Evangelio del día – Lectio Divina Mateo 19, 16-22

LECTIO DIVINA
LUNES 17 DE AGOSTO 2026
Lunes XX Semana Tiempo Ordinario
Franklin Conil de Venezuela ✍🏻🇻🇪

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:

Espíritu Santo, tú que eres bueno y sabes lo que es bueno, dame el don de sabiduría para conocer lo que a Dios le agrada, pueda cumplir los diez mandamientos, saber valorar los bienes materiales y alcanzar la santidad. Amén

Evangelio según San Mateo 19, 16-22

16 He aquí que una vez, un hombre vino a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obra buena debo hacer para lograr la vida eterna?”
17 Jesús le respondió: “¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Solamente hay uno que es bueno. Si quieres entrar en la vida eterna obedece los mandamientos”.
18 El hombre le preguntó: “¿Cuáles?” Jesús le respondió: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio contra nadie, 19 respeta a tu padre y a tu madre y ama a los demás como a ti mismo”.
20 El joven le dijo: “¡He obedecido todos estos mandamientos! ¿Qué más tengo que hacer?”
21 Jesús le respondió: “Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres para que tengas un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme”. 22 pero el joven, habiendo escuchado esta palabra, se fue entristecido porque tenía muchas posesiones.

El pasaje de hoy nos presenta el encuentro de Jesús con el joven rico. Es un episodio emblemático del Evangelio en el que encontramos a un hombre que, habiendo cumplido los mandamientos, no fue capaz de dar el paso decisivo hacia una entrega total y un seguimiento radical de Cristo.
La pregunta inicial del joven puede reflejar una mentalidad religiosa de su tiempo, especialmente presente en ciertas interpretaciones farisaicas, según la cual la relación con Dios podía reducirse al cumplimiento de preceptos y a la acumulación de méritos. Es una actitud semejante a la que Jesús denuncia en la parábola del fariseo y el publicano, donde el fariseo pone su confianza en sus propias obras y se presenta delante de Dios apoyándose en su conducta.
Aunque el Señor le señala al joven rico los mandamientos como camino hacia la vida eterna, le deja en claro que su cumplimiento no puede reducirse a una observancia externa, sino que debe conducir a una entrega total a Dios y al seguimiento de Cristo.

MEDITACIÓN:

A la luz de este pasaje bíblico podemos meditar que también nosotros, los hombres y mujeres del siglo XXI, podemos estar influenciados por una mentalidad basada en el mérito: hemos aprendido a pensar que tenemos que portarnos bien para ganarnos el amor de Dios y de los demás, y que el fiel cumplimiento de los mandamientos es lo que nos hace merecedores de la salvación. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que la salvación es, ante todo, un don gratuito de Dios que recibimos en Cristo y al que respondemos con una vida de fe, amor y obediencia.
Ciertamente, esta mentalidad puede introducirse también entre los creyentes en Cristo, cuando olvidamos que la salvación es un don gratuito de Dios, que nos ha sido alcanzado por la obra redentora de Jesucristo. Los mandamientos son camino de vida y estamos llamados a observarlos como fruto de nuestra fe y de nuestro amor a Dios, no como una transacción mediante la cual pretendemos obtener la salvación. El joven rico cumplía los mandamientos, pero Jesús lo invita a dar un paso más: dejar aquello que ocupa el lugar de Dios, poner toda su confianza en Él y seguirlo.
Por eso, sería bueno preguntarnos: ¿Qué lugar ocupan los Diez Mandamientos en nuestra vida? ¿Vivimos la salvación como un don gratuito de Dios o como algo que debemos merecer? ¿Hay algo que esté ocupando en nuestro corazón el lugar que solo le corresponde a Jesús? ¿Qué estamos dispuestos a dejar para que Jesús sea verdaderamente el centro de nuestra vida?

ORACIÓN:

Señor, ayúdame a comprender que la salvación es un don gratuito de tu gracia y que me amas, no porque yo sea bueno, sino porque Tú, que eres el único bueno eres mi Padre. Ayúdame a no limitar mi relación contigo al mero cumplimiento de los mandamientos, sino a vivirla como una entrega total y sin límites. Gracias, Señor, por invitarme a dejar aquello que me ata y a seguirte, porque solo en Ti encuentro la verdadera libertad. Amén.

CONTEMPLACIÓN:

“¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Solamente hay uno que es bueno.

ACCIÓN:

Procuraré vivir hoy el desprendimiento, compartiendo alguno de mis bienes con una persona que lo necesite.
Revisaré durante este día los Diez Mandamientos, preguntándome sinceramente cómo estoy viviendo cada uno de ellos.
Agradeceré durante el día los dones y beneficios que recibo de la bondad de Dios, reconociendo que todo es gracia.

Acerca de Ramón Pané

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