Lectio Divina
Sábado 8 de agosto del 2026
Sábado XVIII Semana Tiempo Ordinario
Por Tamara Ruiz de Nicaragua ✍🏻🇳🇮
🕊️ Invocación al Espíritu Santo
Oh, Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, inspírame siempre lo que debo pensar, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer para la gloria de Dios, bien de las almas y mi propia santificación.
Espíritu Santo, dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar. Amén.
📖 Lectura Evangelio según San Mateo 17, 14-20
Cuando se acercaron a la multitud, un hombre vino hacia Jesús y, arrodillándose ante Él, le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo. Es epiléptico y tiene ataques tan fuertes que a menudo cae al fuego o al agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo».
Jesús respondió: «¡Gente mala y sin fe! ¿Cuánto tiempo me quedaré con ustedes? ¿Cuánto tiempo tendré que soportarlos? ¡Tráiganme aquí al niño!».
Luego Jesús le dio una orden y el demonio se fue, y el muchacho quedó sanado en aquella hora.
Entonces los discípulos, acercándose a Jesús en privado, le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?».
Jesús les respondió: «Fue porque tienen poca fe. Ciertamente les digo que si tuvieran la fe del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a esta montaña: “Sal de aquí y ve hacia allá”, y se iría. ¡Nada sería imposible para ustedes!».
¿Qué dice el texto?
Jesús desciende del monte de la Transfiguración y encuentra a un padre desesperado por su hijo. El hombre ya había acudido a los discípulos, pero ellos no pudieron liberarlo del mal que lo atormentaba. Entonces Jesús sana al muchacho. Luego los discípulos le preguntan por qué ellos fracasaron. Les responde que fue por su poca fe. Jesús les enseña que una fe tan pequeña como un grano de mostaza, si es auténtica, puede mover montañas.
En la cultura judía, muchas enfermedades graves se asociaban con la acción de los espíritus malignos porque aún no existía el conocimiento médico actual sobre algunas enfermedades, como la epilepsia, pero, más allá de describir la enfermedad, se trata de ver la autoridad de Jesús sobre todo lo que esclaviza al ser humano.
La expresión «fe como un grano de mostaza» era muy significativa, porque la semilla de mostaza es una de las más pequeñas del mundo, pero al crecer se convierte en una planta sorprendentemente grande. Con este ejemplo, Jesús está diciendo que no necesitamos una fe enorme, sino una fe que sea verdadera, viva y puesta totalmente en Dios.
Cuando Jesús habla de «mover montañas», utiliza una expresión común entre los rabinos que se refiere a superar obstáculos que parecen imposibles. Jesús no nos invita literalmente a mover montañas, sino a confiar en que Dios, quien es Padre, puede vencer aquello que humanamente nos parece insuperable.
🙇🏻♀️ Meditación ¿Qué me dice Dios hoy?
Hoy Jesús me pregunta dónde está puesta mi confianza.
Muchas veces, nosotros, al igual que los discípulos, queremos resolver nuestros problemas con nuestras propias fuerzas, experiencia o conocimientos y, ante el fracaso, nos derrumbamos y pensamos que Dios no actúa, sobre todo al ver grandes injusticias en nuestros países. Sin embargo, en este Evangelio Jesús nos recuerda en quién realmente debemos tener puesta nuestra fe, sobre todo al ver la figura del padre angustiado por su hijo, que no deja de buscar la sanación. No se da por vencido; a pesar de que los discípulos fallaron, él, consumido por el dolor, no pierde la esperanza hasta llegar a Jesús, quien sana a su hijo.
¿Cuántas veces yo también he vivido situaciones que parecen montañas? Enfermedades, preocupaciones, incertidumbres, proyectos que parecen no avanzar o cargas que parecen demasiado pesadas. Hoy Jesús me dice que ninguna de esas montañas es más grande que el poder de Dios.
La fe no consiste en no tener dudas, sino en seguir caminando, confiando en Él, incluso cuando todavía no veo el milagro que anhelo con el corazón.
🙏🏻 Oración ¿Qué le respondo al Señor?
Señor Jesús, muchas veces mi fe es tan pequeña e insignificante, inferior a un grano de mostaza, y permito que el miedo, las preocupaciones y el cansancio sean más grandes que mi confianza en Ti.
Perdóname cuando soy arrogante e intento resolver todo solo con mis fuerzas y me olvido de que Tú eres el Dios de lo imposible.
Como aquel padre del Evangelio, hoy me arrodillo delante de Ti y pongo en tus manos todo aquello que me preocupa.
Te suplico que aumentes mi fe. Haz que nunca deje de acudir a Ti, aunque las respuestas no lleguen de inmediato como yo deseo.
Enséñame a creer que una pequeña fe, sostenida por tu gracia, puede transformar completamente mi vida.
Amén.
🎑 Contemplación ¿Cómo permanezco con el Señor?
Imagina a Jesús mirando con ternura al padre angustiado y luego tomando al muchacho de la mano para devolverle la sanidad, haciendo ese milagro.
Ahora imagina que Jesús también te mira a ti. Jesús conoce tus preocupaciones, tus angustias, tus luchas, tus heridas y las montañas que obstaculizan tu vida. Y repite lentamente en tu corazón:
«Señor Jesús, aumenta mi fe.»
«Nada es imposible para Ti.»
«Confío plenamente en Ti.»
Deja que esas palabras llenen tu corazón de paz.
🏃🏻♀️ Acción ¿A qué me comprometo?
Hoy quiero vivir este Evangelio de manera concreta:
Haré un acto de confianza entregándole al Señor una preocupación que he intentado resolver solo.
Cuando aparezca el miedo o el desánimo y pierda la fe, repetiré: «Jesús, en Ti confío.»
Buscaré fortalecer mi fe dedicando unos minutos a la oración antes de tomar decisiones importantes, tomando en cuenta que las montañas de mi vida no se vencen con mis fuerzas, sino con la gracia de Dios.
Guardo en el corazón este mensaje:
«Si tuvieran fe como un granito de mostaza… nada sería imposible para mí.»
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