablar y actuar: Lo que Jesús busca con todo esto es precisamente que el Padre sea reconocido en sus obras.
Para concluir, Jesús pronuncia la palabra más fuerte y decisiva sobre sí mismo: “En verdad, en verdad les digo antes que naciera Abraham, Yo soy” (8,58). Esta expresión es una clara afirmación de la preexistencia de Jesús explicitada por Juan en el prólogo (1,15). Antes había dicho que no era de este mundo (8,23), que todas las escritura hablaban de Él (5,39), pero aquí se coloca por encima del tiempo y fuera de él: “antes que naciera Abraham, Yo soy” (8,58). En la medida en que nosotros sus discípulos, estando en Jesús, vivamos una relación filial con el Padre, participamos de su mismo misterio.

MEDITACIÓN
Los invito mientras nos preguntamos que nos dice el texto, a responder las siguientes preguntas: ¿Por qué podemos afirmar que quien cree en Jesús no muere jamás? ¿En esta cuaresma que está terminando qué momento he dedicado para confrontar mi vida con la Palabra de Dios? ¿Qué provecho he sacado de ella?

ORACIÓN
Los invito a que puedas hacer esta hermosa oración con la persona que tengas mas cerca. Oremos en comunidad: TU: Ahora es el juicio de este mundo; Ahora el Príncipe de este mundo será echado abajo EL OTRO: Cristo, levantado en la Cruz, atraerá a todos hacia Él (Juan 12,31-32) TU: El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo (1 Juan 3,8). EL OTRO: Cristo, levantado en la Cruz, atraerá a todos hacia Él. TU: Anuló el acta escrita contra nosotros, clavándola en la Cruz. Despojó a los Principados y las Potestades, los expuso a la pública irrisión, triunfando sobre ellos en la Cruz. EL OTRO: Cristo, levantado en la Cruz, atraerá a todos hacia Él”

CONTEMPLACIÓN
Te invito a continuar orando hasta contemplar el rostro de Jesús que es realmente el rostro del Padre, estar con Jesús es estar con el Padre.

ACCIÓN
Podemos ir formulando como familia un compromiso concreto respecto a la lectura y profundización, si es posible diaria o al menos semanal, de la Palabra de Dios.

NOTA ESPECIAL: Pido mucha oración por los venezolanos, pasamos por horas difíciles. Abrazos!

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