Lectio Divina Dominical XVI del Tiempo Ordinario Ciclo A

«El que tiene oídos, que escuche»

Hno. Ricardo Grzona, frp

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PRIMERA LECTURA: Sabiduría 12, 13.16-19
SALMO RESPONSORIAL:  Salmo 85, 5-6.9-10.15-16a
SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 26-27

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

-Amén-

TEXTO BÍBLICO: Mateo 13, 24-43

24 Les contó otra parábola, diciendo:

“El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buenas semillas en sus tierras. 25 Una noche, cuando todos dormían, vino un enemigo, sembró una mala hierba entre el trigo, y luego se fue. 26 Cuando las plantas crecieron y se formaron las espigas, apareció también la cizaña. 27 Entonces llegaron los empleados del terrateniente y dijeron: ‘Señor, usted sembró buenas semillas en su tierra. ¿De dónde vino esta cizaña?

28 Él les respondió: ‘¡Fue algún enemigo quien hizo esto!’, y los trabajadores le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a quitarla?’

29 ‘No’, les respondió, ‘porque cuando vayan a quitar la paja, también podrán arrancar el trigo. 30 Dejen que el trigo y la paja crezcan juntos hasta el momento de la cosecha. Luego les diré a los trabajadores que van a cortar la cosecha: ‘Primero, arranquen la paja y átenla en paquetes para que se queme, pero recojan el trigo y pónganlo en mi almacén’”.

31 Jesús les propuso otra parábola:

“El Reino de los Cielos es como una semilla de mostaza, que un hombre toma y siembra en su tierra. 32 Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, se convierte en la más grande de todas las plantas. Incluso se convierte en un árbol, por lo que las aves vienen y anidan en sus ramas”.

33 Jesús les contó otra parábola:

“El Reino de los Cielos es como la levadura que una mujer toma y mezcla en tres medidas de harina, hasta que se extiende por toda la masa”.

34 Todas estas cosas Jesús las contó en parábolas a la gente, y nada les decía sin que no fuera a través de parábolas. 35 Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta: “Abriré mi boca con parábolas; explicaré cosas desconocidas desde la creación del mundo” (Sal 78:2).

36 Entonces Jesús despidió a la multitud y entró en la casa, y sus discípulos se acercaron a Él diciéndole: “Cuéntanos qué significa la parábola de la cizaña”.

37 Él les respondió:

“Quien siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. 38 El terreno es el mundo. La buena semilla son las personas que pertenecen al Reino y la cizaña, las que pertenecen al Maligno. 39 El enemigo que siembra la cizaña es el mismo diablo. La cosecha es el fin de los tiempos, y los cosechadores son los ángeles. 40 Así como la paja se recoge y se arroja al fuego, así será al final de los tiempos. 41 El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y sacarán de su Reino a todos los que hacen pecar a otros y también a todos los que hacen el mal; 42 luego los arrojarán al horno de fuego, donde habrá llanto y rechinar dientes. 43 Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tiene oídos, que escuche”.

TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Mateo nos dice que Jesús utilizará el género literario llamado parábola para explicar la realidad del Reino de Dios. Pero esta explicación es muy diferente de las expectativas que tienen sus oyentes, especialmente el pueblo que esperaba una restauración completa de la nación. Ellos estaban esperando un líder político (recordemos que toda la nación estaba ahora bajo el dominio del poder del Imperio Romano).  Tal vez hasta sus mismos discípulos se sienten confundidos por las mismas resistencias que tienen las distintas corrientes ideológicas y religiosas como los fariseos, los zelostas, esenios, etc., quienes creían que había que formar una comunidad de “justos”, claramente separados de los malvados y de los infieles. Así entonces se iría preparando la venida del Reino de Dios.

Pero Jesús en cambio, les hace comprender que el Reino está presente y crece desde ahora, aunque su desarrollo completo, tenga obstáculos, como lo explica en la parábola con la cizaña, que siembra el enemigo.

Jesús aclara que la eliminación definitiva de las fuerzas del mal no vendrá sino hasta el final de los tiempos, cuando Él vuelva a juzgar a todos. Entonces es necesario entender que los momentos que se viven deban caracterizarse por la paciencia, la esperanza y la confianza.

Dios mismo intervendrá para destruir el mal y tutelar a los que le pertenecen, pero no corresponde ahra proceder a una depuración de la humanidad, pues no tenemos los medios espirituales ni la autoridad de Dios. Nos toca por nuestra parte incrementar el bien y hacerlo desarrollar.

Por ejemplo, en el grano de mostaza y la levadura, nos damos cuenta que son pequeños, insignificantes, pero que crecen y hacen crecer. Hay una potencia en el interior de los mismos.

