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Evangelio del día – Lectio Divina Marcos 1, 40-45

Lectio Divina por Héctor David Martínez Martínez de Honduras

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INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu dador de vida, ¡cuánto podrías hacer conmigo si me dejara transformar por Ti!
¡Sería un instrumento que Tú podrías usar para comunicar a los hombres tus tesoros y tu gracia!
Espíritu Santo ayúdame a vivir tu Evangelio y cumplir la misión que me has encomendado.
Amén.

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 40-45:

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor.

LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?

Jesús a través de la enseñaza y de los signos, su gran objetivo: anunciar el Reino de Dios. Esta vez el protagonista de la escena es un leproso.

Estamos ante el encuentro de Jesús con una de las realidades más duras y dolientes de su época. Un encuentro que el evangelista describe con auténtica compasión: «se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: si quieres puedes limpiarme. Sintiendo lástima extendió la mano y lo tocó diciendo: quiero, queda limpio.

Vemos cómo Jesús escucha al leproso, atiende al marginal, toca al intocable, y compasivo, le cura. Preside la misericordia entrañable de esa luz de Dios que vino a disipar toda oscuridad. Y termina el relato con la desobediencia de este hombre a la advertencia de Jesús de no decírselo a nadie: comunicará a todos, y con gran fuerza, lo que a él le había ocurrido, haciendo del hecho una proclamación o predicación.

La pregunta que nos hacemos ante tantos otros leprosos y tantas otras lepras actuales: soledad, depresión, hambre, injusticia, guerra, sida… es: ¿cómo podría tocar hoy Jesús toda esta realidad?

Y la respuesta que nos da la historia cristiana es siempre la misma: con nuestras manos. No hay otras manos. Así lo dispuso Él. Acercar a través de nuestra pequeña, pero insustituible solicitud, la salvación y la Gracia que provienen de Él. Somos carne de Jesús. Somos su Cuerpo. Los varios leprosos de la maldición marginada –sea cual sea su nombre y su tragedia – nos esperan. También ellos, como ojalá nosotros, quieren proclamar a quien quiera escuchar que el Señor ha hecho con ellos misericordia. El Reino ha comenzado.

MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?

Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús, sintiendo lástima; extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero, queda limpio. Jesús se compadece mucho y se acerca a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente, simplemente, porque Él tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión.
Para ser imitadores de Cristo ante un pobre o un enfermo, no tenemos que tener miedo de mirarlo a los ojos y de acercarnos con ternura y compasión, y de tocarlo y abrazarlo, que el gesto de ayuda sea también un gesto de comunicación. También nosotros tenemos necesidad de ser acogidos por ellos, como gesto de ternura.

ORACIÓN. ¿QUÉ LE DECIMOS A DIOS?

Pon las manos sobre mí Jesús, como las pusiste sobre el leproso. Comunícame tu fuerza y energía, tu ternura y misericordia, tu capacidad de servicio y entrega.

Pon tus manos sobre mí Jesús, y líbrame del miedo y de la tristeza.
Amén.

CONTEMPLACIÓN. ¿CÓMO INTERIORIZAMOS LA PALABRA DE DIOS?

Jesús combate los males y los sufrimientos del mundo: haciéndose cargo de ellos y venciéndolos con la fuerza de la misericordia de Dios. Un gesto de ternura, un gesto de compasión… Pregúntate: Cuándo ayudas a los demás, ¿los miras a los ojos? ¿Los acoges sin miedo de tocarlos? ¿Los acoges con ternura?

Ante tantos leprosos y tantas lepras actuales: soledad, depresión, hambre, injusticia, guerra, sida… ¿Cómo podrías tocar hoy como lo hacía Jesús?

ACCIÓN. ¿A QUÉ ME COMPROMETO CON DIOS?

•Acepta y agradece que Dios te ha dado la vida y una misión a realizar con sus alegrías y dificultades.

•Ayuda a los hermanos que tienen «lepras»: problemas, dificultades, pecado… y acompáñalos a que los pongan en manos de Dios para que se haga su voluntad.

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