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Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 11, 5-13

Lectio Divina por P. Antonio Arocha

Comencemos invocando al maestro interior: Espíritu Santo Consolador, ven con tu fuerza y con tu poder, que sin herir ni violentar, ofreces en la conciencia el susurro de lo que es bueno y mejor, para bien de cada persona y de la comunidad humana. Ven, sobre todo, a lo más íntimo de nuestro ser, donde se experimenta la turbación, el sinsentido, la desesperanza, la tristeza, el desánimo, el dolor y las lágrimas secretas. ¡Son tantos los que lloran sin que los mire nadie! ¡Son tantos los heridos de la vida que se creen incurables! ¡Son tantos los que piensan que no tiene remedio su dolencia!

PRIMER PASO

Lectura Lc 11, 5-13

Jesús agregó: «Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: ‘Amigo, préstame tres panes,
porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle’,
y desde adentro él le responde: ‘No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos’.
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.
Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?
¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan».

Breve estudio Bíblico

Lucas 11,5-7: La parábola que provoca. Como de costumbre, cuando tiene algo importante que enseñar, Jesús recurre a una comparación, a una parábola. Hoy nos cuenta una historia curiosa que termina en pregunta, y dirige esta pregunta a la gente que escucha y también a nosotros que hoy leemos o escuchamos la historia: «Si uno de ustedes tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: “Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: `No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos”. Antes de que Jesús dé la respuesta, quiere que nosotros demos nuestra opinión. ¿Qué contestarías: sí o no? Lucas 11,8: Jesús mismo responde a la provocación. Jesús da su respuesta: “Os aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestarle y le dará cuanto necesite”. Si no fuera Jesús, ¿tendrías el valor de inventar una historia en la que se sugiere que Dios atiende nuestras oraciones para verse libre de ser molestado? La respuesta de Jesús afianza el mensaje sobre la oración, a saber: Dios atiende siempre nuestra oración. Esta parábola recuerda otra, también en Lucas, la de la viuda que insiste en conseguir sus derechos ante el juez a quien no le importa ni Dios ni la justicia, y que atiende a la viuda no porque es justo, sino porque quiere librarse de la mujer inoportuna (Lc 18,3-5). Jesús saca luego unas conclusiones para aplicar el mensaje de la parábola a la vida.

SEGUNDO PASO

Meditación

No podemos dejar pasar la riqueza del evangelio hoy, el cual es una maravillosa Escuela de Padres. El ambiente familiar de las enseñanzas que Jesús propone después del “Padrenuestro” (Lc 11,1-4) es indudable. Allí se habla de la casa y de la familia del amigo, de sus hijos que no quiere importunar, de los papás que siempre piensan en lo mejor para sus hijos y sobre todo en el Papá Dios que da su ¡Espíritu Santo! como el mayor de sus dones para todos sus hijos. Es claro que Jesús se apoya en el mundo familiar para dar su enseñanza sobre la oración a los discípulos. ¡Así de importante es el mundo de la familia! Por eso hoy estamos invitados a ponerle mayor atención a la oración en familia. La oración individual es importante, pero la oración comunitaria en familia es mejor. La comunidad familiar encuentra en la oración un espacio que la hace crecer el espíritu del amor. Y viceversa, la vida de oración crece cuando es compartida con aquellos que recorren con nosotros los mismos camino de maduración, particularmente los de la fe. Es verdad que a veces no encontramos el tiempo para orar en familia. Cada uno tiene algo diferente que hacer, los horarios no coinciden ni tampoco los estados de ánimo. Sucede también que los momentos en que nos encontramos en casa coinciden con aquellos en los que estamos cansados y con menor disposición para la oración. Pero curiosamente es la oración lo que necesitamos cuando estamos así: ¡qué bueno comenzar con un compartir amplio sobre lo que hemos hecho, expresar sentimientos y explorar ideales! Luego podríamos unir todo en oración haciendo que lo de los otros también se haga nuestro en la presencia del Señor. Entonces percibiremos como la amorosa compañía de nuestro Padre celestial y también la de nuestros seres queridos termina siendo la constante de nuestra vida. La Biblia nos enseña que la vida de pareja tiene su raíz y su fuerza en la relación con Dios. Y cuando la relación encuentra esta raíz, cuenta también con una fuente que mantiene el amor siempre renovado, siempre en crecimiento y cada vez más perfecto. Entonces de los labios de la pareja van a salir espontáneamente expresiones de gratitud por la experiencia del amor recíproco, invocarán juntos el don de la generación de la vida, le pedirán ayuda al Señor para que acompañe y proteja la vida que está por nacer, le suplicarán la valentía para tener el gozo de perdonarse mutuamente y quererse cada día más. San Juan Pablo II nos ha enseñado que “sólo orando junto con los hijos, el padre y la madre descienden en profundidad en el corazón, dejando huellas que los siguientes eventos de la vida no podrán borrar” (Familiaris Consortio, 60). ¿Cómo reaccionas ante la provocación de la parábola? Una persona que vive en un piso pequeño en un gran ciudad, ¿cómo respondería? ¿Abriría la puerta? Cuando rezas, ¿rezas con la convicción de que vas a recibir algo? ¿Cuáles son las motivaciones que tengo para vivir y trabajar en la comunidad? ¿Cómo la comunidad me ayuda a corregir y mejorar mis motivaciones?

TERCER PASO

Oración

¡Señor enséñame a orar, que mi oración sea perseverante Señor!

CUARTO PASO

Contemplación

Rezar pausadamente el Padrenuestro

QUINTO PASO

Acción

Hacer el propósito de detenerse a hacer una breve oración con tu familia

Acerca de P. Antonio Arocha

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