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Lectio Divina Dominical V de Curesma Ciclo C

«El que no tenga pecado, tire la primera piedra»

Hno. Ricardo Grzona, frp
Cristian Buiani, frp

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PRIMERA LECTURA: Isaías 43. 16-21
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 126(125),1-2ab.2cd-3.4-5.6
SEGUNDA LECTURA: Filipenses 3, 8-14

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICOJuan 8, 1-11

8,1: Jesús se dirigió al monte de los Olivos. 8,2: Por la mañana volvió al templo. Todo el mundo acudía a él y, sentado, los instruía.
8,3: Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, la colocaron en el centro, 8,4: y le dijeron:
   —Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. 8,5: La ley de Moisés ordena que mujeres como ésta sean apedreadas; tú, ¿qué dices? 8,6: Decían esto para ponerlo a prueba, para tener de qué acusarlo.
   Jesús se agachó y con el dedo se puso a escribir en el suelo. 8,7: Como insistían en sus preguntas, se incorporó y les dijo:
   —El que no tenga pecado, tire la primera piedra.
8,8: De nuevo se agachó y seguía escribiendo en el suelo. 8,9: Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más ancianos hasta el último. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí en el centro.
8,10: Jesús se incorporó y le dijo:
   —Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?
8,11: Ella contestó:
   —Nadie, señor.
   Jesús le dijo:
   —Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Llegamos al quinto domingo de cuaresma, y este tiempo litúrgico va llegando a su fin, conduciéndonos a la gran Semana Santa. La lectura que leemos en este domingo es el relato conocido como “la mujer adúltera”.

Jesús tenía la costumbre, de orar en el monte de los olivos y especialmente poco antes de su pasión, de predicar la Palabra de Dios durante el día en el templo de Jerusalén, acompañando su predicación con señales y milagros. Y cuando llegaba la tarde se volvía a Betania, hospedándose en la casa de Lázaro y sus hermanas, de donde volvía a la mañana siguiente a la misma actividad.

Mientras estaba enseñando en el Templo, los escribas y los fariseos llevan ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio, para la cual la ley de Moisés ordenaba como castigo la lapidación. “¿Tú que dices?, es la pregunta que estos  hombres hacen a Jesús para que juzgue a la pecadora, y tiene como finalidad “ponerlo a prueba” e impulsarlo a dar un paso en falso. Las dos posibles respuestas eran para una crítica feroz. Una es si decía que cumplieran con la Ley de Moisés (es decir, matarla a pedradas), le dírían entonces ¿dónde está la misericordia que predicas? La segunda posibilidad era pedir que fuera perdonada, entonces lo acusarían de no cumplir con la ley de Moisés. La escena está cargada de dramatismo: de las palabras de Jesús depende la vida de esa persona, pero también su propia vida. De hecho, los acusadores hipócritas fingen confiarle el juicio, mientras que en realidad es precisamente a él a quien quieren acusar y juzgar. Jesús, en cambio sabe lo que hay en el corazón de cada hombre, quiere condenar el pecado, pero salvar al pecador, y desenmascarar la hipocresía.

El evangelista san Juan pone de relieve un detalle: mientras los acusadores lo interrogan con insistencia, Jesús, no ofrece ninguna de las dos posibles respuestas, sino que se inclina y se pone a escribir con el dedo en el suelo. Es una imagen de Cristo como el legislador divino: recordemos que Dios escribió la ley con su dedo en las tablas de piedra. Jesús, por tanto, es el Legislador, es la Justicia en persona.

Jesús no dijo que no sea apedreada, para que no pareciese que iba contra la Ley. Tampoco dijo sea apedreada, porque había venido, no a perder lo que había encontrado, sino a buscar lo que se había perdido. La respuesta de Jesús es muy simple, pero a la vez interpeladora: “El que no tenga pecado, tire la primera piedra”. Esta es la voz de la justicia. Sea castigada la pecadora, pero no por los pecadores. Cúmplase la Ley, pero no por medio de los mismos que la quebrantan.

