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Evangelio del día – Lectio Divina Mateo 18, 12-14

Lectio Divina por Jesús Roel Castillo de México

Invocación al espíritu santo

Espíritu Santo, Tu que me aclaras todo,
que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal.
Tu que me das el don Divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estas conmigo.
Quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material.
Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los mios. Amén

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 18,12-14
«¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de sus pequeños.

Meditación

En el evangelio de hoy vemos claramente como lo dice el papa Francisco en su homilía vemos un Dios al que no le gusta perder, no es un buen perdedor y por esto, no pierde, sale de sí y va, busca. Es un Dios que busca: busca a todos aquellos que están lejos de Él. Como el pastor, que va a buscar a la oveja perdida. El trabajo de Dios es ir a buscar para invitar a la fiesta a todos, buenos y malos.

Seamos conscientes que a los primeros a quien Cristo Jesús quiere salvar en este Adviento es a nosotros mismos. Tal vez no seremos ovejas descarriadas, pero puede ser que tampoco estemos en un momento demasiado fervoroso en nuestro seguimiento del Pastor. Todos somos débiles y a veces nos distraemos del camino recto y nos salimos de él.

Cristo nos busca y nos espera. No sólo a los grandes pecadores y a los alejados, sino a nosotros, los cristianos que le seguimos con un ritmo más intenso, pero que también necesitamos el estímulo de estas llamadas y de la gracia de su amor. Somos nosotros mismo los invitados a confiar en Dios, a celebrar su perdón, a aprovechar la gracia de la Navidad. El que está en actitud de Adviento es Dios para con nosotros. Él se alegrará inmensamente si volvemos a Él.

Dios no tolera perder a uno de los suyos. Pero esta será también la oración de Jesús, en el Jueves Santo: «Padre, que no se pierda ninguno de los que Tú me has dado». Es un Dios que camina para buscarnos y tiene una cierta debilidad de amor por los que están más alejados, que se han perdido… Va y los busca. ¿Y cómo busca? Busca hasta el final, como estos pastores que van en la oscuridad, buscando, hasta que la encuentra; o como la mujer, que cuando pierde la moneda enciende la lámpara, barre la casa y busca con cuidado. Así busca Dios. Pero este hijo no lo pierdo, ¡es mío, y no quiero perderlo! Este es nuestro Padre: Siempre nos busca y no sólo nos busca tarde o temprano nos encuentra.

De misma forma el evangelio también nos invita a vivir el encuentro de los demás, a ayudarles a salir de su desierto del alejamiento de Dios. Tal vez depende de nuestra actitud el que otras ovejas regresen al redil de Cristo en este Adviento. No tanto por nuestros discursos, sino por nuestra cercanía y acogida, por el buen trato por el amor y la paciencia que podamos tener para con cada uno de ellos.

Oración

Jesús: tú nos has revelado que eres la Luz del mundo, la verdadera Luz.

Por eso, cuando estamos en pecado, vivimos en tinieblas.

Cuando nos escapamos, cuando huimos de ti, sentimos al principio como una libertad, como que nada nos ata ni nos retiene.

Pero a medida que nos vamos alejando, nos vamos perdiendo. Porque solos no podemos saber cual es el camino. Porque sin ti, no sabemos donde están las praderas tranquilas, y los estanques de agua fresca y limpia.

Y terminamos en el abismo, casi al borde del precipicio. La noche se nos viene encima. Los problemas de la vida, problemas que tantas veces provocamos nosotros con nuestro pecado, nos rodean, nos abruman.

Terminamos solos, enredados en zarzas llenas de espinas, sin poder distinguir nada a nuestro alrededor. Terminamos tristes, vacíos, con frío en el corazón.

Pero sabemos que tú nos amas. Esa certeza es la única luz que se mantiene encendida siempre. Sabemos que apenas te das cuenta de que faltamos, sales a buscarnos. Y que con solo emitir un pequeño sonido, una tenue llamada, vendrás a rescatarnos. Porque eres capaz de reconocer nuestra voz a kilómetros de distancia.

Hoy te queremos pedir perdón, te queremos llamar desde el fondo de nuestro pecado, de nuestra miseria. Hoy clamamos por ti, nuestro Pastor, nuestro salvador.

Hoy te decimos que queremos volver, que queremos cambiar. Que necesitamos ser renovados por tu gracia.

¡Ven a rescatarnos, Pastor bueno!

Contemplación

Siempre pensemos en los que es la voluntad de nuestro Padre:
» De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de sus pequeños «.

Acción

Hoy en la acción actuemos cómo actuaría cristo seamos ese pastor que va por la oveja perdida, hoy habrá algún hermano que por distintas razones se ha alejado se ha retirado o ha decidido tomar su propio desierto, es momento de ir a su encuentro y que vea que Dios siempre saldrá a buscar a su pequeño que está perdido.

Acerca de Jesús Roel Carrillo Aké

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