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Evangelio del día – Lectio Divina Mateo 9, 9-13

Lectio Divina por Héctor David Martínez Martínez de Honduras

Invocación al Espíritu Santo

Dios de amor, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones,
para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Texto Biblico: Del Evangelio según san Mateo 9, 9-13

Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: Sígueme. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores? Mas Él, al oírlo, dijo: No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Palabra del Señor

Meditación: ¿Qué me dice el texto?

Lo bonito del Evangelio de hoy es cuando: “Vio Jesús a un hombre”. Lo que explica todo en los relatos de vocación es la mirada de Jesús. Es muy difícil decir no a Jesús después de mirarte. Es una mirada cariñosa, limpia, sin prejuicios. Es una mirada de amor que entra, seduce, cautiva. Lo que ve Jesús es “la persona”. No ve ni le interesa ver las circunstancias de esta persona. Ni siquiera le importan sus pecados. La mirada de Jesús nunca se detiene en el pasado de esa persona. Es una mirada creativa, le interesa lo que puede ser, lo que esa persona está llamada a ser. Es curioso que aquel hombre, llamado Mateo, estaba sentado. Estaba anclado en su trabajo, feliz con su trabajo, bastante rentable, por cierto. Y, con sólo mirarle Jesús, se levantó y le siguió. Sólo la mirada de Jesús nos puede levantar de nuestros pecados, de nuestras frustraciones, de nuestra pasividad, de nuestra pereza. ¡Si supiéramos dejarnos mirar por Jesús! Lo primero que hace Mateo es invitarle a comer. Necesita celebrar ese encuentro, darle gracias, por haberse fijado en él a pesar de ser corrupto y colaboracionista de los romanos. No le ha recriminado nada, no le ha tenido en cuenta su pasado, y ha tenido la delicadeza de llamarlo para ser su apóstol. Los fariseos protestan. Jesús les dice que ha venido a curar a los enfermos y perdonar a los pecadores. Y este colaborador de los romanos hasta ahora, desde aquí en adelante, va a ser mi propio colaborador, mi apóstol, mi amigo, mi confidente.

¿Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado? (Silencio)

Oración: ¿Qué le decimos a Dios?

Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración:
Gracias, Jesús, por haberme llamado. Gracias porque, estando sentado en el sillón de mi comodidad, de mi frivolidad, de mi pereza, has sido capaz de levantarme. ¿Qué hubiera sido de mi vida sin tu mirada? Tu mirada me ha hecho bondadoso, amable, responsable, solidario. Yo soy lo que soy por el milagro de tu mirada.

Acción – Propósito

Buscar un poco de tiempo para agradecer el día en que Jesús me miró.

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