Lectio Divina
Sábado 20 de Diciembre de 2025
Sábado III Semana de Adviento
por P. Pedro Madrid de El Salvador✍🏻🇸🇻
Invocamos al Espíritu Santo
“Ven, Oh Consolador, Oh Espíritu Santo, abogado que nos defiende, que hablas en lugar de nosotros, que interpretas nuestros silencios, que vienes en ayuda de nuestra debilidad y nos das fuerza para que le hagamos resistencia al mal. Oh Espíritu Santo, sostén nuestra oración, tú que eres el Maestro de Vida Interior, el Maestro perenne de la Iglesia, el Espíritu de la Verdad, que a lo largo de los siglos le haces entender a la Iglesia las Palabras de Jesús y le das la sabiduría para interpretarlas. Que también nosotros podamos recibirte en esta dinámica de fe y de amor por Jesucristo”. Amén.
Evangelio según San Lucas 1, 26-38
26 En el sexto mes (de embarazo de Isabel), el ángel Gabriel fue enviado a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen que estaba comprometida con un hombre llamado José, un descendiente del rey David. El nombre de la virgen era María. 28 Entrando donde ella estaba, el ángel le dijo: “¡Alégrate, llena de gracia! El Señor está contigo”.
29 Pero María quedó confundida a causa de estas palabras y se preguntaba qué significaba ese saludo. 30 Entonces el ángel le dijo:
“No tengas miedo, María, porque has encontrado gracia delante de Dios. 31 he aquí que quedarás embarazada y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. 32 Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor, Dios, le dará el trono de su antepasado, el rey David. 33 Él reinará sobre los descendientes de Jacob, y su reino no tendrá fin”.
34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo podrá suceder esto, si soy virgen?”
35 El ángel le respondió:
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por tanto, el niño será llamado santo e Hijo de Dios. 36 he aquí que tu pariente Isabel ha quedado embarazada a pesar de su vejez. Es ya el sexto mes para ella, quien era llamada estéril, 37 porque nada es imposible para Dios”.
38 Entonces María respondió: “He aquí la esclava del Señor; que se haga conmigo según tu palabra”. Y el ángel se fue.
TEXTO: TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR
1. Lectio (¿Qué dice el texto?)
Leemos el Evangelio con atención, imaginando la escena.
El ángel Gabriel es enviado a Nazaret, un lugar pequeño y poco importante. Allí vive María, una joven como tantas otras. Dios no elige a alguien famoso ni perfecto, sino a alguien dispuesto a escuchar.
El saludo del ángel es sorprendente:
“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.
María siente miedo y confusión, pero no huye. Pregunta, escucha y finalmente confía.
• Dios irrumpe en la vida cotidiana.
• El miedo no significa falta de fe.
• Dios no obliga: propone y espera una respuesta libre.
¿Qué palabra o frase me impacta más?
¿Me siento llamado por Dios alguna vez?
¿Qué emociones experimento al escuchar este texto?
2. Meditatio (¿Qué me dice a mí hoy?)
María era joven y no tenía todo claro. Tenía sueños, planes y preguntas, como tú. Sin embargo, cuando Dios la llama, ella se abre a algo más grande que sus propios proyectos.
Muchas veces creemos que Dios solo llama a “los santos” o a “los perfectos”, pero este texto nos recuerda que Dios llama a los jóvenes tal como son, con miedos, dudas y esperanza.
¿Qué miedos me impiden confiar en Dios?
¿Qué me cuesta entregar hoy: mi tiempo, mis planes, mis relaciones?
¿Estoy dispuesto a escuchar lo que Dios quiere de mí?
3. Oratio (¿Qué le digo a Dios?)
Oramos con palabras sencillas.
Señor,
a veces tengo miedo de tu llamado
porque no sé a dónde me llevará.
Como María, quiero aprender a confiar
y a creer que tú estás conmigo.
Dame un corazón joven, abierto y valiente,
para decirte cada día:
“Aquí estoy, cuenta conmigo”.
Amén.
4. Contemplatio (¿Cómo me quedo con Dios?)
Guardamos un momento de silencio.
Imagina a Dios mirándote con amor.
Escucha en tu corazón:
“No tengas miedo, yo estoy contigo”.
Respira profundo.
Deja que esa palabra se quede dentro de ti.
5. Actio (¿Qué voy a hacer?)
La fe se vive con acciones concretas.
Esta semana:
• Buscaré un momento diario para escuchar a Dios en silencio.
• Enfrentaré un miedo con confianza.
• Haré un gesto concreto de servicio.
Escribe en una hoja o en tu “Diario” tu propio “sí” a Dios, aunque sea pequeño.
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