Lectio Divina
Lunes, 15 de junio de 2026
Lunes XI Semana Tiempo Ordinario
Nicolás Reynoso de Argentina ✍🏻🇦🇷
Invocamos al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra
Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
Evangelio según Mateo 5, 38-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente». Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.»
Palabra del Señor.
Lectura. ¿Qué dice el texto?
En este pasaje del Sermón de la Montaña, Jesús habla a una comunidad afectada por la opresión y la pobreza, introduciendo una revolución espiritual: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo… Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia».
Jesús cita la Ley del Talión —que en su época limitaba la venganza proporcionalmente— para superarla. Al pedir no resistir (en griego, antistēnai, que evoca una réplica violenta o armada), Jesús no propone la pasividad cobarde, sino una tercera vía: la no violencia activa que rompe el ciclo del mal. Para explicarlo, utiliza cuatro códigos culturales de su tiempo:
• Ofrecer la otra mejilla: Una bofetada en la mejilla derecha se daba con el dorso de la mano, un golpe de superior a inferior para humillar. Al presentar la otra, el agredido obligaba al agresor a usar la palma, exigiéndole implícitamente que lo mirara y lo tratara como a un igual.
• Entregar la capa: En un juicio por deudas, la ley protegía la capa del pobre por ser su abrigo. Al entregarla junto a la túnica, el deudor quedaba desnudo, trasladando la vergüenza social al acreedor despiadado que lo había despojado de todo.
• Caminar la segunda milla: Por ley, un soldado romano podía obligar a un judío a cargar su equipo solo una milla. Al caminar dos de forma voluntaria, el oprimido tomaba el control de la situación y convertía el abuso en un acto de libertad interior.
• Dar al que pide: Evoca el año sabático bíblico de condonación de deudas, invitando a una solidaridad radical y a la confianza absoluta en la providencia, rompiendo con el egoísmo material.
En resumen, el texto nos dice que la justicia del Reino no busca devolver el golpe, sino transformar el corazón. Jesús propone una resistencia creativa y digna que desarma al opresor, venciendo al mal a fuerza de bien.
Meditación. ¿Qué nos dice Dios en el texto?
Vivimos en un mundo que lleva la contabilidad exacta de las ofensas. Una sociedad donde impera la lógica de la balanza: me la haces, me la pagas; me quitas, te reclamo; me ofendes, te ignoro. Es la vieja seguridad del «ojo por ojo» que, aunque promete justicia, casi siempre termina dejándonos a todos ciegos y heridos.
Pero en medio de este ciclo agotador, irrumpe la voz de Jesús con una propuesta que desinstala por completo nuestras defensas: el amor como fuerza disruptiva.
Él no nos habla como un soñador ingenuo que pide sumisión frente al mal, sino como el gran maestro de la resistencia pacífica, invitándonos a recuperar nuestra libertad interior. Cuando nos pide «presentar la otra mejilla», nos está entregando el secreto de la dignidad inquebrantable. Nos está diciendo: «No dejes que la violencia del otro decida quién eres tú. No respondas con su mismo idioma. Míralo a los ojos y demuéstrale que tu valor no se rompe con su desprecio». Es la decisión soberana de no rebajarnos a la miseria de quien nos lastima, cortando de raíz la cadena del odio.
Y cuando las circunstancias nos arrinconan, cuando la codicia o la injusticia intentan despojarnos de nuestra túnica, la invitación es a soltar con una generosidad que deje al descubierto el absurdo del egoísmo. Entregar también la capa es mostrarle al mundo que nuestra paz no depende de lo que poseemos ni de tener siempre la razón. Es una desnudez valiente que confía ciegamente en las manos del Padre, recordando que ninguna injusticia puede arrebatarnos nuestra condición de hijos.
Pero quizás el espacio más sagrado al que nos invita este texto es el territorio de la segunda milla.
Todos caminamos «primeras millas» a diario: las obligaciones pesadas, las rutinas asfixiantes, el trato con personas difíciles, los deberes que arrastramos con amargura. Caminar solo esa primera milla nos hace esclavos de las circunstancias. Sin embargo, cuando damos un paso más, cuando decidimos hacer un esfuerzo extra que nadie nos exige —un favor inesperado, una palabra de aliento, un perdón no solicitado—, ocurre el milagro: la carga deja de ser una imposición y se transforma en una ofrenda libre. Al caminar la segunda milla, dejamos de ser víctimas o súbditos para convertirnos en dueños de nuestro propio corazón.
Este es el latido profundo del Evangelio de hoy. Jesús nos llama a ser la interrupción amorosa en la maquinaria fría del mundo. Nos pide que seamos artesanos de una paz audaz, de esa que desconcierta y transforma. Porque, al final, no hay mayor victoria que vencer al mal a fuerza de bien, siguiendo los pasos de Aquel que decidió recorrer la milla definitiva hacia el Calvario por puro y desmedido amor a nosotros.
Preguntas para la reflexión:
¿En qué relación o situación de mi vida estoy permitiendo que las acciones ofensivas de otros dicten mi forma de reaccionar, y cómo puedo elegir hoy «presentar la otra mejilla» para recuperar mi libertad interior y romper el ciclo del resentimiento?
¿A qué «razones», exigencias o apegos materiales me estoy aferrando con tanta fuerza que me roban la paz y me alejan de la confianza en Dios? ¿Qué significaría para mí «entregar también la capa» en esa situación concreta?
¿Cuál es esa «primera milla» (una obligación pesada, una rutina agotadora, un deber que arrastro) que hoy camino con amargura o pesadez, y qué acto de generosidad inesperada podría realizar para transformar esa carga en una ofrenda libre de amor?
Oración. ¿Qué le decimos a Dios?
» Señor Jesús, Libérame de la lógica del rencor y del «ojo por ojo». Dame la valentía de tu amor para responder al mal con el bien.
Cuando me ofendan, enséñame a presentar la otra mejilla, rompiendo la cadena del odio con una paz inquebrantable y digna.
Cuando me exijan o sienta que pierdo mis seguridades, dame la libertad interior para soltar y entregar también la capa, confiando únicamente en la providencia de tu Padre.
Y en mis cansancios y rutinas diarias, anímame a caminar la segunda milla. Que no actúe por obligación ni amargura, sino que transforme cada carga en una ofrenda libre, generosa y alegre.
Hazme un instrumento audaz de tu misericordia.
Amén.»
Contemplación. ¿Cómo interiorizamos la Palabra de Dios?
“Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”
Acción. ¿A qué me comprometo con Dios?
Hoy, identifica una tarea o favor que normalmente haces por obligación o con desgana. Hazlo poniendo un «extra» (hazlo con entusiasmo, con más detalle o con una sonrisa), sin quejarte y sin decírselo a nadie.
También te propongo salir de tu rutina y haz una visita breve al oratorio. Al sentarte frente al Santísimo Sacramento, ofrécele en silencio ese esfuerzo extra que viviste hoy.
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