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Lectio Divina Dominical XXX del Tiempo Ordinario Ciclo A

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas»

Hno. Ricardo Grzona, frp

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PRIMERA LECTURA: Éxodo 22, 20-26
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 17
SEGUNDA LECTURA: 1 Tesalonicenses 1, 5c-10

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

-Amén-

TEXTO BÍBLICO: Mateo 22, 34-40

 22,34: Al saber los fariseos que (Jesús) había tapado la boca a los saduceos, se reunieron alrededor de él; 22,35: y uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente:
  22,36: —Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley?
  22,37: Jesús le respondió:
   —Amarás al Señor tu Dios
   con todo tu corazón,
   con toda tu alma,
   y con toda tu mente.
  22,38: Éste es el precepto más importante; 22,39: pero el segundo es equivalente:
   Amarás al prójimo
   como a ti mismo.
  22,40: De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

San Mateo escribe para una comunidad que está pasando por el exilio y que en gran parte son muchos judíos que se han convertido en seguidores y discípulos de Jesús. Hay otros también provenientes del mundo griego, pero lo que le importa a Mateo es dejar muy bien asentado cuál es el misterio profundo de Jesús, el Señor, como un nuevo legislador de las leyes de Israel. Este pasaje es muy importante.

Del domingo anterior a este, estamos leyendo el capítulo 22 de Mateo. Hemos dejado sin leer los versículos 23 al 33 que te recomendamos que leas para comprender mejor este entero momento. Jesús había sido antes abordado de muchas maneras para tenderle trampas. Primero los fariseos, con lo de los impuestos. Luego los saduceos con el tema de la resurrección. En este pasaje, vuelven los fariseos (es de aclarar que entre los grupos que estaban divididos los maestros de la Ley, no se llevaban bien entre ellos por motivos de creencias), y uno de ellos, que era doctor de la Ley, pone a Jesús una pregunta, e incluso lo llama a Jesús “maestro” (éste es un título de reconocimiento de la autoridad de Jesús, sobre todo porque viene de un doctor de la Ley de Moisés).

La respuesta de Jesús, comienza siendo la más cercana a lo que todo buen judío escuchó de la centralidad de la Ley de Moisés, citando el Deuteronomio 6, 4-5:

6,4: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es solamente uno. 6,5: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Estas palabras que vienen repitiéndose de generación en generación, son como lo más importante para un buen judío. Era la declaración en medio de pueblos que divagaban por muchos ídolos, que sólo existe un Dios verdadero y que la centralidad de la vida era adorarlo y amarlo con todo el ser, que pone por las diferentes partes de la vida: Corazón, que equivale a los sentimientos; alma, que equivale a la escencia misma de cada persona y las fuerzas, que implica la vida terrenal hasta el último respire. Es decir amar a Dios todo el tiempo, sin desviarse del amor hacia Él. Esta es la escencia de todo el Antiguo Testamento.

Y para recordarlo, el Deuteronomio sugiere lo siguiente, de manera que aún hoy podemos ver a los practicantes judíos cumpliendo este mandato:

  6,6: Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, 6,7: se las inculcarás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; 6,8: las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; 6,9: las escribirás en las columnas y en las puertas de tu casa.

Pero Jesús, va más allá, diciendo que el segundo mandamiento es muy parecido al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (recordado también el libro del Levítico, 19, 18). Es decir, la Ley completa de Israel debe ser cumplida, pero no en apariencias, sino en verdad y justicia. En esto consiste que es una ley para la vida, y no para la esclavitud. Entonces la respuesta de Jesús, amplía en su síntesis todo el Antiguo Testamento: Amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como se ama a uno mismo.  Valdría la pena profundizar bien estos dos aspectos de lo señalado por Jesús.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Quiénes fueron a ver a Jesús? ¿Cuál fue el motivo? ¿Quiénes habían ido antes?
  2. ¿Cuál es la pregunta central que le hace este “Doctor de la Ley”?
  3. ¿Cómo contesta Jesús? ¿Qué libro del Antiguo Testamento está citando?
  4. ¿Luego Jesús añade algo más? ¿Qué es lo que dice? ¿Cuál es el otro libro del Antiguo Testamento que cita?
  5. ¿Cómo termina Jesús este diálogo? ¿Qué es lo que Él señala?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación

