Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 2, 22-40

Lectio Divina

Por Wendy Barrios de Guatemala 🇬🇹

Invocación al Espíritu Santo

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor:
haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría sin fin. Amén

Lectura: ¿Qué dice el texto?

Lectura Del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

Y , cuando llegó el día de su purificación, de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo.

Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con Él lo mandado en la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
—Ahora, Señor, según tu palabra,
puedes dejar que tu sirviente muera en paz
porque mis ojos han visto a tu salvación,
la que has dispuesto ante todos los pueblos
como luz para iluminar a los paganos
y como gloria de tu pueblo Israel.
El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño.
Simeón los bendijo y dijo a María, la madre:
—Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será signo de contradicción y así se manifestarán claramente los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón.
Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años, desde entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos. Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.
Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor.

Meditación: ¿Qué me dice el texto?

Los padres de Jesús, fieles a las tradiciones de su pueblo y a lo mandado por el Señor, cumplen los tres ritos establecidos por la ley: La circuncisión del niño a los ocho días de nacido, la imposición del nombre y la purificación de la madre. La liturgia se centra hoy en este último episodio. Hasta la última reforma del calendario litúrgico, el 2 de febrero recordaba la purificación de la Madre de Dios, porque este día cae 40 días después de la Navidad y los ritos de purificación se hacían precisamente 40 días después del nacimiento del niño. De todo este rico relato centramos ahora nuestra mirada en un singular personaje que destaca: El anciano profeta Simeón.

Cuando le llevan al niño, siente cumplida la promesa. Desde un rincón del mundo y encerrado en un templo, Simeón contempla en este niño pequeñito un faro gigantesco que alcanza todos los horizontes. Es la verdadera luz para alumbrar a las naciones. Es un satélite que irradia a todos los puntos del orbe, es la luz del mundo. Es, también, la gloria de Israel. La Gloria de Israel es el Señor. Simeón ve la gloria, la presencia radiante de Dios en ese minúsculo niño.

¿Lo aceptará el pueblo de Israel?¿Aceptarán su luz las naciones?¿La aceptaré yo?
¿Acepto yo a Jesús como luz y salvación? También Simeón le dice a María que una espada atravesará su corazón, aquí Simeón muestra otra oblación perfecta y única, la de la cruz que dará la salvación que Dios a preparado ante todos los pueblos. Jesús va a salvar al mundo en la cruz, y que es la cruz? La cruz es el ofrecimiento total de su vida a Dios padre por amor a nosotros. Y esa oblación total del amor ya comenzó hoy cuando Jesús es presentado en el templo.

Oración: ¿Qué le respondo al señor?

Oh señor Jesús te pido que te quedes en mi corazón, que sigas siendo el centro de mi vida y que sigas guiando mi caminar. Dame la fe que tuvo Simeón para asi poder entender lo que quieras para mí. Te doy gracias por tu gran sacrificio de amo

Contemplación: ¿Cómo interiorizo la Palabra de Dios?

Para este momento de la contemplación utilizaremos la siguiente frase del Evangelio:
Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu sirviente muera en paz porque mis ojos han visto a tu salvación.
Ya somos personas que hemos visto la gloria del Señor y sabemos que Él es la salvación.

Acción: ¿A qué me comprometo?

Para el momento de la acción sería bueno hacer lo que hicieron María y José con el niño, solo que nosotros lo haremos con nuestros problemas presentémoslos al señor a través de la Eucaristía y ofrezcámosle nuestros triunfos. De igual forma pidámosle por la conversión del mundo y sobre todo pedir por todos los niños no nacidos que son abortados y no llegan a conocer el don de la vida

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