Conmueve la actitud de Jesús: no oímos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de condena, sino solamente palabras de amor, de misericordia, que invitan a la conversión.

Cuando los acusadores “se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos”, Jesús, absolviendo a la mujer de su pecado, la introduce en una nueva vida, orientada al bien y comprometiéndola a no pecar más: “Tampoco yo te condeno; vete y en adelante no peques más”.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cómo comienza el texto, a dónde se había dirigido Jesús?
  2. ¿A dónde vuelve al amanecer? ¿Qué hacía allí? ¿Quiénes se acercaban a Él?
  3. ¿A quién le presentan los fariseos y letrados a Jesús?
  4. ¿Qué dicen acerca de esta mujer?
  5. ¿Cuál es la pregunta que le hacen a Jesús? ¿Cuál era la intención de conocer el “juicio” de Jesús?
  6. ¿Qué es lo que Jesús hace sobre el suelo? ¿Cuál es la respuesta de Jesús ante la insiste pregunta?
  7. ¿Qué ocurre con los presentes al escuchar estas palabras?
  8. ¿Cuáles son las preguntas y el dialogo de Jesús y la mujer?
  9. ¿Cuál es el pedido final de Jesús hacia esta mujer?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. ¿Qué me dice a mí la actitud de estos letrados y fariseos? ¿También yo a veces me convierto en “juez” de mis hermanos, y los acuso ante los demás? ¿Estoy más atento en el obrar de los demás, que en mi propio estilo de vida?
  2. ¿Intento manipular las escrituras a mi conveniencia para poner en evidencia a mis hermanos? ¿Comprendo que la palabra siempre debe interpelarme a mí en primer lugar?
  3. ¿Alguna vez me sentí herido por actitudes como estas en la Iglesia? ¿Me han expuesto como a esta mujer? ¿Y yo, alguna vez fui como estos fariseos y letrados?
  4. ¿Suelo caer en la tentación de pensar que soy una persona libre de pecado?
  5. ¿Ante las faltas y errores de mis hermanos, que me pide el Señor que sea? ¿Cuál es el camino correcto para con ellos?
  6. ¿Entiendo que el Señor siempre perdona nuestros errores, siempre que manifestemos nuestro arrepentimiento, como lo hizo con esta mujer? ¿Recurro con frecuencia al sacramento de la reconciliación? ¿Me quedo solamente con el perdón de Dios, y me olvido de la palabra de Jesús que me dice “no vuelvas a pecar”?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor. 

Señor Jesús,
Ayúdame a pedir perdón y a perdonar.
Qué pueda mirar mi corazón antes de juzgar,
Qué pueda ser compasivo frente a los errores de los demás,
Que mis manos se aflojen para dejar tantas piedras que vengo cargando durante la vida.
¡Quiero aprender a perdonar!
Dame tus fuerzas y tu perdón.
Dame tu mirada de amor.

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su amor misericordioso con nosotros y por su resurrección y porque nos llena de alegría.  Añadimos nuestras intenciones de oración.

– AMÉN –

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando a nuestro corazón:

«El que no tenga pecado, tire la primera piedra»

(Versículo 7)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita a ser testigo de la misericordia divina. Me comprometo a llevar adelante esta semana la obra de misericordia espiritual, “dar buen consejo al que lo necesita”. Piensa en alguna persona concreta que necesita palabras, consejos, y disponibilidad de escucha. Y proponte un día concreto de la semana para hacerlo.

En el grupo, nos comprometemos a ser una comunidad marcada por la misericordia del Padre. Nos proponemos hacer en estos días una campaña en la comunidad para expresar la importancia de vivir correctamente la semana santa que se avecina (ejemplo: volantes luego de la misa, programas radiales, redes sociales).  Hacemos hincapié en la misericordia de Jesús.

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