Evangelio del día – Lectio Divina San Lucas 6, 43-49

Lectio Divina
Sábado 16 de Septiembre de 2023
Sábado XXIII Semana Tiempo Ordinario
Jesús Roel Castillo de México 🇲🇽✍🏻

🕊 Invocación al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, manda tu luz desde el cielo, abre mis labios y mi boca proclamará tu alabanza

📖 1. Lectura Evangelio Según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos.

El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón; y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón.

¿Por qué me dicen ‘Señor, Señor’, ¿y no hacen lo que yo les digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica. Se parece a un hombre, que, al construir su casa, hizo una excavación profunda, para echar los cimientos sobre la roca. Vino la creciente y chocó el río contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba sólidamente construida.

Pero el que no pone en práctica lo que escucha, se parece a un hombre que construyó su casa a flor de tierra, sin cimientos. Chocó el río contra ella e inmediatamente la
derribó y quedó completamente destruida».

🙇🏻 🧘🏻‍♀ 2. Meditación, ¿Qué me dice el texto?

En la Biblia, lo verdadero es lo firme, lo sólido. Según esto, la fe no consiste en “creer lo que no se ve” como nos han dicho de niños, sino apoyar nuestra vida en lo sólido, en lo seguro, en lo que permanece. Y en este evangelio, Jesús nos dice que aquello que da seguridad es el escuchar sus palabras y ponerlas en práctica. Y sabemos que las palabras de Jesús, antes de ser predicadas, han sido vividas por Él. Y nosotros, los que cada día leemos y escuchamos sus palabras, nos debemos preguntar: ¿Es Jesús mi roca? ¿Me siento seguro con Él? ¿Es Jesús capaz de hacerme feliz? Hay mucha gente indecisa, insegura, y vienen a nosotros y nos hacen preguntas. ¿Qué debemos decirles? Por supuesto, no les demos teorías, no les digamos que “doctores tiene la Santa Iglesia que sabrá responder”. Con mucha humildad y sencillez, les podemos decir: Hace muchos años que conozco a Jesús y trato de seguirle. Tengo, como todo el mundo, problemas, dificultades, enfermedades, pero estando con Él no me hundo, no tiro la toalla, encuentro paz y alegría interior. Cuando alguna vez peco y conscientemente me aparto de ÉL, me siento mal. Y sólo volviendo a Él encuentro la paz profunda, el gozo verdadero. Esta fe que yo tengo no la debo guardar para mí solo. Debo ofrecerla a los demás. Y lo haré de una manera sencilla, humilde. Simplemente les diré: A mí con Jesús me ha ido muy bien, me va muy bien. ¿Por qué no pruebas tú?

🙏🏻🙌🏼 3. Oración, ¿Cómo le respondo?

Mi Señor y mi Dios, mil gracias por tu presencia en mi vida. Gracias por hablarme y mostrarme cuán grande es tu amor por mí. Gracias porque trajiste esperanza a mi vida. Hoy vivo con ilusión y con la seguridad de que estás siempre a mi lado.
Te doy gracias por todo lo que tengo, porque siempre provees a mis necesidades. Gracias porque me ayudas en los momentos de dificultad y me sostienes con tus brazos fuertes. Gracias a ti, no tengo nada que temer. En ti está puesta toda mi confianza por siempre.
Gracias te doy, Señor, por cada nuevo día que me permites vivir. Gracias por la bendición de poder ver y disfrutar tu obra maravillosa a mi alrededor. Gracias porque puedo escuchar la voz de mis seres amados y compartir momentos bonitos con ellos. Gracias por la salud que me das, porque aún en medio de las dificultades tú estás conmigo y me ayudas.
No hay nadie como tú, mi Dios. Eres el Padre paciente y amoroso que me acompaña y me ayuda a ser una mejor persona. Tú me muestras cuál es el mejor camino a seguir y contigo siento paz y tranquilidad. Gracias porque contigo tengo vida abundante y la seguridad de la vida eterna.
Gracias te doy, Señor, por todo esto y por mucho más, ya que cada día recibo nuevas bendiciones de tu parte. En el nombre de Jesús, amén.

