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Lectio Divina Dominical XXIX del Tiempo Ordinario Ciclo A

«Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

Hno. Ricardo Grzona, frp

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PRIMERA LECTURA: Isaías 45, 1. 4-6
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 95
SEGUNDA LECTURA: 1 Tesalonicenses 1, 1-5b

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

-Amén-

TEXTO BÍBLICO: Mateo 22, 15-21

22,15: Entonces los fariseos se reunieron para buscar un modo de enredarlo con sus palabras. 22,16: Le enviaron algunos discípulos suyos acompañados de herodianos, que le dijeron:
   —Maestro, nos consta que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y que no te fijas en la condición de las personas porque eres imparcial. 22,17: Dinos tu opinión: ¿es lícito pagar tributo al César o no?
  22,18: Jesús, adivinando su mala intención, les dijo:
   —¿Por qué me tientan, hipócritas? 22,19: Muéstrenme la moneda del tributo.
   Le presentaron un denario.
  22,20: Y él les dice:
   —¿De quién es esta imagen y esta inscripción?
  22,21: Contestan:
   —Del César.
   Entonces les dijo:
   —Den, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

San Mateo presentará algunas controversias que van a ir dirigidas por grupos representativos del judaísmo oficial. En este caso es a los fariseos, que están buscando encontrar en Jesús algún error o algo más claro para enjuiciarlo. Debemos recordar que los judíos se encontraban en épocas de Jesús bajo la dominación romana, y ellos debían pagar tributo al César en Roma. Para ellos era un insulto tener una moneda con la cara del César que se decía que era un dios, ya sólo ese hecho era una blasfemia. Y sobre todo, porque todo lo que ellos contribuían nada quedaba para su nación, sino que iba al gran imperio.

Pero los fariseos quieren tenderle una trampa a Jesús. “¿hay que pagar tributo al César”? esto tiene una connotación política y religiosa. Obviamente para la mayoría de los rabinos o maestros en Israel, es ilícito hacerlo. Entonces si Jesús decía que sí, se mostraba contrario a la nación de Israel, y como el estado estaba unido a lo religioso, la falta también era religiosa. Pero si decía que no, entonces estaba contraviniendo las leyes romanas y era fácil entonces acusarlo con los romanos. No vamos a decir que entre los grupos había muchas divisiones entre sí. Pero en este caso, cualquiera fuera la respuesta de Jesús por sí o por no, entonces, ya estaba condenándose a sí mismo por lo que dijera.

La respuesta de Jesús supera totalmente los niveles de lo que está permitido o prohibido. Él no se inclina ni por la resignación al orden constituido (que obviamente era injusto pues fue una ocupación violenta y sangrienta), ni por el rechazo de este orden. Para empezar pone a sus interlocutores frente a su propia maldad, más precisamente frente a su hipocresía, que consiste aquí en fingir el estar preocupados por la situación, cuando en realidad lo que quieren es hacer caer a Jesús en la trampa, perjudicándolo.

Jesús, muy sencillamente pide que le muestre una moneda con la cara del emperador (era la moneda que corría en todo el imperio). Y entonces Jesús devuelve la pregunta con otra pregunta: ¿De quien es la cara y la inscripción que hay en esta moneda? Era obvio, es el César y por lo tanto entonces la respuesta final de Jesús es la separación de las cosas de este mundo diciéndoles que le den al César, lo que le corresponde, es decir el dinero, símbolo del poder político y administrativo. Pero también aclara que hay que darle a Dios lo que es de Dios. A Dios le pertenece toda la vida, como dice el Deuteronomio 6,4 “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Mateo también lo cita en este mismo capítulo en el versículo 37).

La entrega plena, absoluta a Dios como único Señor, no admite compromisos ni indiferencias. O se es o no se es religioso. No se puede amar a Dios y al dinero o al poder.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Quiénes fueron a ver a Jesús? ¿Cuál era la intención que tenían?
  2. ¿Cuál fue la pregunta que le plantean a Jesús?
  3. ¿Qué pidió Jesús para poder dar la respuesta?
  4. ¿Quién figuraba en la moneda que le trajeron?
  5. ¿Cuál fue la conclusión de Jesús ante estas respuestas que en la moneda estaba el César Romano?
  6. ¿Qué quiere decir con todo esto?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación

  1. En muchas ocasiones quisiéramos que Jesús cumpla lo que nosotros caprichosamente le pedimos ¿Soy consciente que en muchos momentos le hago planteos al Señor que tienen que ver con mis caprichos?
  2. ¿Cuáles son esas veces en que me dirijo al Señor queriendo que haga las cosas según mi manera? ¿Podría identificar cómo le miento y me engaño a mí mismo?
  3. Dirigirme al Señor significa también atender sus enseñanzas. ¿Cuál es la enseñanza que saco yo del Evangelio con frecuencia?
  4. Mi lectura del Evangelio ¿es para saber datos o para relacionarme con el Señor en forma personal?
  5. ¿Qué puedo sacar como conclusión para mi vida de este texto? ¿Le doy a Dios lo que es de Dios, es decir mi vida, mi corazón, mi sentir, mi pensar, todo mi ser?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:

Te propongo que tomemos la Segunda Lectura a manera de oración. Léela despacio, toma nota de todo lo que dice el apóstol y procura que también sean tus propias palabras las que asumes como oración.

1,2: Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, teniéndolos presentes en nuestras oraciones, 1,3: recordando su fe activa, su amor entrañable y su esperanza perseverante en nuestro Señor Jesucristo ante Dios nuestro Padre.
  1,4: Nos consta, hermanos queridos de Dios, que ustedes han sido elegidos; 1,5: porque, cuando les anunciamos la Buena Noticia, no fue sólo con palabras, sino con la eficacia del Espíritu Santo y con fruto abundante. (1 Tesalonicenses)

Hacemos un momento de silencio para responder al Señor y demos gracias porque nos llena de alegría.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

-Amén-

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»
(Versículo 21)

Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Y trato de reflexionar sobre las veces que tiento a Dios y quiero que Él haga lo que yo le pido. Ahora, luego de esta reflexión, para mostrar que mi vida pertenece a Dios y soy de Dios, voy a realizar obras de caridad en nombre del Señor. Puedo acompañar principalmente a alguien que esté pasando por alguna crisis de fe, o a alguien necesitado. También como signo de desprendimiento voy a dar una limosna a alguien que verdaderamente lo necesite o ayudar a mantener alguna obra de la Iglesia. Muchas veces nuestra religiosidad es algo intelectual y nunca toca nuestro bolsillo. Lo que tenemos, poco o mucho, debemos compartirlo.

En el grupo, nos planteamos cuántas veces estamos tentando al Señor de muchas maneras. Ver cómo podemos ayudarnos como grupo, como comunidad. Hacer un esfuerzo para poder apoyarnos. Y realizar una obra de caridad, que incluya también un sacrificio económico de parte nuestra, para demostrar así que no estamos atados al dinero, sino que lo que tenemos es para administrarlo en nombre del Señor.

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