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Lectio Divina Dominical III de Pascua Ciclo B

«¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? ¡Soy yo mismo!»

Hno. Ricardo Grzona, frp

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PRIMERA LECTURA: Hechos 3,13-15.17-19
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 4
SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 2,1-5a

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Juan 24, 35-48

24,35: Ellos (los discípulos de Emaús) por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
  24,36: Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
   —La paz esté con ustedes.
  24,37: Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma.
  24,38: Pero él les dijo:
   —¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? 24,39: Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean, un fantasma no tiene carne y hueso, como ven que yo tengo.
  24,40: Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 24,41: Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer.
   Entonces les dijo:
   —¿Tienen aquí algo de comer?
  24,42: Le ofrecieron un trozo de pescado asado. 24,43: Lo tomó y lo comió en su presencia.24,44: Después les dijo:
   —Esto es lo que les decía cuando todavía estaba con ustedes: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
  24,45: Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura.
  24,46: Y añadió:
   —Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día; 24,47: que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén.
  24,48: Ustedes son testigos de todo esto.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Este domingo, el tercero de Pascua, oramos con el texto del Evangelista San Lucas.  Recordemos en primer lugar que Lucas era un médico griego, que convertido por la predicación de San Pablo, se entusiasma tanto, que va hasta las fuentes mismas, es decir a Jerusalén a encontrarse con los discípulos y también a dejar por escrito todas estas cosas. Él mismo dice en su propia introducción que dedica a un tal “Teófilo” (que en griego significa el que ama a Dios), que lo ha investigado todo cuidadosamente. Por lo que tenemos que tener en cuenta que este relato ha sido escrito escuchando a los verdaderos protagonistas de esta historia, que son los mismos Apóstoles de Jesús. De allí, que detalla con tanto esmero todo lo que escribe.

Este texto es el inmediatamente posterior al conocidísimo texto de los Discípulos de Emaús, que cuando Jesús se pone en medio de ellos y les explica las Escrituras, les ardía el corazón y luego al llegar a una posada, lo reconocen al partir el Pan. Este texto es cuando ellos reconociendo a Jesús que ha resucitado, parten inmediatamente al encuentro con los Apóstoles y aquí comienza el texto que leemos hoy.

Cuando ellos cuentan todo a los Apóstoles se les aparece Jesús. Es la misma narración del domingo pasado que cuenta San Juan, pero con otros matices. También son las mismas palabras con Jesús se presenta: “la paz esté con ustedes” .Aquí el principio es que ellos se asustaron mucho al ver al Resucitado, por más que los discípulos de Emaús les contaron todo, ellos todavía pensaron en un fantasma. Por eso Jesús les preguntas afectuosamente ¿Por qué están tan asustados y por qué esas dudas? Jesús les demuestra claramente que es Él mismo que ha resucitado.

La siguiente parte de este relato se trata de recordarles a los Apóstoles que en Jesús se cumplían todas las Sagradas Escrituras sobre el Mesías. Él dice: En Moisés (o sea la Ley), en los Profetas y en los Salmos. Pero hay un añadido muy importante: “Les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras”. En el pasaje anterior que veníamos citando, los dos discípulos de Emaús, cuando reconocieron a Jesús, se dijeron el uno al otro “acaso no ardía nuestro corazón cuando nos explicaba las Escrituras…” Y fue en ese momento que decidieron volver a Jerusalén del cual estaban huyendo.  Ahora es Jesús quien les abre con su poder divino la inteligencia para comprender todas las Escrituras.

Jesús es la síntesis de todo el Antiguo Testamento. Por eso Él mismo recuerda que se debían cumplir las Escrituras en que debía padecer y resucitar, para que en su nombre se predicara la penitencia y el perdón de los pecados a todas las naciones. Es así que les recuerda que ellos son testigos de todo esto. Los Apóstoles y los primeros discípulos de Jesús.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cómo comienza este relato?
  2. ¿Quiénes fueron a encontrarse con los Apóstoles?
  3. ¿Qué les dijeron de lo que les había sucedido?
  4. ¿Qué les dijo Jesús cuando se les presentó?
  5. ¿Qué sintieron ellos cuando apareció Jesús?
  6. ¿Qué les dijo Jesús entonces?
  7. ¿Qué pasó cuando Jesús les mostró sus manos y sus pies? ¿Qué sintieron al reconocerlo?
  8. ¿Cuál la relación entre Jesús y el Antiguo Testamento?
  9. ¿Qué es lo que desde ahora se predicará en nombre de Jesús?
  10. ¿Qué significa que ellos son testigos?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. Al igual que los discípulos de Emaús ¿yo también me dispongo a contar mis experiencias con Jesús para animar a otros?
  2. Jesús dice ¿Por qué se asustan tanto? ¿Porqué tienen tantas dudas? Será que a mí me puede pasar lo mismo de tener miedo y muchas dudas? ¿Cómo podría superarlas?
  3. ¿Cómo manifiesto mi alegría en permanecer unido con el Señor resucitado?
  4. Mi relación con la Biblia como Palabra de Dios, entendiendo que Jesús es el centro ¿la vivo con frecuencia? ¿La lectura de la Biblia me lleva a Jesús el Señor a través de la oración?
  5. ¿Cómo practico esto de ser testigo y misionero de Jesús Resucitado?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

Vamos a tomar el texto de la segunda Lectura de la Primera Carta de Juan, para hacerla nuestra oración.

2,1: Hijos míos, les escribo esto para que no pequen. Pero si alguien peca, tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo el Justo. 2,2: Él se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados y no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo.
  2,3: La señal de que lo conocemos es que cumplimos sus mandamientos.
  2,4: Quien dice que lo conoce y no cumple sus mandamientos miente y no es sincero.2,5: Pero quien cumple su palabra, ése ama perfectamente a Dios.

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

Amén.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Como interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? ¡Soy yo mismo!»
(Versículos 38-39)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

En lo personal, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Debo internalizar debidamente la Palabra de Jesús Resucitado. Debo llegar al fondo de la propuesta de Jesús. Voy a demostrar que no tengo miedo a decir que soy cristiano. Buscaré una persona concreta que tenga algunas dudas de fe y voy a acompañarla y a orar junto a esta persona, para insistir en la importancia de creer y de vivir con Cristo.

Con tu grupo, vamos a realizar una acción comunitaria que manifieste que sí somos testigos y misioneros de Jesús. Es el tiempo pascual de la alegría, donde vamos a compartir alegría cristiana con personas que por diferentes motivos no alcanzan a tener alegría. Iremos a un asilo de ancianos o de huérfanos, un hospital o con los que están privados de libertad. Acompañarlos y vivir con alegría para compartir con ellos la fe pascual.

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