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Lectio Divina Dominical de Resurrección Ciclo C

«Vio y creyó»

Hno. Ricardo Grzona, frp
Cristian Buiani, frp

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PRIMERA LECTURA: Hechos 10, 34ª. 37-43
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 117
SEGUNDA LECTURA: Colosenses 3, 1-4

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICOJuan 20, 1-9

20,1: El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. 20,2: Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice:
   —Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
20,3: Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. 20,4: Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro.20,5: Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró. 20,6: Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo 20,7: y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte.
20,8: Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.20,9: Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

¡Éste es el gran domingo! Durante todo el tiempo cuaresmal nos fuimos preparando para llegar a este momento. Hoy todo nos habla de la grandeza, de la alegría, del júbilo. Y la propia lectura de este domingo nos lleva al encuentro de este gran gozo: ¡Ha resucitado! Esta es la Buena Nueva. Y con él resucitado somos nuevas criaturas.

Ahora vayamos recorriendo el texto, y preguntándonos que es lo que dice. El evangelista aporta que este acontecimiento ocurrió el “primer día de la semana”. Así fue llamado por los cristianos durante los primeros años; “el primer día de la semana” o “día del Señor”, de donde deriva la palabra domingo, en memoria de la resurrección de Cristo, que rápidamente sustituyo el sábado judío.

La “hora” de Jesús incluye su muerte y su resurrección como dos momentos inseparables del mismo “misterio pascual”. El sepulcro está vacío y a Jesús no se lo encuentra. Su cuerpo ya ha sido glorificado, y luego se dejará ver y palpar, a fin de confirmar en la fe a sus discípulos.

Es María Magdalena la primera en llegar al sepulcro ese día. Y es la misma mujer que estuvo horas antes acompaño a Jesús en su doloroso camino, y permaneció firme al pie de su cruz. La visita al sepulcro o a los difuntos era una práctica generalizada por aquel tiempo.

María Magdalena encuentra que la piedra que tapaba al sepulcro había sido sacada. Algo inusual había ocurrido, situación que llenó de asombro y preocupación a esta mujer.

Entre los que recibieron el anuncio de María Magdalena estaban Pedro y Juan. Estos dos discípulos también han tenido un gran protagonismo en la vida de Jesús, son discípulos muy significativos. Juan se define a sí mismo como “el discípulo amado”. Jesús a todos amaba, pero sobre todos, a éste con más familiaridad. El amor de estos discípulos por su maestro se expresa claramente en este ponerse en marcha, y correr hacia el sepulcro.  

Ellos se acercaron al sepulcro no sin titubeos, ya que María Magdalena les había hablado de una sustracción del cuerpo de Jesús del sepulcro. Llegados, también ellos lo encontraron vacío. Inmediatamente reconocieron que no se trataba de una sustracción o robo. En el suelo estaban los lienzos y el sudario.

Ante este hecho sus corazones terminaron creyendo, luego de haber dudado no poco, porque, como dice Juan, “hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos”.

El hecho era por demás asombro para estos hombres que se encontraban ante cosas demasiado superiores a ellos. Imaginemos el carácter extraordinario y el impacto desconcertante que tuvo en el ánimo de los afortunados testigos. La referencia “a la Escritura” es la prueba de la oscura percepción que tuvieron al encontrarse ante un misterio sobre el que sólo la Revelación podía dar luz. Y por otro lado, la constatación inmediata de que las promesas de Dios expresadas en su Palabra son la verdad, y se cumplen.

Se nos dice que las mujeres, y sucesivamente los Apóstoles, se encontraron ante un “signo” particular: el signo de la victoria sobre la muerte. Si el sepulcro mismo cerrado por una pesada losa, testimoniaba la muerte, el sepulcro vacío y la piedra removida daban el primer anuncio de que allí había sido derrotada la muerte.

Para los discípulos el camino abierto por “el signo” se concluye mediante el encuentro con el Resucitado: entonces la percepción aún tímida e incierta se convierte en convicción y, más aún, en fe en Aquel que “ha resucitado verdaderamente”.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cuál es el día de la semana en el que trascurren los hechos?
  2. ¿Quién es la primera persona en dirigirse al sepulcro? ¿En qué momento del día lo hace?
  3. ¿Con qué se encuentra al llegar?
  4. ¿Hacia quién se dirigió María Magdalena? ¿Qué les dijo?
  5. ¿Qué hicieron Juan y Pedro al conocer la noticia?
  6. ¿Cuáles de los discípulos llega primero al sepulcro? ¿Qué encontraron allí dentro?
  7. ¿Qué ocurrió con Juan cuando ingreso al sepulcro?
  8. ¿Según la Escritura, que debía ocurrir con Jesús?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. Luego de haber recorrido el camino cuaresmal, y llegar a este día ¿qué experimento? ¿Siento la alegría que nace del resucitado? ¿Cuál es la diferencia entre la alegría que viene de Dios, y la que “supuestamente” nos da el mundo?
  2. ¿Qué imagen tengo de Jesús? ¿Me quedo con un Jesús muerto, o con un Jesús glorioso y resucitado?
  3. ¿Soy como Juan, que ante el “misterio” vio y creyó? ¿Si me cuesta creer, le pido al Señor el don del entendimiento?
  4. ¿Comprendo que, en la resurrección de Jesús también yo recuerdo y celebro mi propia resurrección? ¿Cuál es mi resurrección, en qué lugares donde habitaba la muerte Jesús vino y me dio vida?
  5. ¿Vivo esta Fe pascual abierto a compartirla con los demás?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor. 

Señor resucitado, que sienta la paz que me muestras,
Que no se cierren mis “puertas” por el miedo,
Que me aferre al Espíritu que me regalas,
Para vivir intensamente el compromiso de sentirme enviado…
Señor mío y Dios mío, perdona mis debilidades, mis dudas, mis temores…
Porque aun siendo a veces como Tomás, deseo buscarte, estar contigo…
Porque aunque me encierre en mis silencios o en mis ruidos, en mis comodidades o en mis ocupaciones…
Tú sabes cómo entrar en mi vida, como hacerla distinta, como insuflar aire en mis vacíos y oxigenar mi alma endurecida.
Que el Espíritu renovado de la resurrección,
Nacido de la victoria sobre la muerte y alimentado por el Amor más generoso…
Impulse mi fe, mi permanencia en Ti, y aliente el ánimo modesto de quien quiere quererte, seguirte y responderte, Padre…
Tu Amor es mi paz, mi paz es tu perdón, y tu perdón es mi camino de testimonio al amparo de tu Fuerza.

 

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría.  Añadimos nuestras intenciones de oración.

AMEN.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Como interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando a nuestro corazón:

«Vio y creyó»
(Versículo 8)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita a vivir plenamente la alegría de la resurrección. Me propongo compartir mi gozo pascual, dando gestos concretos de generosidad, desprendimientos, escucha, servicio, y caridad para con quienes lo necesitan. Debes proponerte hacerlo con alguien concreto.

En el grupo, nos comprometemos a celebrar el misterio pascual. Pero como comunidad no podemos permanecer “encerrados”, sino que vamos a compartir el gozo pascual con quienes más lo necesitan. Puede ser un asilo de ancianos, orfanatos, hospitales, etc. Decidan cuál de todas las obras harán.

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