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Lectio Divina Dominical VI del Tiempo Ordinario Ciclo A

«No vine para abolir, sino para cumplir»

Hno. Ricardo Grzona, frp
Cristian Buiani, frp

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PRIMERA LECTURA: Eclesiásticos 15, 16-21
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 118, 1-2.4-5.17-18.33-34
SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 2, 6-10

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Mateo 5, 17-37

Jesús y la Ley
5-17: No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir.
5-18: Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una letra, ni una coma de la ley dejará de realizarse.
5-19: Por tanto, quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos.
5-20: Porque les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.
Respecto a la ofensa
5-21: Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. 5-22: Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame estúpido incurrirá en la pena del infierno de fuego.
5-23: Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 5-24: deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda.
5-25: Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. 5-26: Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo.
Respecto al adulterio
5-27: Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. 5-28: Pues yo les digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
5-29: Si tu ojo derecho te lleva a pecar, sácatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que ser arrojado entero al infierno. 5-30: Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que terminar entero en el infierno.
Respecto al divorcio
5-31: Se dijo: Quien repudie a su mujer que le dé acta de divorcio. 5-32: Pues yo les digo que quien repudia a su mujer –salvo en caso de concubinato– la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio.
Respecto a los juramentos
5-33: Ustedes, también, han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor. 5-34: Pues yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es trono de Dios; 5-35: ni por la tierra, que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey;
5-36: ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. 5-37: Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

En el día de hoy continuamos con la lectura del evangelio de San Mateo, en esta ocasión la lectura nos presenta a Jesús y su relación con la Ley. Del Mesías se esperaba que trajera la nueva Torá, su propia Torá. La Torá es el libro que contiene la Ley y la identidad del pueblo israelita.

Jesús viene a presentar una “nueva” Ley, basada ahora sobre la libertad; ahí radica la paradoja, una Ley para ser libres. Esa libertad, por tanto, tiene un contenido, una orientación, y por ello está en contradicción con todo lo que esclaviza. La “Torá del Mesías” es totalmente nueva, diferente, pero precisamente por eso “da cumplimiento” a la Torá de Moisés.

No se trata de abolir sino de dar cumplimiento, y este cumplimiento exige algo más y no algo menos de justicia, como Jesús dice a continuación: “Porque les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.”

Jesús viene a presentar cuatro grandes temas para ponerlos en cuestión; sobre la ofensa, el adulterio, el divorcio y respecto a los juramentos.

El A. Testamento dice no matarás, no cometerás adulterio, no jurarás: si caemos en la cuenta, no todos son asesinos, pero en el interior del hombre hay ira, odio, violencia; no todos son adúlteros, sin embargo los pensamientos y relaciones de los hombres no buscan la continuidad y la fidelidad; no todos juran, pero si levantan falsos testimonios y no van con la verdad por delante.

Jesús comenzando su predicación sobre el homicidio, cita el libro del Éxodo donde se encuentran escritos los mandamientos, conocidos también como la Ley.

Las penas aquí señaladas guardan relación con la gravedad de la ofensa. El “sanedrín” o Consejo era el Tribunal Supremo de los judíos; y el “infierno de fuego” o Gehena era un valle situado al sur de Jerusalén, en el cual los israelitas habían sacrificado antiguamente víctimas humanas al dios Moloc y por este motivo, simbolizaba el lugar del castigo más grave.

Jesús presenta algo novedoso para ese momento: la reconciliación. No dijo si tú tienes algo contra tu hermano, sino si tu hermano tiene algo contra ti, como imponiendo con más dureza la necesidad de reconciliación. La cuestión del Sanedrín y del infierno del fuego aparece como advertencias. No nos olvidemos que hablamos de homicidio y luego de ira, la ira hace perder la objetividad y aún al sabio lo hace necio y no se trata sólo de no matar sino también de no querer matar, de no querer causar daño. Porque Jesús es el Intérprete eminente de la ley, quien le da el sentido más profundo.

Siguiendo con la lógica anterior sobre el homicidio, cuando Jesús habla de adulterio no se trata sólo de no cometer adulterio, sino también de no querer cometerlo. Hay que tener también un corazón limpio y desinteresado. El ejemplo de Jesús nos habla del corazón y no de la mirada.

