Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 15, 1-10

Lectio Divina
Jueves 5 de Noviembre de 2026
Jueves XXXI Semana Tiempo Ordinario
Por Lorena Peña de República Dominicana ✍🏻🇩🇴

Evangelio según San Lucas 15, 1-10
La oveja perdida y la moneda perdida

1. Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, ilumina mi corazón y abre mi entendimiento para recibir la Palabra de Dios.

Que esta Palabra no sea solamente algo que lea, sino una enseñanza que transforme mi vida. Amén.

2. Lectura – ¿Qué dice el Evangelio?

Evangelio según San Lucas 15, 1-10

1 En una ocasión, muchos recaudadores de impuestos y pecadores acudieron a Jesús para escucharlo. 2 Los fariseos y maestros de la Ley murmuraban contra Jesús, diciendo: “Este hombre recibe pecadores y come con ellos”.

3 Entonces Jesús contó esta parábola:

4 “Si alguno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja a las otras noventa y nueve en el campo y va a buscar la oveja perdida hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, con alegría la pone sobre sus hombros 6 y al llegar a su casa, llama a sus amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo porque he encontrado mi oveja que se había perdido’. 7 Les digo que también habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”.

8 “Si una mujer que tiene diez monedas de plata pierde una, ¿acaso no enciende una lámpara, barre la casa y busca con mucho cuidado hasta que la encuentra? 9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo porque encontré la moneda que estaba perdida’. 10 Porque les digo que también los ángeles de Dios se regocijan por un pecador que se arrepiente”.

3. Meditación– ¿Qué me dice Dios hoy?

Hay algo profundamente hermoso en este Evangelio: Dios no se cansa de buscarme.
A veces podemos sentirnos como esa oveja perdida. Nos distraemos, tomamos decisiones equivocadas, nos dejamos llevar por preocupaciones, malos hábitos, orgullo o situaciones que poco a poco nos alejan de Dios.

Y lo más peligroso no siempre es perder el camino, sino acostumbrarnos a estar lejos.

Podemos acostumbrarnos a vivir sin orar, a posponer nuestros cambios, a cargar culpas, a justificar nuestros errores y a pensar que ya mañana tendremos tiempo para acercarnos a Dios.

Pero hoy Jesús nos recuerda que no somos una pérdida para Dios, somos sus hijos, También hay algo que debemos aprender de la mujer que busca su moneda: ella enciende una lámpara, barre y busca cuidadosamente hasta encontrarla; esto me enseña que hay cosas en mi interior que necesitan luz y limpieza, que hay actitudes, pensamientos, resentimientos y costumbres que quizás he dejado acumular.
Dios quiere encontrarme, pero también quiere que yo tenga la disposición de permitirle entrar en esos rincones de mi vida que he mantenido cerrados.
No tengo que esperar a tener mi vida resuelta para volver a Dios. Tengo que volver a Dios para comenzar a ordenar mi vida.
Y cuando regreso, el cielo no me recibe con reproches, sino con alegría.

4. Oración final

Señor Jesús,
Gracias porque no te cansas de buscarme. Gracias porque, incluso cuando me alejo, tu amor permanece.
Perdóname por las veces que he permitido que las preocupaciones, las distracciones, mis errores y mis propias decisiones me aparten de ti.
Hoy quiero dejarme encontrar.
Entra en esos espacios de mi corazón donde todavía hay desorden, heridas y cosas que necesito cambiar.
Dame humildad para reconocer mis errores, valentía para comenzar de nuevo y perseverancia para no volver a perder el rumbo.
Enséñame también a mirar a los demás con misericordia, sin juzgar sus caídas ni olvidar que todos necesitamos de tu amor.
Que nunca me acostumbre a vivir lejos de ti.
Amén.

4. Contemplación – Quédate con Jesús

Permanece unos instantes en silencio y guarda esta frase en tu corazón:
«Dios no se cansa de buscarme, porque nunca dejó de ser valioso para Él».

5. Acción – ¿Cómo voy a ponerlo en práctica?

Hoy te propongo tres acciones:
1. Reconoce dónde te has perdido. Identifica una actitud, hábito o situación que te esté alejando de Dios y de la persona que quieres ser.
2. Enciende tu lámpara. Dedica al menos 10 minutos a la oración, sin distracciones, sin teléfono y sin prisas. Permite que Dios ilumine aquello que necesitas cambiar.
3. Busca a alguien que se siente perdido. Acércate a una persona que necesite comprensión, escucha o una palabra de esperanza. No juzgues ni condenes.

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