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Lectio Divina Dominical XIII del Tiempo Ordinario Ciclo A

«Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí»

Hno. Ricardo Grzona, frp

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PRIMERA LECTURA: II Reyes 4:8-11, 14-16
SALMO RESPONSORIAL:  Salmo 89:2-3, 16-19
SEGUNDA LECTURA: Romanos 6:3-4, 8-11

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

-Amén-

TEXTO BÍBLICO: Mateo 10, 37-42

10,37: Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. 10,38: Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí.
10,39: Quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la conservará.
Recompensas
10,40: El que los recibe a ustedes a mí me recibe; quien me recibe a mí recibe al que me envió.
10,41: Quien recibe a un profeta por su condición de profeta tendrá paga de profeta; quien recibe a un justo por su condición de justo tendrá paga de justo.
10,42: Quien dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su condición de discípulo, les aseguro que no quedará sin recompensa.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

La Iglesia nos presenta para este Domingo el Evangelio de San Mateo donde hay un largo discurso sobre el discipulado o seguimiento del Señor. Esta parte es un extracto del mismo. Debemos entenderlo con toda su claridad.

Comienza con el amor. Quien ama a los seres cercanos más que a Jesús, no podrá ser un verdadero discípulo. Mateo está dejando en claro lo que el Maestro nos dice. No se trata de no amar a los demás, al contrario, amarlos en gran medida. Pero este amor no debe ser de posesión, sino de entrega. El amor primero y absoluto a Jesús. Aquí es importante entender que para un judío el mandamiento primero está dado en el libro del Deuteronomio donde dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma y con toda tu mente” (DT 6,5). Es aquí donde muy claramente Jesús está dando a entender que Él es ese Dios único y verdadero al que hay que amar con todas las dimensiones de la vida. Es evidente que para los que lo escuchaban habrá sido un gran escándalo, porque un hombre debería igualarse a Dios. Todo esto se entenderá más claro después de la resurrección de Jesús.

El ser digno, es un tema que hay que profundizar. La dignidad está correspondiente a un mérito. Por lo tanto, podríamos traducir que Jesús nos dijera “no has hecho ningún mérito para calificar como mi discípulo”. Es evidente que los lazos familiares en la época de Jesús eran muy grandes, por eso este ejemplo. En verdad son frases fuertes, no son para tomarlas a la ligera.

Tomar la cruz y seguir al Señor, es evidentemente asumir la vida propia, sabiendo que llegaremos hasta el fin. No creerse ni inmortales ni que nuestras acciones son para siempre. La teología nos dirá que para redimir hay que asumir. Es el proceso de la vida sin querer otra cosa más que lo que agrada al Señor. No estamos para agradarnos a nosotros mismos, sino que el seguimiento de Cristo, implica seguir a alguien que por decir la verdad es crucificado. Es una invitación a la verdad y a la radicalidad del Evangelio.

La vida en este mundo no es para siempre, ya que, por el pecado original nosotros deberemos pasar por la muerte. Pero Jesús con su muerte nos liberó de la atadura de la muerte eterna y nos invita a resucitar con Él. Por este motivo, amar la propia vida en este mundo, es amar algo que algún día desaparecerá. Sólo nuestra alma inmortal permanecerá. La vida debe ser vivida a plenitud para servir, para dejar huellas, para que después de nuestro paso por este mundo terrenal, pueda haber un cambio para bien, en el tema de valores dados por nuestras vidas virtuosas.

En otros capítulos Mateo nos recuerda que Jesús criticó a los que se aferran a la vida y las riquezas de este mundo. Todo esto acabará. Pero este texto culmina con la esperanza que quien reciba a los discípulos de Jesús y los atienda, Jesús mismo se sentirá atendido y recibirán todos una buena recompensa.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cómo comienza este texto? ¿A quién hay que amar más? ¿Qué pasará si no?
  2. ¿Porqué Jesús dijo esto?
  3. ¿Qué quiso decir Jesús con tomar cada uno su cruz y seguirlo?
  4. ¿Qué significado tiene ser digno de Jesús?
  5. ¿Qué pasará con quien reciba a alguien que viene en nombre de Jesús?
  6. ¿Cómo culmina el texto?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. ¿Estoy convencido que debo amar más a Jesús que a los demás?
  2. En mi relación con los demás ¿Soy posesivo? ¿Amo más a los demás que Dios? ¿Está bien esta forma de sentir?
  3. ¿Creo de verdad que Jesús es el Hijo Único de Dios verdadero y por esa razón debo amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con toda mi mente? ¿Qué implican todas estas formas de amor incondicional?
  4. En mi vida cotidiana ¿Asumo las responsabilidades diarias con alegría dando testimonio de amor a Jesús y de ser su discípulo?
  5. ¿Cómo es mi relación conmigo mismo y con mi vida? ¿Me aferro a la vida, a los placeres y al tener temporal? ¿Entiendo que estoy de paso en este mundo, y que para ganar la vida eterna debo hacer un proceso de renuncia a lo que tengo, a lo que veo, a lo que siento?
  6. Si estoy convencido de ser un discípulo de Jesús ¿Entiendo que debo predicar su Palabra y a aquellos que la reciben tendrán su recompensa?
  7. Ser testimonio de Jesús y ser su mensajero, implica una gran responsabilidad. ¿Cuál es ese cambio notorio que debo hacer en mi vida para demostrar que soy discípulo y misionero?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:

Te invito hoy a que tomemos el Credo:

Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, JESUCRISTO,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz.
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación, bajó del cielo;
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el ESPÍRITU SANTO,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo,
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero en la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.

Y pedimos a Dios para seamos nosotros, discípulos de Jesús, los que continuemos como misioneros con la Historia de Salvación.

Hacemos un momento de silencio para responder al Señor y demos gracias porque nos llena de alegría.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

-Amen-

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí»
(Versículos 38)

Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, releo el texto con profundidad y me propongo poner en práctica el amor a Jesús más que a aquellos más cercanos a mí. Voy a realizar una visita a algún enfermo o a alguien que necesite mi ayuda. Lo haré por amor a Jesús, dando testimonio de ser su seguidor.

En el grupo. Nos preparamos con alguna dinámica sobre el amor, sobre la cruz y sobre aferrarse a la vida. Podemos invitar a otros a que participen también porque queremos explicarles el texto del Evangelio. Y para hacer creíble esta lectura, que se hace vida en cada uno de nosotros y en nuestro grupo buscamos entre las obras de misericordia alguna en que podamos demostrar a los demás que sí creemos en Jesús.

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