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Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 14, 1. 7-11

Lectio Divina por Ramón E. Jiménez de Republica Dominicana

0- Invocación al Espíritu Santo

Espíritu Santo, llénanos de tu presencia, para que al escuchar y orar con tu santa Palabra, vivamos santamente. Espíritu Santo, invítanos, para que amemos las cosas santas. Espíritu Santo, danos tu fuerza, para poder defender con amor las cosas santas de nuestra fe y ponerlas en práctica. Espíritu Santo, ven en nuestra ayuda, para que no perdamos nunca el amor a tu verdad, y a las cosas santas, que Tú mismo creaste y espiritual unción.
Amén.

1- Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14,1.7-11

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste.» Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.» Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Palabra del Señor.

Lectura – ¿Qué dice el texto?

Lucas, en el Evangelio de hoy, inicia relatando la visita de Jesús a casa de un fariseo, señalando tres características: este es uno de los Jefes de los fariseos, fue invitado a comer, ósea a un banquete, y resalta que era día sábado. Recordemos que para los judíos de ayer y de hoy, el sábado es un día sagrado. También Lucas hace un énfasis que el Señor observaba como los invitados elijan los mejores puestos. He aquí la recomendación de Jesús a los convidados, que al ser invitados a cualquier evento público (aquí, él dice a un banquete de boda) seamos prudentes y actuemos con sencillez, esperando ser nosotros reconocidos y ubicados en el lugar que nos corresponda y jamás ser nosotros mismos los que pretendamos ser jueces repartidores de honra y superioridad para bienestar propio.
Jesús invierte el orden humano de pensar y actuar. No confundamos la humildad con dejarse aplastar y destruir, la humildad no es una auto degradación, sino es un reconocimiento de tus capacidades y ponerlas en práctica al servicio de los demás, además de reconocer sus limitaciones, sus pecados y buscar la ayuda para trabajar nuestra conversión.
Estamos invitados a conocernos a nosotros mismos y no caer en falsos escrúpulos, creernos más santos y perfectos que los demás, no ser merecedor de ningún bien, más que ser agradecidos y con sencillez aceptar el amor misericordioso de Dios. Aprendamos a ser sencillos con los demás y vivir con la humildad de sabernos pecadores perdonados.
Nos hacemos unas preguntas:
•¿Qué día y dónde fue invitado Jesús?
•¿A qué fue invitado?
•¿Cuál fue la observación que hizo Jesús sobre los convidados?
•¿Cuál es la recomendación al participar en un evento?

2- Meditación – ¿Qué me dice el texto?

Aquí dejemos que nos interpele la Palabra de Dios, siendo sinceros delante de su presencia.
•¿Soy de los que se sienten privilegiados o me hago yo mismo dueño de los primeros lugares en la comunidad por el hecho de tener un cargo o función principal?
•¿Me conozco lo suficiente para ver con humildad qué puesto o lugar lo da el Señor, más que para ser servido es para servir, y no para vivir de apariencias?
•¿Soy consciente de las veces que me engrandezco y ocupo del lugar no correspondido?
•¿Sé cuándo y cómo debo someterme y practicar la humildad desde la visión evangélica de Jesús?

3- Oración – ¿Qué le digo a Dios?

Señor Jesús, haz mi corazón puro y santo ante ti, manso y humilde de corazón, semejante al tuyo. Permíteme hacerme pequeño para que tú crezcas y, mientras voy disminuyendo, no me dejes caer en la vanagloria y en el creerme mejor que los demás. Quiero al final solo una sola petición, mi único anhelo, hacer tu voluntad. Aquí estoy Señor, desde mi debilidad hazte mi fortaleza, donde sea soberbio, transfórmame en un hombre de paz y bondad dándote la mayor gloria y honra a ti único Salvador.
Amén.

4- Contemplación – ¿Cómo lo interiorizo?

Esta frase lo envuelve todo en mi oración de este día ante la presencia del Señor, porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

5- Acción- ¿Cómo lo pondré en práctica?

Revisar mi comportamiento dentro y fuera de las actividades de fe, y poner la atención cuando quiera sobresalir a costa de opacar y hacer a un lado a los demás.

Acerca de Ramón Emilio Jímenez

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