Evangelio del día – Lectio Divina Marcos 6, 1-6

LECTIO DIVINA
MIÉRCOLES, 4 DE FEBRERO DE 2026
Miércoles IV Semana Tiempo Ordinario
Franklin Conil de Venezuela ✍🏻🇻🇪

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo y guíanos; ven, Espíritu Santo y condúcenos en la misión, ilumina nuestra mente para que tu Palabra penetre en nuestros corazones y nos fortalezca mientras anunciamos tu Palabra. Amén.

LECTURA: San Marcos 6, 1-6

1 Jesús salió de allí y regresó a su tierra y sus discípulos lo seguían. 2 Cuando llegó el sábado, Él comenzó a enseñar en la sinagoga. Muchos de los que lo escuchaban se sorprendían y decían: “¿De dónde saca este hombre todo esto? ¿De dónde viene su sabiduría? ¿Cómo hace estos milagros con sus manos? 3 ¿No es Él el carpintero, hijo de María? ¿No es hermano de Santiago (o Jacobo), de José, de Judas y de Simón? ¿Sus hermanas no están aquí entre nosotros? Ellos estaban desilusionados con Él debido a esto.
4 Pero Jesús les dijo: “Un profeta es respetado en todas partes, excepto en su tierra, entre sus parientes y en su propia casa”.
5 No pudo hacer milagros allí (en Nazaret), sino sanar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. 6 Y se maravillaba por su falta de fe. Sin embargo, Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando.
Palabra del Señor

¿QUÉ DICE EL TEXTO?

En el inicio de su ministerio público, Jesús regresa a Nazaret, lugar donde se había criado, donde había pasado los primeros 30 años de su vida y la gente “lo conocía”. Allí, en la Sinagoga, se encuentra con la incredulidad de aquellos que, por conocer sus orígenes, creían conocerlo y sólo ven en Él a un simple hombre igual a ellos.

Los incrédulos alegaban que Jesús era uno más del montón, que conocían a sus familiares, que sabían lo que hacía, es decir, que sabían todo de Él y que nunca había demostrado estos dotes de maestro y taumaturgo.

Ante esta incredulidad el Señor proclama la famosa afirmación de que “ningún profeta es bien recibido en su tierra”. Sin embargo, este obstáculo no detiene a Jesús en su misión sino que “recorría las aldeas cercanas, enseñando”.

¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?

Lo primero que llama la atención de este pasaje es la “simplicidad de Jesús” que durante su vida oculta fue una persona normal igual a todas. Esta es la razón por la cual los evangelios no nos cuentan nada sobre estos años de la vida del Señor. Queda evidenciado aquí el misterio de la encarnación que proclama que Jesús “Se hizo en todo igual a nosotros, menos en el pecado” (Hb, 5, 15).

También nosotros debemos aprender esta humildad de Jesús, sobre todo ahora que estamos prontos a iniciar la Cuaresma, siguiendo el consejo de San Juan Berchmans (1599-1621): “Mea maxima poenitentia vita regularis» (Mi mayor penitencia es la vida regular). Es una invitación a pasar por la vida desapercibidos, sin buscar ser vistos y notados, sin buscar sobresalir entre los demás, sobre todo, si esto es una tentación para nosotros.

•¿Me gusta ser visto y notado o por el contrario soy como san José que fue protagonista desde un segundo plano?
•En segundo lugar, el evangelio de hoy nos invita a regresar a nuestra tierra, a nuestra casa, ahí donde la gente nos conoce para anunciar también allí el mensaje de salvación, teniendo la conciencia de que no todos aceptarán nuestra enseñanza. A hacer lo que hizo la santísima Virgen María que fue presurosa a servir a su prima Isabel.
•¿Tengo la conciencia de que mi casa, mi familia, mis parientes son los primeros destinatarios del mensaje de salvación?

•En tercer lugar, llama la atención la incredulidad de los paisanos de Jesús los cuales no aceptaron el mensaje de Cristo porque lo juzgaron mal. Esto dice mucho si consideramos que existe una unión íntima entre el mensaje y el mensajero, entre el anuncio y quien lo realiza. Debemos tener en cuenta que el mensajero es en sí mismo un mensaje. Si hay un divorcio entre lo que decimos y hacemos la gente difícilmente aceptará nuestro anuncio, pues como decía san Francisco de Asís: “Fray ejemplo es el mejor mensajero”.

Sin embargo, en el caso de los coterráneos de Jesús no era una cuestión de dicotomía entre el anuncio del Señor y su persona. En esta ocasión ellos juzgaban a Jesús por sus orígenes humildes y sencillos. No aceptaban que uno que se había criado entre ellos pudiera ser una gran maestro y sanador. Esta incredulidad era producto del menosprecio que sentían por la persona de Jesús lo cual les impedía aceptar su mensaje.

Muchas veces a nosotros también nos pasa algo parecido cuando no aceptamos la enseñanza o la corrección de alguien, a menos que venga de una “persona importante o influyente”. También nosotros, al igual que los nazarenos, juzgamos el regalo por su envoltorio. Ante esto debemos tener en cuenta que, tal como decía la segunda lectura del día de ayer: “Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.”

Podríamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿También nosotros juzgamos por apariencia o menospreciamos a las personas por sus orígenes o por su pasado?

Por último, el Señor nos enseña a no detenernos ante la adversidad y los obstáculos. Lo sabemos, siempre vamos a encontrar oposición porque no todos aceptarán nuestro mensaje.

•¿Te dejas desanimar por quienes no creen en ti o en tu mensaje o la adversidad te impulsa a seguir adelante?

ORACIÓN

Señor, concédenos la sencillez de mente y corazón para no buscar protagonismos y para no menospreciar a los demás por sus orígenes o pasado. Danos el impulso misionero para comenzar por nuestra casa y no detenemos antes los obstáculos que podamos encontrar en la misión. Amén.

CONTEMPLACIÓN

“Y se maravillaba por su falta de fe. Sin embargo, Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando.”

ACCIÓN

Procuraré vivir una vida regular, sin buscar ser visto y notado. Esa será mi mayor penitencia.

Tomaré conciencia de que el primer lugar de evangelización es mi propia casa.

Me pondré los lentes de Jesús y no juzgaré a los demás por apariencia ni me dejaré condicionar por los orígenes y el pasado de las personas.

Revisaré si he etiquetado a las personas y si eso influye en mi trato hacia ellas.

Viviré mi fe con la conciencia que mi vida es la primera y principal forma de evangelizar.

No me detendré ante los obstáculos sino que por el contrario, la oposición será un impulso para continuar la misión.

Acerca de Ramón Pané

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