En tiempos de Jesús, las autoridades religiosas daban permisión para divorciarse por cualquier motivo, no sólo por infidelidad.  Ellos se excusaban diciendo que “estaba contemplado en la ley”, pero ése no era el espíritu de la Ley.  Jesús dijo: Pero yo les digo que quien repudia a su mujer –salvo en caso de concubinato– la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio. Más adelante en el libro de Mateo leeremos cuando Jesús explica que el divorcio no era parte del plan de Dios, sino que es consecuencia del pecado del hombre y la dureza del corazón del hombre.

El “cielo, la tierra y Jerusalén” eran fórmulas usadas para evitar jurar por Dios pero se referían a Él como se aclara en los versículos siguientes. Jesús sintetiza toda esa legislación en un sí…sí y no…no cuando corresponde, evitando las invectivas farisaicas al respecto. Es decir, que lleva el corazón de la cuestión de los juramentos, votos y promesas al lugar central: la credibilidad personal. La mejor manera de gozar de la credibilidad en el prójimo no es haciendo promesas irresponsables como suelen hacer los demagogos, sino diciendo la verdad.

Preguntas para recordar el texto bíblico:

  1. ¿Cómo inicia el relato? ¿Qué dice Jesús que ha venido a hacer?
  2. ¿Cuál será la relación entre en cumplimiento de la Ley y el Reino de los Cielos?
  3. ¿Cuáles son los cuatro grandes temas que Jesús presenta en este relato?
  4. ¿Qué decía la Ley sobre el homicidio? ¿Qué dice Jesús? ¿Qué ejemplos presenta?
  5. ¿Qué decía la Ley sobre el adulterio? ¿Y qué dice Jesús? ¿Qué ejemplos presenta?
  6. ¿Qué decía la Ley sobre sobre el juramento? ¿Y Jesús que dice sobre ello? ¿Qué ejemplo nos presenta?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. ¿Vivo los mandamientos como una norma rígida y pesada con la cual debo cargar, o más bien como aquello que ordena mi vida y me conduce a la libertad?
  2. ¿Me esfuerzo por vivir los mandamientos cada día? ¿Comprendo que la recompensa está en el Reino de los Cielos?
  3. ¿De qué sirve cumplir la Ley si carezco de amor? ¿Comprendo que la plenitud de la Ley radica en el amor?
  4. ¿Qué me dice el mandamiento “no matarás”, siento que me es ajeno? ¿Con que actitudes, gestos o pensamientos elimino a mis hermanos de mi vida? ¿De qué modo vivo este llamo a la reconciliación? ¿Soy de los que esperan que el otro tome la iniciativa? ¿A partir de ahora estoy dispuesto a ser yo quien dé el primer paso?
  5. ¿Comprendo que Jesús quiere de nosotros corazones puros y limpios? ¿Qué significa para mí vivir la pureza? ¿Qué debo cambiar y/u ordenar en mi vida? ¿Entiendo que solo aquellos que tienen un corazón puro y limpio pueden ver de mejor modo a Dios?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

Tú conoces mejor que nadie mi
debilidad y mi pequeñez,
pero también conoces cuánto
quiero responder a tu amor.
Te pido que, así como viniste a perfeccionar la Ley judía,
perfecciones la sinceridad, la humildad,
la entrega y la pureza de mi corazón.
Te pido que donde esté yo 
otros puedan verte a ti.
Que donde esté yo 
otros puedan verte en mí.
Quiero ser transparencia de tu amor. 
Hazme fuente de tus aguas, Señor.
Hazme cauce de tu vida para todos.
Donde esté yo
que puedan verte en mí.

Amén

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría. Añadimos nuestras intenciones de oración.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Como interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«No vine para abolir, sino para cumplir»
(Versículos 17)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

En lo personal, me comprometo ser un cristiano coherente siempre y en todo lugar. En estos días buscaré las formas de invitar a otros a orar juntos, viviendo el momento desde la pequeñez y la humildad.

Con tu grupo, nos comprometemos a ser una comunidad dispuesta a ser luz de Cristo para los demás. Por eso planeamos una campaña para que los miembros del barrio puedan aprender a orar, utilizando recursos novedosos y creativos; para que todos puedan acercarse a Dios y conocer cuánto nos ama.

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