🙇🏻‍♀🙇🏻‍♂ 4. Contemplación, ¿Cómo interiorizo la Palabra de Dios en mi vida?

Para el momento de la contemplación me gustaría tomar esta parte de la palabra de Dios: ¿Por qué me dicen ‘Señor, Señor’, ¿y no hacen lo que yo les digo? Es buen momento de reflexionar sobre esta cuestionaste.

🏃🏻‍♀🏃🏻‍♂ 5. Acción, ¿A qué me comprometo?

Para el momento de la acción hoy podemos ofrecer las obras de misericordia espirituales:

1) Enseñar al que no sabe
Consiste en enseñar al ignorante en cualquier materia: también sobre temas religiosos. Esta enseñanza puede ser a través de escritos o de palabra, por cualquier medio de comunicación o directamente.
Como dice el libro de Daniel, «los que enseñan la justicia a la multitud, brillarán como las estrellas a perpetua eternidad» (Dan. 12, 3b).
2) Dar buen consejo al que lo necesita
Uno de los dones del espíritu Santo es el don de consejo. Por ello, quien pretenda dar un buen consejo debe, primeramente, estar en sintonía con Dios, ya que no se trata de dar opiniones personales, sino de aconsejar bien al necesitado de guía.
3) Corregir al que se equivoca
Esta obra de misericordia se refiere sobre todo al pecado. De hecho, otra manera de formular esta obra es: Corregir al pecador.
La corrección fraterna es explicada por el mismo Jesús en el evangelio de Mateo: “»Si tu hermano peca, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano». (Mt. 18, 15-17)
Debemos corregir a nuestro prójimo con mansedumbre y humildad. Muchas veces será difícil hacerlo, pero, en esos momentos, podemos acordarnos de los que dice el apóstol Santiago al final de su carta: “el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados»(St. 5, 20).
4) Perdonar las injurias
En el Padrenuestro decimos: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden “y el mismo Señor aclara: “si perdonáis las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial os perdonará. En cambio, si no perdonáis las ofensas de los hombres, tampoco el Padre os perdonará a vosotros (Mt. 6, 14-15).
Perdonar las ofensas significa superar la venganza y el resentimiento. Significa tratar amablemente a quien nos ha ofendido.
El mejor ejemplo de perdón en el Antiguo Testamento es el de José, que perdonó a sus hermanos el que hubieran tratado de matarlo y luego venderlo. “» Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido aquí; pues para preservar vidas me envió Dios delante de vosotros» (Gen. 45, 5).
Y el mayor perdón del Nuevo Testamento es el de Cristo en la Cruz, que nos enseña que debemos perdonar todo y siempre: “»Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». (Lucas. 23, 34).
5) Consolar al triste
El consuelo para el triste, para el que sufre alguna dificultad, es otra obra de misericordia espiritual.
Muchas veces, se complementará con dar un buen consejo, que ayude a superar esa situación de dolor o tristeza. Acompañar a nuestros hermanos en todos los momentos, pero sobre todo en los más difíciles, es poner en práctica el comportamiento de Jesús que se compadecía del dolor ajeno. Un ejemplo viene recogido en el evangelio de Lucas. Se trata de la resurrección del hijo de la viuda de Naím: “Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre.»
6) Sufrir con paciencia los defectos de los demás
La paciencia ante los defectos ajenos es virtud y es una obra de misericordia.
Sin embargo, hay un consejo muy útil: cuando el soportar esos defectos causa más daño que bien, con mucha caridad y suavidad, debe hacerse la advertencia.
7) Orar por vivos y difuntos
San Pablo recomienda orar por todos, sin distinción, también por gobernantes y personas de responsabilidad, pues “Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad». (ver 1 Tim 2, 2-3).
Los difuntos que están en el Purgatorio dependen de nuestras oraciones. Es una buena obra rezar por éstos para que sean libres de sus pecados. (ver 2 Mac. 12, 46).

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