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Evangelio del día – Lectio Divinas Juan 5, 31-47

Lectio Divina por Raúl Alexander González de Panamá

👼🏻 Invocamos al Espíritu Santo

Espíritu Santo ven a estos momentos donde nos disponemos de corazón y mente para escuchar el mensaje de Dios y ponerlo en acción en nuestra vida.

Amén

Del Evangelio según Juan 5, 31-47

Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí.

Vosotros mandasteis enviados a Juan, y él dio testimonio de la verdad. En cuanto a mí, no es de un hombre del que recibo testimonio; pero digo esto para que vosotros seáis salvos.
Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz.
Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí.

Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que él ha enviado. Vosotros investigáis las Escrituras,
ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí;
y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres.
Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre,
a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre.
Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza.
Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?»

Lectio

El Evangelio de hoy está tomado del evangelista Juan, del discípulo amado, y es una lectura que hay que leer y releer por la profundidad espiritual y mística de este discípulo.

Jesús habla que él mismo no da testimonio de si y que es otro quién da testimonio de él: Dios, Padre. Su testimonio es el Padre, todo lo que Jesús hace y dice es todo lo que Su Padre le envía a hacer y decir.

Jesús prosigue diciendo que no hemos oído nunca su voz, ni visto nunca su rostro, ni su Palabra habita en nosotros porque no hemos creído al que Él ha enviado. Continúa, Jesús, diciendo que investigamos las escrituras ya que creemos tener vida eterna en ella; que ellas son las que dan testimonio de Él y no queremos ir a él para tener vida eterna.

Pero Él nos conoce: sabe que no tenemos en nosotros el amor de Dios.
Es una frase dura, y va directamente a lo profundo de nuestro ser. “Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios”

Y luego hace referencia nuevamente a las escrituras porque los judíos se decían fieles a la Escritura y a Moisés, pero rechazan a Jesús.

Meditación

La palabra de hoy es fuente de luz y claridad en la mitad de este recorrido cuaresmal.
Es un texto que hay que prestar atención y profundizar. Quizá a simple vista parezca un texto que no nos diga mucho, y esto debe llevarnos a preguntarnos ¿por qué no nos dice nada? Quizá no sea por falta de interés, ni por falta de oración.
Hay que ir más allá… porque nuestra vida no ha sido confrontada a la luz de esta Palabra, porque puede ser una vida superficial, sin raíces profundas, sin testimonio.
¿Qué estoy haciendo para cultivar mi vida espiritual? ¿Vivo buscando alegrías superficiales sin buscar realmente que es lo que engrandece mi alma?

Y la palabra testimonio recalcada varias veces en el texto hace referencia a que el Padre es quien da testimonio de Jesús. Y así quiere hacer el Padre con cada uno de sus hijos. ¿En este momento puedo afirmar que el Padre da testimonio de mi, como hizo con Jesús?
Jesús no se autoproclama, ni se auto alaba, ni crea un círculo cero a su alrededor para que le rindan honores ni un culto a su personalidad. El es el testimonio del Padre: vive en autenticidad, vive cónsono a su voluntad y este es su mayor testimonio.
¿Quiero hacer la voluntad del Padre en mi vida?
A pesar de leer y meditar las escrituras podemos correr el riesgo de encerrar a Dios en nuestros esquemas o creemos saber algunas veces más que el mismo Dios, lo que Él quiere decirnos en su Palabra, y la vamos acomodando y forzando a nuestro parecer, pero olvidamos quién es la Palabra: Jesús. Nos perdemos en detalles menos importantes.
Y en esto tiene razón el Señor: “Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios”.
¿Cómo es mi encuentro con el Señor? ¿Leo y medito el evangelio con sincero corazón constantemente? ¿O lo hago por obligación o para cumplir? ¿Qué el Señor diga que me conoce: es fuente de consuelo, de remordimiento, de esperanza, de paz y sosiego?
¿Qué me está diciendo hoy Jesús cuando me dice: “no tenéis en vosotros el amor de Dios”?

Oración

Gracias Señor por Tu Palabra que ilumina mi vida, especialmente durante este camino cuaresmal.
Gracias por la vida que me has dado y todas las gracias que has dado y sigues desbordando en mi existencia, para acercarme más a ti.
Dame la gracia y la valentía de confrontar mi existencia a la luz de tu Palabra, sobre todo durante estos días, en los cuales con tantas actividades y quehaceres del día a día, corro el riesgo de llevar una vida espiritual “light” y no actúo enteramente conforme a tu voluntad.
Tu sabes que mi mayor anhelo es hacer tu voluntad y dar testimonio de tu misericordia y entrega generosa dándome a los que necesitan de mi.
No tomes en cuenta mis desaciertos y mi falta de amor.
Solo Tú sabes, Señor. Solo Tú sabes. Tú me conoces.

Contemplación

“Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios”.
Esta frase sacada de este evangelio resuena en mi interior. No percibo al Señor como quien dice recriminaciones o reproches.
Es el Señor quién me conoce, quien se dirige a mí para que vuelva hacia Él mi mirada, para que busque su rostro de salvación, y me de cuenta que no ha dejado de mirarme nunca con amor.

Acción

Para ser testimonio auténtico de la voluntad de Dios y para conocer cuál es su voluntad, una propuesta podría ser la meditación diaria con lectio divina del evangelio del día.
Confeccionar una lista de tres espacios en los que me desenvuelvo (oficina, trabajo, familia), donde me envía a ser testimonio suyo y con qué acción concreta hoy.

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