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Lectio Divina del día – Whatsapp Marcos 4, 26-34

Lectio Divina por Ramón Jiménez de República Dominicana

• 0. Invocación al Espíritu Santo.

Espíritu de Dios, tenemos sed de ti, ven y haz llover tu presencia refrescante y vivificadora sobre nosotros para que, al poder meditar la santa Palabra podamos tener un Pentecostés personal y comunitario reafirmando en nosotros la fuerza que recibimos de Jesús-Palabra.
Amén

• 1. Lectura: Mc. 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
También:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado».

Palabra del Señor.

¿Qué dice el texto?

Para profundizar en el texto nos hacemos unas preguntas: ¿A quiénes Jesús hace la invitación de escuchar las comparaciones del Reino de Dios?
¿Quién es el que esparce la semilla y cuál es la tierra donde está es esparcida?
¿A qué se refiere Jesús cuando dice la tierra da fruto por sí misma?
¿Por qué Jesús utiliza ejemplos con granos y semillas en sus parábolas?
Amigos Jesús en este evangelio utiliza dos parábolas con situaciones cotidianas; una la semilla que crece por sí sola y la otra el grano de mostaza. Un lenguaje llano y directo pero lleno de gran enseñanza para todo tipo de público, en especial para la gente sencilla que le seguía.

• Meditación: ¿Qué me dice a mí el texto?

El Señor es el sembrador y su Palabra es la semilla, me siento invitado a sembrar su Palabra y dejar que Él haga su trabajo de hacerla germinar en cada persona a la cual le es anunciado el Evangelio. A veces me puedo desesperar a la hora de no ver resultados rápidos en el proceso evangelizador, pero debo de caer en cuenta que el tiempo es de Dios y Él sabe cuándo y dónde.
También puedo cometer el error de pensar que el Reino de Dios lo construyo con mega proyectos, también se inicia con lo sencillo y en lo cotidiano. Yo hago mi parte y dejo a Dios ser Dios en mi vida y en mi historia.

• 3. Oración: ¿Qué le respondo yo a Dios?

Señor necesito que me aumentes la confianza más en ti que en mis propias fuerzas, pues este trabajo lo haz comenzado tú en nosotros y a veces lo quiero retrasar o acelerar según mis caprichos. Por eso hoy te pido que me permitas descubrir tu obrar desde lo pequeño hasta lo más alto del proceso de fe. Que al crecer la semilla de tu amor en mi yo pueda sentirme más seguro de tu obrar en mi vida. Amén.

• 4. Contemplación: ¿Cómo interiorizo la Palabra de Dios?

Propongo estas frases para saborear más la lectura:
– Ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece.
– La tierra da fruto por sí misma.
– Pero una vez sembrada, crece y se hace más grande.

• 5. Acción: ¿A qué me comprometo?

A proclamar el Evangelio de Jesucristo y dejar que aunque no sepa cómo, cuando el grano esté maduro, dé fruto a su tiempo.

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