EJERCICIO DE LECTIO DIVINA
DEL DIA 05 DE OCTUBRE DE 2026
Lunes XXVII Semana Tiempo Ordinario
Osmarilys Sulbarán de Venezuela ✍🏻🇻🇪
0. INVOCACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
«Espíritu Santo, concédenos la gracia del silencio para escuchar tu verdad y la fuerza de un corazón que ame a Dios y al prójimo con todo nuestro ser como tu nos enseñaste». Amén.
Evangelio según San Lucas 10, 25-37
²⁵ Se levantó un maestro de la Ley y, queriendo ponerlo a prueba, le preguntó a Jesús: “Maestro, ¿qué debo hacer para lograr la vida eterna?” ²⁶ Jesús le respondió: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo entiendes lo que dice? ²⁷ El hombre le respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Deut 6:5; Lev 19:18). ²⁸ Jesús le dijo: “¡Tu respuesta es correcta! Haz esto y vivirás”.
²⁹ Pero el Maestro de la Ley, queriendo justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Pero ¿quién es mi prójimo?” ³⁰ Jesús respondió así: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y en el camino, unos ladrones lo asaltaron, le quitaron la ropa, lo golpearon y lo dejaron casi muerto. ³¹ Resulta que un sacerdote iba por ese mismo camino. Cuando vio al hombre, pasó de largo. ³² También pasó un levita por el lugar. Llegó cerca de él, y al verlo, pasó de largo.
³³ Pero un samaritano que viajaba en esa dirección llegó cerca de él. Al verlo, sintió compasión. ³⁴ Entonces acercándose a él, le limpió las heridas con aceite y vino, y luego se las vendó. Después de eso, el samaritano lo puso en su propio animal y lo llevó a una pensión, donde lo cuidó. ³⁵ Al día siguiente, le entregó dos monedas de plata al dueño de la pensión, diciéndole: “Cuídalo y cuando regrese pagaré todo lo que gastes de más”.
³⁶ “En tu opinión, ¿cuál de estos tres te parece haber sido el prójimo de aquel que cayó en manos de los ladrones? ³⁷ El maestro de la Ley le dijo: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Ve y haz tú lo mismo”.
1. LECTURA (¿Qué dice el texto?)
Un maestro de la ley le preguntó a Jesús: “Maestro, ¿qué debo hacer para lograr la vida eterna?” ²⁶ Jesús le respondió: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo entiendes lo que dice? ²⁷ El hombre le respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti. A lo que Jesús le dijo: “¡Tu respuesta es correcta! Haz esto y vivirás”.
Luego el maestro de la Ley, le preguntó a Jesús: “¿Pero ¿quién es mi prójimo?”. Jesús respondió así: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y en el camino, unos ladrones lo asaltaron… un sacerdote… pasó de largo. También pasó un levita… y pasó de largo. Pero un samaritano… al verlo, sintió compasión. Entonces acercándose a él, le limpió las heridas… lo llevó a una pensión, donde lo cuidó… Jesús le dijo: “¿Cuál de estos tres te parece haber sido el prójimo…?” El maestro de la Ley le dijo: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Ve y haz tú lo mismo”»
2. MEDITACIÓN (¿Qué me dice el texto?)
El Evangelio de San Lucas nos relata que Jesús no estaba solo; se encontraba en el camino, rodeado de oyentes, cuando un maestro de la Ley se levantó con una pregunta teórica para ponerlo a prueba: “¿Quién es mi prójimo?”. En el mapa mental de la época, el prójimo se limitaba al miembro del propio pueblo judío. Jesús, valiéndose de una parábola, rompe las fronteras geográficas y religiosas situando la escena en el camino de Jerusalén a Jericó.
Esta respuesta de Jesús es la llave maestra de la misericordia cristiana y nos revela el verdadero rostro del amor. Frente al sacerdote y al levita que calculan el riesgo o la impureza ritual y pasan de largo, el samaritano rompe el molde porque posee un corazón que ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia. Este corazón no teoriza, ve la necesidad real y activa de inmediato una profunda disponibilidad interior. El Buen Samaritano es todo aquel que verdaderamente se detiene ante el sufrimiento del otro, reconociendo en el dolor ajeno un espacio sagrado donde el amor redentor se hace presente a través de nuestras manos que vendan, curan y sostienen.
Al cargarlo en su cabalgadura y pagar la pensión, el samaritano nos enseña que el amor cristiano, aunque se universaliza para no dejar a nadie fuera, se mantiene firmemente concreto en el aquí y el ahora. Es precisamente esta capacidad de abajarse la que propone el camino para derribar la cultura de la indiferencia y construir una verdadera fraternidad universal. Jesús invierte por completo la pregunta inicial: ya no se trata de clasificar el mundo para ver quién es lo suficientemente cercano para merecer nuestra ayuda, sino de volvernos nosotros mismos prójimos de cualquiera que sufra, rompiendo el aislamiento de nuestras comunidades y tocando sin miedo la carne herida del hermano.
Al escuchar esto, el maestro de la Ley no tuvo más opción que reconocer que el prójimo fue «el que tuvo compasión». Comprendió que la religión no se juega en la teoría jurídica, sino en la capacidad de mirar con los ojos de la fe. Jesús, al ver que entendía la esencia, lo envía a dar el paso: «Ve y haz tú lo mismo».
El maestro de la Ley sabía la teoría perfecta del amor, pero no la practicaba. Yo, que asisto a la iglesia, que conozco los mandamientos o que participo en estos grupos, ¿me parezco más al maestro de la Ley que solo habla de hacer el bien, o al samaritano que se ensucia las manos para ayudar de verdad?
3. ORACIÓN (¿Qué le digo yo a Dios?)
Señor, gracias por recordarme que no me pides una fe teórica, sino un corazón que sepa compadecerse y manos que sepan vendar heridas. Envía tu Espíritu para que mi amor no sea selectivo: concédenos la sensibilidad para detenernos ante el dolor ajeno; regálanos un «corazón que ve» para actuar con prontitud; y líbranos de la indiferencia para hacernos prójimos de todo aquel que se encuentre despojado en los caminos de mi vida. Amén.
4. CONTEMPLACIÓN (¿Con qué idea me quedo?)
«Entonces Jesús le dijo: “Ve y haz tú lo mismo”»
5. ACCIÓN: COMPROMISO (¿Cómo respondo con mi vida?)
«Esta semana estaré atento a mi entorno para descubrir a un compañero o amigo que la esté pasando mal, y me comprometo a romper la indiferencia acercándome a él para escucharlo y apoyarlo sin juzgar»
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