Jesús también nos advierte que la comunidad de perfectos hijos de Dios no será nunca en el mundo, deberá tolerar en su interior individuos turbulentos y ser capaz de superar las ocasiones de tropiezo.

El trabajo por apoyar el Reino y hacer conocer la Buena Noticia desembocará en la gloria, cuando el Hijo del Hombre entregará el Reino al Padre. En todas estas parábolas, hay un proyecto divino sobre el cosmos, porque lo que estaba oculto desde la creación, se está mostrando ahora a los ojos del pueblo.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cuál es la primera parábola que narra Jesús en este pasaje? ¿Qué sembró una persona?
  2. ¿Quién vino después y qué hizo en su campo?
  3. ¿Qué le dijeron los sirvientes al dueño del campo? ¿Qué querían hacer?
  4. ¿Qué les contestó el dueño del campo?
  5. ¿Cuál fue la siguiente parábola que Jesús usó para comparar el Reino de los cielos?
  6. ¿Cómo es el Reino entonces?
  7. ¿Hay una tercera parábola? ¿Quiénes son los destinatarios de esta parábola?
  8. ¿Qué pasó cuando los discípulos se quedaron solos con Jesús? ¿Qué le pidieron?
  9. ¿Cómo explicó Jesús la parábola de la buena semilla y la cizaña? ¿Qué significa cada una?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

    1. ¿Estoy atento a las enseñanzas de Jesús? ¿Sigo con frecuencia su palabra?
    2. ¿Cómo podría yo hoy interpretar la parábola de la buena semilla y la cizaña en mi propia vida?
    3. ¿Tengo algo parecido que pueda entender en mi vida? ¿Seré yo como ese campo donde hay sembrada semilla buena y cizaña?
    4. ¿Cómo puedo yo hoy entender la parábola de la semilla de mostaza en mi vida? ¿Será que una buena acción a favor de la evangelización puede llevar adelante un proceso que no espero, como el árbol de mostaza, que creció mucho, por la fuerza que hay dentro de la semilla?
    5. Y la parábola de la levadura en la masa ¿Tendrá que ver también con el proceso de evangelización?
    6. ¿Cómo me siento yo frente a la explicación de la parábola de la buena semilla y la cizaña? ¿Entiendo que la cizaña puede estar dentro de mí y que puedo ser yo mismo el generador de hacerla crecer? ¿Entiendo cuál será el final?
  1. No puedo decir ahora que Jesús no habló con claridad para mí.

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:

Gracias Señor por tu Palabra Salvadora.
Gracias, porque voy entendiendo cada vez más que yo soy parte de tu Reino, que no es algo fuera de mí, sino dentro mío.
Señor, Tú sabes cómo es mi interior, tú sabes mejor que nadie cómo soy y cuánto esfuerzo hago para que “el campo de mi vida” esté bien preparado para que Tú siembres la buena semilla. Ayúdame Señor, a resistir la cizaña. Pero sobre todo ayúdame a entender que el enemigo ronda sobre mí, y quiere acabar con la buena cosecha.
Dame el valor de resistir estas tentaciones, de dejar ahogar la semilla buena con la cizaña. Señor Tú sabes de mi amor por Ti, no dejes que la tentación sea más fuerte.
Deja que en mí crezca la fe y la esperanza como la semilla de mostaza.
Señor, dame la gracia de poder ser evangelizador, de poner como la levadura en la masa, la buena Noticia en el corazón de mis hermanos. Que me sienta misionero, que pueda colaborar con el Reino.

Hacemos un momento de silencio para responder al Señor y demos gracias porque nos llena de alegría.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

-Amén-

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«El que tiene oídos, que escuche»
(Versículos 43)

Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo. Me propongo releer con profundidad este texto bíblico. Ver de aplicarlo a mi propia vida. Y responder con mayor profundidad las mismas preguntas que tengo internamente. Voy a realizar una acción evangelizadora, haciendo de mi vida actos concretos con personas concretas que necesitan conocer a Jesús. Identifica esas personas, ve a orar con ellas, dales el consuelo del Evangelio y preséntales el esplendor de la verdad que es Jesús. El acto de caridad más importante es sacar de la ignorancia religiosa a quien ha sido envuelto por la cizaña. Lo hacemos sin juzgar, sino con caridad.

En el grupo. Dramatizar estas parábolas, así nos van entrando las ideas desde otra forma. También puede ser ponerle música y cantarlas. Esto nos ayudará para entenderlas mejor. Pero no estaría completo si no hacemos un acto de caridad. Vamos a ir, como la levadura en la masa, a algún lugar donde necesiten nuestros servicios. Puede ser en lugares muy pobres, donde podemos ayudar, o bien donde podemos dar testimonio de la buena semilla sembrada en nosotros. Privilegiando los más alejados y marginados, como los elegidos por el Señor, para acompañarlos y pasar nuestro tiempo con ellos.

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