Evangelio del día – Lectio Divina Marcos 1, 40-45

Lectio Divina
Jueves, 15 de enero de 2026
Jueves I Semana Tiempo Ordinario
Carlos Iván de Panamá ✍🏻🇵🇦

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu Creador y renueva la faz de la tierra.
Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Lectura del Santo Evangelio Marcos 1, 40-45

40 Un leproso se le acercó rogándole de rodillas diciéndole: “Si quieres, puedes sanarme”. 41 Jesús sintiendo compasión, lo tocó y dijo: “Sí quiero». «Estás sano”. 42 Al instante la lepra desapareció y fue sanado. 43 Enseguida Jesús le ordenó severamente al despedirse de él: 44 “¡Mira! No le digas esto a nadie, pero ve y muéstrate al sacerdote para que te examine. Luego, para demostrar a todos que estás curado, ve y ofrece el sacrificio que Moisés ordenó”.
45 Pero el hombre, apenas se alejó comenzó a contar lo ocurrido y se corrió la voz. Es por eso que Jesús ya no podía entrar tranquilamente en ninguna ciudad, sino que estaba en lugares despoblados, pero aun así gente de todas partes venía a buscarlo.
Palabra del Señor

1-Lectura: ¿Qué dice el texto?

Jesús, a través de la enseñanza y de los signos, su gran objetivo: anunciar el Reino de Dios. Esta vez el protagonista de la escena es un leproso.

Estamos ante el encuentro de Jesús con una de las realidades más duras y dolientes de su época. Un encuentro que el evangelista describe con auténtica compasión: «se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: si quieres puedes limpiarme. Sintiendo lástima extendió la mano y lo tocó diciendo: quiero, queda limpio.

Vemos cómo Jesús escucha al leproso, atiende al marginal, toca al intocable, y compasivo, le cura. Preside la misericordia entrañable de esa luz de Dios que vino a disipar toda oscuridad. Y termina el relato con la desobediencia de este hombre a la advertencia de Jesús de no decírselo a nadie: comunicará a todos, y con gran fuerza, lo que a él le había ocurrido, haciendo del hecho una proclamación o predicación.
La pregunta que nos hacemos ante tantos otros leprosos y tantas otras lepras actuales: soledad, depresión, hambre, injusticia, guerra, sida… es: ¿cómo podría tocar hoy Jesús toda esta realidad?
Y la respuesta que nos da la historia cristiana es siempre la misma: con nuestras manos. No hay otras manos. Así lo dispuso Él. Acercar a través de nuestra pequeña, pero insustituible solicitud, la salvación y la Gracia que provienen de Él. Somos carne de Jesús. Somos su Cuerpo. Los varios leprosos de la maldición marginada –sea cual sea su nombre y su tragedia – nos esperan. También ellos, como ojalá nosotros, quieren proclamar a quien quiera escuchar que el Señor ha hecho con ellos misericordia. El Reino ha comenzado.

2- Meditación: ¿Qué me dice Dios en el Texto?

El texto muestra una serie de movimientos claros:
• Iniciativa del necesitado: el leproso se acerca, rompe barreras sociales y religiosas.
• Actitud de Jesús: compasión, cercanía, contacto físico; Jesús toca lo que estaba prohibido tocar.
• Palabra eficaz: la voluntad de Jesús («Quiero») tiene poder creador e inmediato.
• Respeto a la Ley: Jesús no anula la Ley, sino que envía al hombre a cumplirla.
• Tensión final: la desobediencia del hombre provoca que Jesús quede desplazado hacia la soledad, mientras la fama se extiende.
El centro del pasaje no es solo la curación,
sino quién es Jesús y cómo actúa frente a la impureza,
y también la dificultad humana de guardar silencio ante la acción de Dios.

Preguntas para la meditación:
• ¿Qué revela este pasaje sobre la autoridad y la compasión de Jesús?
• ¿Qué significado tiene que Jesús toque al leproso antes de enviarlo?
• ¿Por qué Jesús insiste en el silencio y en el cumplimiento de la Ley?
• ¿Qué consecuencias tiene la desobediencia del hombre para la misión de Jesús?
• ¿Qué contraste aparece entre el silencio pedido y la proclamación realizada?

3- Oración: ¿Qué le respondo a Dios?

Señor Jesús,
me acerco a Ti como aquel hombre que se arrodilló ante tu presencia.
No traigo méritos ni palabras elaboradas,
solo la certeza de que Tú tienes poder sobre toda impureza.
Tú no apartas la mirada,
no te detienes en el miedo ni en la prohibición.
Movido por la compasión, extiendes la mano y tocas,
y tu toque devuelve la vida.
Tu palabra es clara y creadora:
“Quiero”,
y todo cambia.
Enséñame a confiar
en tu voluntad,
a creer que tu querer es siempre salvación,
aunque no lo comprenda del todo.
Dame un corazón obediente,
capaz de respetar tus tiempos y tus caminos,
sin adelantarme,
sin apropiarme de lo que solo es obra tuya.
Quédate conmigo en el silencio,
en los lugares solitarios,
ahí donde Tú sigues siendo buscado
y donde tu presencia basta. Amén.

4- Contemplación: ¿Cómo interiorizo la Palabra de Dios?

“Quiero”

5- Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?

Custodiar el silencio cuando es necesario,
obedecer sin apropiarse de la obra de Dios, respetar los procesos y mediaciones,
actuar con compasión sin miedo a acercarse al otro.

Acerca de Ramón Pané

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