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Evangelio del día – Lectio Divina Juan 19, 25-34

Lectio Divina por Jacky Agéna de Haití

Lunes VIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

0-Invocación al Espíritu Santo

Espíritu Santo, ven, disipa mis tinieblas.

Abre mi mente y mi corazón a la inteligencia de la Palabra de Dios.

Que inspire mis pensamientos y guíe mis acciones.

Ven Espíritu Santo, enciende en mi tu luz.

1-Lectura: ¿Qué dice el texto?

Evangelio según San Juan 19, 25-34

25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,  María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.

26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.

27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.

28 Después de ese momento, Jesús sabiendo que todo estaba ya consumado, para que se cumpliese lo que dice la Escritura, dijo: “¡Tengo sed!”

29 Había un jarro lleno de vinagre, entonces ellos mojaron una esponja en el vinagre, pusieron la esponja en un rama de hisopo y le tocaron la boca con ella. 30 Cuando Jesús bebió el vinagre, dijo: “¡Todo está cumplido!”

Luego bajando la cabeza, murió entregando el espíritu.

31 Entonces los líderes judíos le pidieron a Pilato que rompiera las piernas de los que habían sido crucificados y que los quitara de las cruces. Porque era el día de la Preparación, y así los cuerpos no quedarían en la cruz en el sábado, pues aquel era el Gran Sábado.

32 Los soldados, entonces, fueron y rompieron las piernas del primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego rompieron las piernas del otro, 33 pero cuando se acercaron a Jesús, vieron que ya estaba muerto y por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con una lanza y al instante, salió sangre y agua.

2-Meditación: ¿Qué me dice o nos dice Dios en el texto?

Jesús, atado a la cruz, hace una entrega total, un desprendimiento sin restricciones. No solo él se entrega sino también entrega lo que tiene, y de esa manera él manifiesta el amor no cotizado, el amor incomensurable que desborda su corazón.

Ahí estamos contemplando un escenario lleno de tristeza: Jesús crucificado, su madre y otros familiares están ahí desconsolados. Jesús, como para ofrecer consuelo cuando pareciera que él mismo lo necesitaba, hizo una doble presentación llena de símbolos y significado: a su Madre, le presenta al discípulo que amaba, ya sea Juan diciéndole: «Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo», y al mismo tiempo le presenta al discípulo a su Madre: «Aquí está tu madre». Al realizar ese gesto, Jesús nos pide a nosotros, y por extensión, a toda la Humanidad, acercarnos con confianza a su Madre amorosa, tierna, fiel y compasiva quien nos acompaña tanto en los momentos de alegría como en los momentos de dolor. Al establecer ese enlace filial íntimo entre la humanidad y su Madre, Jesús nos invita a dialogar con nuestra queridísima madre y ofrecerle nuestras angustias y penas, por la pandemia del Covid-19, las guerras en el Medio Oriente, por tantas personas que sucumben por el impacto de misiles, armas nucleares y otros males que envuelven nuestra sociedad, nuestro mundo. En medio de la situación por la que pasamos hoy en día, que podamos recordar, lo que nos dice Jesús: «Aquí está tu madre». Aquí está nuestra Madre.

Jesús, antes de entregar su espíritu al Padre nos dice que tiene sed. Preguntémonos:

¿De qué nuestro mundo tiene sed en el día de hoy?

Seguro que tiene sed de sanación (ante los males causados por esta pandemia del Covid-19), Sed de arrepentimiento (ante la manifestación del pecado y de la maldad en sus expresiones), Sed de Justicia (ante la Injusticia, la corrupción y la impunidad), Sed de Dios, Sed de Solidaridad (ante el egocentrismo y la explotación sistemática de las personas más desfavorecidas de la sociedad), Sed de construcción de un mundo mejor.

Preguntas:

1-¿He aceptado a la madre de Jesús como mía?

2-¿Cómo respetar y hacer respetar a la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la humanidad?

2-¿Cómo trato a Jesús crucifado hoy en mis hermanos/as: me huyo o me uno solidariamente con él?

3-Oración: ¿Qué le respondo al Señor?

Señor, Tú que te desprendes de todo cuanto posees y todo cuando eres, enséñame a salir de mi mismo, salir de mi ego, al encuentro tuyo en mis hermanos y mis hermanas para amarte y servirte. Enséñame a entregarme con valentía al Padre por la causa de su Reino del que el mundo de hoy tiene sed. Por los meritos de tu sangre preciosa derramada en la cruz. AMEN.

4-Contemplación: la frase que resonó en mi.

«Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo»

               Repitamos:

«Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo»

«Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo»

5-Acción

Me acerco a la Virgen María, la «Teotokos» (= Madre de Dios) para hablarle de las situaciones que me atormentan y las situaciones que me entristecen.

Voy a mirar con atención y ternura a mi núcleo familiar, mi comunidad y ver de qué tienen sed, o qué puedo aportar para su bienestar.

 

 

 

 

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