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Evangelio del día – Lectio Divinas Juan 1, 19-28

Lectio Divina por Gregory Cherisme de Haiti

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO 🕊🙏🏼
Ven Espíritu Santo,
envíanos del cielo
un rayo de tu luz
Ven, padre de los pobres.
Ven, tú que das los regalos.
Ven, la luz de los corazones.

Evangelio según san Juan 1, 19-28

Aquí está el testimonio de Juan el Bautista, cuando los judíos le enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén para preguntarle: “¿Quién eres? No se negó a responder, declaró abiertamente: “Yo no soy el Cristo”. Le preguntaron: “Entonces, ¿quién eres? ¿Eres tú el profeta Elías? Él respondió: “No lo soy.” – ¿Eres el profeta anunciado? Él respondió: “No”. Entonces le dijeron: ¿Quién eres? Debemos dar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué estás diciendo de ti mismo? Él respondió: “Soy la voz del que clama en el desierto: Endereza el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.” Algunos habían sido enviados de los fariseos. Le hicieron esta pregunta otra vez: ¿Por qué bautizas, si no eres ni Cristo, ni Elías, ni el Profeta? Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes está uno a quien no conocen; Él viene detrás de mí, y no soy digno de desatar la correa de su sandalia. Sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Palabra del Señor.

Lectura: ¿Qué dice el texto?

Aquí está el testimonio de Juan.
El texto nos pone directamente en acción. El evento se lleva a cabo en Betania, en Judea, donde vivía Juan y donde conoció a Jesús cuando eran adultos. El texto relata un interrogatorio de sacerdotes y levitas que sugiere la preocupación de las autoridades judías que los enviaron, preocupaciones que reflejan las de las autoridades políticas frente al movimiento provocado por la enseñanza de este extraño predicador.

A la primera pregunta sobre su identidad planteada por los enviados preocupados por su pureza ritual, Juan Bautista responde directamente y con confianza: “Yo no soy el Cristo”. “¿Eres el profeta anunciado? Juan el Bautista responde “No”: Juan no niega, pero dice: “Soy la voz de quien llora en el desierto (…)” y nadie lo escucha. “¡Endereza el camino del Señor! Pero nadie responde a esta llamada a la conversión.
“Entonces le dijeron: ¿Quién eres? Debemos dar una respuesta a los que nos enviaron. “

Juan el Bautista les había dicho a sus interlocutores, ansiosos por su identidad, que él no era ni el profeta Elías ni el profeta anunciado en las Escrituras. Él no era el rey ideal a quien Israel había estado esperando, “el que fue ungido y sobre quien descendió el Espíritu de Dios”. Él precede al Mesías… es el que llora en el desierto, es el precursor, el que corre hacia adelante.

“Yo bautizo en agua (…) y no soy digno de desatar la correa de su sandalia. “

Juan, el precursor, no quiere que se le atribuyan los poderes del Mesías, pero está allí, precisamente, para anunciar a este Mesías, Cristo, el que recibió la unción. No está en el ajetreo y el bullicio del mundo, en las ocupaciones apresuradas, las que se suceden unas a otras sin tener el tiempo de hacer una pausa para poder acercarse “hacia la montaña de Sión y hacia la ciudad del Dios viviente, la Jerusalén celestial… y la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. »(Hb 12, 22-23)

Meditación: ¿Qué nos dice el texto?

Comienza un nuevo año y es una oportunidad para formular deseos para los demás y para nosotros mismos, así como para hacer buenas resoluciones para avanzar en el camino que Dios ha trazado para nosotros desde toda la eternidad. Es necesario continuar el camino pero, a veces, también es necesario comenzar de nuevo en nuevas bases. La época navideña que estamos atravesando, el momento del nacimiento del Salvador, nos permite quizás realizar nuevos proyectos en diferentes campos, incluido el de nuestro progreso hacia la santidad a la que Dios el Padre nos llama a cada uno de nosotros.
La respuesta de Juan el Bautista nos llama a no engañarnos a nosotros mismos como interlocutores. Usted es la voz que habla a sus fieles a través del Espíritu Santo que nos prometió (Jn 16: 7-8) para guiarnos hacia usted y permitirnos seguir su camino.

Oración: ¿Qué le respondo a Dios?

Señor, déjame darte las gracias a cada momento. Somos tuyos y nos mantienes en tu Corazón, en tus heridas que son solo el testimonio de tu amor y tu fidelidad a cada uno de aquellos a quienes el Padre te ha confiado.

Contemplación: ¿Cómo interiorizo la Palabra de Dios?

“Soy la voz del que clama en el desierto: Endereza el camino del Señor”

Acción: ¿A qué me comprometo?

Meditemos en la enseñanza de la primera Carta a los Corintios (Cor. 12: 12-30) para vivir en relación unos con otros como miembros del cuerpo místico que es la Iglesia, según las recomendaciones de San Pablo.

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