Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 19, 11-28

Lectio Divina
Miércoes 21 de Noviembre de 2023
Miércoles XXXIII Semana Tiempo Ordinario
Carlos Iván de Panamá✍🏻 🇵🇦

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.
Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Lectura del Santo Evangelio según Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro.
Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: «Negociad mientras vuelvo.» Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: «No queremos que él sea nuestro rey.» Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: «Señor, tu onza ha producido diez.» Él le contestó: «Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades.» El segundo llegó y dijo: «Tu onza, señor, ha producido cinco.» A ése le dijo también: «Pues toma tú el mando de cinco ciudades.» El otro llegó y dijo: «Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras.» Él le contestó: «Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.» Entonces dijo a los presentes: «Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez.» Le replicaron: «Señor, si ya tiene diez onzas.» «Os digo: ‘Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.’ Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia.»»
Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

1-Lectura: ¿Qué dice el texto?

La vida de un cristiano no consiste en acumular o retener, sino en soltar. No consiste en contener, sino en multiplicar los dones o bienes otorgados, no para el bienestar propio, sino para ponerlos al servicio de los demás. Un buen administrador es aquel que es capaz de generar riquezas no para sí mismo, si no para la comunidad. De esta manera el también se beneficia y se enriquece, porque el Señor nos dice: “hay más alegría en dar que en recibir”. Suele ser la misma dinámica del grano de trigo que cae en tierra y luego muere para luego multiplicarse. Dar es más rentable que poseer.

2- Meditación: ¿Qué me dice Dios en el Texto?

En este momento de nuestra vida preguntémonos. ¿Cuál es el principal “negocio” que traigo entre manos?, es decir, ¿qué hago, en qué me ocupo, en qué me encanto? Dice el evangelio: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón” muchos de nosotros vivimos distraídos en actividades o trabajos que al final no producen ganancias para el Reino de Dios. Entonces al momento de rendir cuenta de nuestra “moneda”. ¿Seremos de los que reciban diez, cinco o una ciudad porque hemos hecho bien el “negocio de nuestra vida”, o seremos como aquel que escondió la moneda por miedo, y luego no recibió nada?

3- Oración: ¿Qué le respondo a Dios?

Jesús, mi Señor bueno. Quiero pedirte perdón por todo el tiempo mal invertido, por las veces en que por intereses propios, complejos y miedos no le haya permitido al Espíritu Santo reproducir los dones y bienes recibidos por ti. Ayúdame a aumentar el amor al servicio apostólico y a la entrega generosa por los demás, a ser consuelo para el sufriente y alegría para los que se sienten tristes y solos. Amén.

4- Contemplación: ¿Cómo interiorizo la Palabra de Dios?

«Negociad mientras vuelvo.»

5- Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?

Priorizar el trabajo por el Reino de Dios.

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