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Juan 1, 29-34

Lectio Divina Dominical II del Tiempo Ordinario Ciclo A

«Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios»

Hno. Ricardo Grzona, frp
Cristian Buiani, frp

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PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 3.5-6
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 39, 2-4.7-10
SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 1, 1-3

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Juan 1, 29-34

1,29: Al día siguiente Juan vio acercarse a Jesús y dijo:
—Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 1,30: De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo. 1,31: Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.
1,32: Juan dio este testimonio:
—Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. 1,33: Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. 1,34: Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

En este segundo domingo del tiempo ordinario continuamos reflexionando sobre el relato del Bautismo del Señor, en este caso a través del evangelio de Juan.

El texto inicia con una precisión temporal “al día siguiente”; ya que el evangelista venía narrando sobre el testimonio de Juan el Bautista, y acerca de las preguntan que giraban en torno a su persona.

Juan al ver a Jesús que venía caminando hacia su persona se manifiesta diciendo: “este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Para comprender en su esencia estas palabras con las que el Bautista define a Jesús es necesario introducirnos en las escrituras, desde el antiguo testamento hasta otros pasajes del evangelio.

Por un lado el profeta Isaías en el canto del siervo de Dios, compara al siervo que sufre con un cordero al que se lleva al matadero: “como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”. Por otro lado es importante recordar que Jesús fue crucificado durante una fiesta de Pascua y debía aparecer por tanto como el verdadero cordero pascual, en el que se cumplía lo que había significado el cordero pascual en la salida de Egipto: liberación y camino de libertad hacia la promesa. A partir de la Pascua, el simbolismo del cordero ha sido fundamentalmente para entender a Cristo.

Es decir, si en las penurias  de la opresión egipcia la sangre del cordero pascual había sido decisiva para la liberación de Israel, Jesús que se ha hecho siervo, el pastor que se ha convertido en cordero, se ha hecho garantía ya no solo para Israel, sino para la liberación del mundo, para toda la humanidad. Se llama pecado del mundo al pecado original, que es el pecado común a todos los hombres, cuyo pecado, como todos los demás que a éste pueden añadirse, los quita Jesucristo por medio de su gracia. Juan pasaba sus días dando testimonio de aquel que vendría, y que en el relato de hoy podemos.

Juan trae a la memoria palabras con las cuales se ha referido sobre Jesús en su testimonio; “Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo”.  Estas dos afirmaciones de Juan nos hacen pensar en las dimensiones de Jesús; su vida terrena “vino detrás de Juan”, es decir nació después de él; y sobre su realidad eterna: “existía antes que yo”.

Juan en sus palabras esclarece cuál es su misión: anunciar a aquel vendría para que el pueblo lo reconozca. Juan allana el camino, señala a Jesús, para que a él miren los hombres.

Una vez más Dios da un signo. Basta recordar domingos pasados en que el evangelio nos decía que un signo se les había dado a los pastores para reconocer a Jesús, y en este caso se trata también de un signo dado a Juan para reconocer al Señor: “Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”. Es interesante prestar atención a estas palabras; el Espíritu baja y permanece, no se esfuma o desaparece. Signo de la profunda comunión entre Dios Padre, en su Hijo Jesús, y en este Espíritu Santo.

A Juan le basto con ver para creer, y dar testimonio de que este hombre es el Hijo de Dios. Recordemos que sus primeras palabras acerca de Jesús fueron “este es el cordero de Dios”, y sus últimas palabras “este es el Hijo de Dios”. Podemos decir que Juan es quien da la mejor definición acerca de la persona de Jesús: El Hijo de Dios es el cordero que quita el pecado del mundo.

Preguntas para recordar el texto bíblico:

  1. ¿Cómo inicia el relato? ¿A quién vio Juan acercarse?
  2. ¿Qué dijo Juan al ver a Jesús?
  3. ¿Cuál es la frase que Juan recuerda haber dicho sobre Jesús?
  4. ¿Para qué ha venido a bautizar Juan con agua?
  5. ¿Cuál fue el testimonio dado por Juan?
  6. ¿Cuál fue el signo que Dios dio a Jesús y por el cual reconocería a Jesús?
  7. ¿Y por haber visto este signo, que dice Juan acerca de Jesús?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. Juan atento a los signos percibe y ve a Jesús ¿También yo estoy atento a Jesús que viene a mi vida del mismo modo en que se acerca a Juan? ¿Entiendo que la centralidad de la misión de Jesús es la redención, es decir, salvarnos? ¿Y que por lo tanto Jesús se hizo “cordero” y muere por mí? ¿Y yo de qué forma puedo ofrecer para los demás?
  2. ¿Entiendo que tengo la gracia de haber recibido el bautismo del Espíritu Santo que vino a traer Jesús? ¿Qué significa para mí el bautismo? ¿Doy gracias de ser bautizado?
  3. Por lo que vio y experimento, Juan da testimonio de Jesús. ¿Y yo? ¿También vi y/o experimente cosas sobre Jesús? ¿Doy testimonio de Él? ¿Con mis palabras? ¿Con mis acciones? ¿con mis sentimientos? ¿Con mis propósitos?
  4. ¿Comprendo que al igual que en Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre mí en el bautismo, y permanece acompañándome? ¿Y que por lo tanto no estoy solo? ¿Rezo, vivo o descanso en este Espíritu Santo que me acompaña?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

Señor Jesús, este nombre que te dio Juan Bautista es tan extraño y tan rico que no lo comprendo plenamente. Pero hay algo que sí veo de inmediato: que eres tú quien quita el pecado del mundo; quien, tomando sobre ti nuestros pecados, has hecho que Dios los perdone y desaparezcan. Cordero de Dios que nos amas, sacrificado por amor de nosotros, eres verdaderamente el Siervo de Dios para la salvación del mundo. No habrías podido servirnos mejor. Gracias a ti, Hijo de Dios, Siervo de Dios, Cordero de Dios, nos sentimos, y somos, efectivamente liberados. Como cordero llevado al matadero, en silencio, has realizado, al dar la vida, la obra más digna de ser proclamada y predicada en todas partes. El don que ofreces en Pascua, que nos renueva, es el bautismo en el Espíritu Santo. Señor, danos la valentía de Juan Bautista para anunciarte. Muéstranos tu rostro y ayúdanos a conocerte, para poder transmitir a todos la experiencia personal de encuentro con el Dios de la Vida.

Amén

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría. Añadimos nuestras intenciones de oración.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios»
(Versículos 34)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

En lo personal, vuelvo a leer la lectura. Me comprometo a ser “ofrecerme” para los demás, y lo haré de forma concreta en esta semana, ofreciendo mi tiempo, limosna, ayuda, escucha y/o consejo a quienes lo estén necesitando.

Con tu grupo, volvemos a leer la lectura. Hoy el evangelio nos invita a reconocer el cordero de Dios que nos salva. Como grupo realizaremos alguna actividad en la comunidad de modo que todos puedan reconocerse amados y redimidos por el cordero de Dios.

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