Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 4, 24-30

LECTIO DIVINA
LUNES 9 DE MARZO DE 2026
Lunes III Semana de Cuaresma
Marlon Vaca de Ecuador ✍🏻🇪🇨

0 – Invocación

Precioso Espíritu Santo, hoy te necesito, hoy deseo con mi corazón ferviente que vengas, topes mis oídos y los abras que hoy deseo escuchar tu voz. Topa mi mente que hoy quiero aprender de ti. Topa mi corazón que hoy quiero hacer viva tu palabra en mi vida. Solo contigo este momento es especial, por ello te lo ruego, hoy te necesito. Ven precioso, ven. Amen

1 – Lectura Evangelio según san Lucas 4, 24-30

Jesús dijo: “Ciertamente les digo que ningún profeta es bienvenido en su propia tierra. Pero en verdad les digo que había muchas viudas en Israel en la época del profeta Elías, cuando no llovió durante tres años y seis meses, y hubo mucha hambre en toda la tierra, pero Dios no envió a Elías a ninguna de las viudas que vivían en Israel, sino solo a una viuda que vivía en Sarepta de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en la época del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino solo Naamán el sirio fue sanado”.

Cuando oyeron estas cosas, todos en la sinagoga estaban muy enojados; se levantaron, arrastraron a Jesús fuera de la ciudad y lo llevaron a la cima de la montaña donde se construyó la ciudad, para arrojarlo allí; pero Él pasó a través del medio de ellos y se fue.

¿Qué dice el texto?

Este pasaje se desarrolla dentro del inicio del ministerio público de Jesús. Anteriormente, en este mismo capítulo, Jesús había regresado a Nazaret, el lugar donde se había criado. Allí entró en la sinagoga y leyó el pasaje del profeta Isaías que hablaba del enviado de Dios que traería libertad, sanación y esperanza. Después de leerlo, Jesús afirmó algo que dejó a todos sorprendidos: que esa Escritura se cumplía en Él.

Al principio, las personas se maravillaban de sus palabras, pero también empezaban a cuestionarse entre ellos, preguntándose si acaso no era simplemente el hijo de José, alguien que ellos conocían desde pequeño. En ese contexto Jesús pronuncia las palabras que escuchamos en este pasaje, afirmando que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra.

Para explicar esto, Jesús menciona dos ejemplos del Antiguo Testamento. Primero recuerda al profeta Elías, en un tiempo de gran sequía y hambre, donde había muchas viudas en Israel que sufrían necesidad. Sin embargo, Dios envió al profeta a una viuda extranjera, en Sarepta de Sidón. Luego menciona al profeta Eliseo, cuando había muchos leprosos en Israel, pero el único que fue sanado fue Naamán, un hombre sirio.

Estos ejemplos tenían un significado muy fuerte para quienes lo escuchaban, porque mostraban que la gracia de Dios no está limitada solamente a un pueblo o a un grupo, sino que puede extenderse incluso a quienes son considerados extranjeros. Esto confrontaba directamente el orgullo y la mentalidad cerrada de algunos de los oyentes.

La reacción fue inmediata. Al escuchar estas palabras, las personas en la sinagoga se llenaron de ira. Pasaron rápidamente de la admiración al rechazo. Tanto fue su enojo que sacaron a Jesús fuera de la ciudad con la intención de arrojarlo desde lo alto de la montaña.

Sin embargo, el texto termina de una manera sorprendente: Jesús pasó en medio de ellos y se fue. Su misión todavía no había terminado y aún no había llegado su hora.

2 – Meditación. ¿Qué me dice a mí el texto?

Este pasaje es muy fuerte para nuestro corazón porque nos muestra cómo muchas veces podemos escuchar la palabra de Dios y aun así resistirnos a ella cuando nos confronta.

Primero podemos meditar sobre la actitud de las personas de Nazaret. Ellos conocían a Jesús desde pequeño y quizás por esa familiaridad no pudieron reconocer quién era realmente. Por ello podemos preguntarnos para reflexionar ¿acaso me he acostumbrado tanto a escuchar la palabra de Dios que ya no dejo que me sorprenda o me transforme?

Jesús también nos recuerda que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. Esto nos puede llevar a meditar si realmente estamos abiertos a escuchar la voz de Dios cuando viene de personas cercanas a nosotros. Por ello podemos preguntarnos ¿soy capaz de reconocer la voz de Dios incluso cuando me habla a través de personas que conozco o de situaciones cotidianas?

También vemos cómo la gracia de Dios puede llegar incluso a quienes nosotros menos esperamos. La viuda de Sarepta y Naamán el sirio eran extranjeros, pero recibieron la bendición de Dios. Por ello podemos meditar ¿tengo un corazón abierto a la misericordia de Dios para todos o a veces creo que su amor debería ser solo para algunos?

Finalmente podemos meditar sobre la reacción de rechazo que provoca la verdad. Cuando el corazón se cierra, incluso la palabra de Dios puede generar enojo o incomodidad. Por ello podemos preguntarnos ¿cómo reacciono cuando la palabra de Dios confronta mi vida o me invita a cambiar algo?

3 – Oración ¿Qué le respondo yo a Dios?

Señor Jesús,
muchas veces mi corazón se parece al de aquellos que te escuchaban en la sinagoga. A veces escucho tu palabra, pero me cuesta aceptarla cuando me confronta o cuando me pide cambiar algo en mi vida.

Te pido perdón por las veces que he cerrado mi corazón o he preferido quedarme en mis propias seguridades antes que escuchar tu voz con humildad.

Dame un corazón sencillo, capaz de reconocerte incluso en las cosas pequeñas de la vida. Ayúdame a no acostumbrarme a tu palabra, sino a escucharla cada día como si fuera nueva para mí.

Enséñame también a alegrarme cuando tu gracia llega a otros, incluso cuando no lo esperaba. Que nunca olvide que tu amor es para todos y que tu misericordia no tiene fronteras.

Permíteme seguirte con fidelidad y confiar en que tu camino siempre es el mejor para mi vida. Te amo Señor. Amen.

4 – Contemplación

Contemplemos en intimidad de nuestro ser, en nuestro lugar secreto donde solo Dios nos conoce, las palabras de Jesús.

“Ningún profeta es bienvenido en su propia tierra”

5 – Acción

Llevemos este texto a nuestra realidad y a nuestra vida diaria. Tal vez en estos días podemos hacer un pequeño ejercicio espiritual: detenernos un momento cuando escuchemos la palabra de Dios, ya sea en la misa, en una lectura o en una conversación, y preguntarnos sinceramente qué nos está queriendo decir el Señor.

También podemos abrir nuestro corazón a escuchar a quienes nos rodean, porque muchas veces Dios puede hablarnos a través de personas muy cercanas. Con una actitud humilde y sencilla, pidamos al Señor que nos ayude a no cerrar el corazón, sino a recibir su palabra y ponerla en práctica en nuestra vida.

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