Evangelio del día – Lectio Divina Juan 6, 35-40

Lectio Divina
Miércoles, 22 de Abril de 2026
Miércoles III Semana de Pascua
José Eduardo Ramírez Erazo de Esquipulas, Guatemala ✍🏻🇬🇹

Invocación al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo,
amor del Padre y del Hijo.
Ven Espíritu Santo,
presencia viva entre nosotros.
Ven Espíritu Santo,
alimento que llena nuestra alma.
Ven Espíritu Santo,
fuente de mi salvación.
Ven Espíritu Santo,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

1. Lectura. ¿Qué dice el texto?
Evangelio según San Juan 6, 35-40

Jesús les respondió: “Yo soy el pan de vida. Quien venga a mí nunca tendrá hambre, y quien crea en mí nunca tendrá sed. Pero ya les he dicho que ustedes no creen, aunque me han visto. Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y de ninguna manera tiraré afuera a los que vienen a mí. Porque yo he bajado del cielo para hacer la voluntad del que me envió y no para hacer la mía. Y la voluntad del que me envió es esta: que ninguno de los que el Padre me ha dado se perderá, sino que los resucitaré en el día final. La voluntad del que me ha enviado es que todos los que han visto al Hijo y creen en Él tengan vida eterna; y yo, en el último día, los resucitaré”.
Palabra del Señor

Releamos el texto:
En el texto del Evangelio, Jesús nos hace una extraordinaria revelación: “Quien viene a mí no pasará hambre, quien cree en mí nunca tendrá sed”. No sólo nos sirve el banquete, sino que nos conduce a él. Nos conduce a la mesa del banquete y del amor, un nuevo pan que es mediación para alcanzar la nueva vida.
Con una realidad terrena, vital para nosotros, Jesús nos explica lo importante que Él es para nosotros, nos expresa por primera vez esa realidad en Él: “Yo Soy”, la cual en el Evangelio según san Juan se irá repitiendo muchas veces. Con la expresión “Yo Soy”, Jesús nos remite a la revelación divina participada a Moisés en el momento de su llamado. En aquella ocasión, en el monte Horeb, Dios reveló su nombre: “Yo soy el que soy” (Ex 3,14). En la revelación de su nombre a Moisés, Dios se definió esencialmente por el hecho de estar presente en medio de su pueblo. Con la definición que da de sí mismo, Jesús dice que Dios está presente en Él en función de nosotros los hombres y que está interesado por nosotros, por nuestra vida. Por lo tanto, Jesús en persona es la nueva y definitiva forma de la presencia poderosa y activa de Dios, dirigida no solamente a ser protección y guía, sino a ser comunión personal de vida. Jesús no quiere darnos solamente pan, sino también la eterna comunión personal de vida con Dios.

2. Meditación. ¿Qué me dice el texto?

En la lectura continuada que hemos venido realizando del Evangelio de San Juan en el capítulo 6, viene provocando en nosotros la reflexión profunda de que la relación con Jesús es mucho más profunda y cercana que la mera existencia física. Y, ¿cuál es el sentido espiritual de la vida? la vida verdadera, una nueva relación con Dios, una relación de amor y confianza que se realiza en la amistad con Jesús. Esta comunión de amor es la verdadera vida, la existencia plena. De ahí que sin Jesús puede que haya existencia, pero no vida. Ahora podemos entender mejor por qué a Jesús lo podemos llamar “el pan que da la vida”.
Por eso preguntémonos:
a. ¿Qué tipo de relación hay entre Jesús y yo?
b. ¿Mi relación con Él la siento vital o es una relación más?
c. ¿Realmente mi relación con Jesús trasciende mi existencia terrena?

3. Oración. ¿Qué me hace decirle al Señor el texto?

Tomemos las palabras de la Santísima Virgen María para hacerla nuestra oración:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad.
Aquí estoy para que tú obres en mí,
para que tu vida se fusione con la mía
y pueda yo ser signo visible,
para que el mundo sepa que Tú, Señor,
tu vida y tu amor,
están presentes en medio de nosotros.
Amén.

4. Contemplación ¿Qué cambios suscita en mi vida el texto?

“Yo Soy” nos dice el Señor. Él es todo para nosotros y se dio a nosotros para nuestra salvación, “que ninguno de los que el Padre me ha dado se perderá”. Preguntémonos:
¿De qué tengo hambre? y ¿qué hago para saciar esa hambre?
No sólo hay hambre de cosas materiales (las necesidades básicas del alimento, el vestido, la casa, el status profesional, etc.), también hay otras “hambres”, como, por ejemplo:
(a) hay hambre de la verdad (y no olvidemos que sólo en Jesús se encuentra la verdad de Dios);
(b) hay hambre de vida (y no olvidemos que sólo en Jesús encontramos vida en abundancia);
(c) hay hambre de amor (sólo en Jesús se encuentra el amor de supera las heridas del pecado y la separación final de la muerte).
Sólo Jesús puede satisfacer esa hambre más profunda que nos mantiene constantemente insatisfechos.

5. Acción ¿Qué me inspira a hacer por los demás el texto?

«¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?» (Hch 8,31)
Jesús, en los Evangelios, nos va guiando hasta Él, nos invita a sentirnos uno en Él. Pero cuántos hermanos nuestros hoy en día necesitan de esa presencia, del “Yo Soy”, del que está presente. Acaso nosotros vamos a “callar lo que hemos visto y oído” (Cf. Hch 4,10), lo que Él ha hecho en nuestra vida.
Los invito a que repensemos el texto, con la mirada puesta en el hermano que sufre, el hermano que se ha alejado de Dios, el hermano que espera que le anuncie lo que el Señor ha hecho en mi vida.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Acerca de Ramón Pané

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