  1. En muchas ocasiones quisiéramos que Jesús nos volviera a decir cómo ser buenos cristianos. Nos gustaría mucho, que inclusive viniera en persona a recordárnoslo. ¿Tú eres de esos que preferiría que el mismo Jesús estuviera dándote estos datos?
  2. ¿Qué significaría para ti “amar a Dios sobre todas las cosas”?
  3. Cuando dice Jesús Amarás a al Señor con todo tu corazón: ¿Es de verdad que tu corazón, es decir tus sentimientos están dirigidos hacia el Señor y por el Señor? ¿O amas más a otras cosas o creaturas?
  4. Cuando dice Jesús amarás al Señor con toda tu alma: ¿Tu vida completa está orientada hacia el encuentro con el Señor? ¿O también tienes otros caminos que te distraen de este proceso?
  5. Cuando dice Jesús amarás al Señor con todas tus fuerzas: ¿Pones todo el empeño en conocer más del Señor y te esfuerzas por conocer la Buena Noticia y ser un propagador, es decir un discípulo que se vuelve misionero? ¿O esto no entra en tus planes?
  6. Cuando Jesús aclara que el segundo mandamiento es “amar al prójimo como a uno mismo”: ¿En verdad tú te amas como Dios te ama? Mucha gente no se ama a sí misma, se provoca grandes problemas porque no acepta de sí misma ciertas ausencias. ¿Podrás amar al prójimo si no te amas a ti?
  7. Y si te amas verdadera y sinceramente ¿Amas de igual manera a todos los demás, que son tus hermanos?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:

Te propongo que tomemos como oración esta reflexión del Papa Benedicto XVI:

“Antes que un mandato -el amor no es un mandato- es un don, una realidad que Dios nos hace conocer y experimentar, de forma que, como una semilla, pueda germinar también dentro de nosotros y desarrollarse en nuestra vida. Si el amor de Dios ha echado raíces profundas en una persona, ésta es capaz de amar también a quien no lo merece, como precisamente hace Dios respecto a nosotros. El padre y la madre no aman a sus hijos sólo cuando lo merecen: les aman siempre, aunque naturalmente les señalan cuándo se equivocan. De Dios aprendemos a querer siempre y sólo el bien y jamás el mal. Aprendemos a mirar al otro no sólo con nuestros ojos, sino con la mirada de Dios, que es la mirada de Jesucristo. Una mirada que parte del corazón y no se queda en la superficie; va más allá de las apariencias y logra percibir las esperanzas más profundas del otro: esperanzas de ser escuchado, de una atención gratuita; en una palabra: de amor. Pero se da también el recorrido inverso: que abriéndome al otro tal como es, saliéndole al encuentro, haciéndome disponible, me abro también a conocer a Dios, a sentir que Él existe y es bueno. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables y se encuentran en relación recíproca. Jesús no inventó ni el uno ni el otro, sino que reveló que, en el fondo, son un único mandamiento, y lo hizo no sólo con la palabra, sino sobre todo con su testimonio: la persona misma de Jesús y todo su misterio encarnan la unidad del amor a Dios y al prójimo, como los dos brazos de la Cruz, vertical y horizontal”. (Benedicto XVI, 4 de noviembre de 2012).

Hacemos un momento de silencio para responder al Señor y demos gracias porque nos llena de alegría.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

-Amén-

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas»
(Versículo 5)

Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Son la síntesis de lo que el Señor me pide. Por lo tanto haré un buen examen de conciencia sobre el cumplimiento de las mismas. Y como gesto voy a buscar a alguna persona que esté pasando una situación donde Dios no está en el centro de su vida y me propondré apoyarla y ayudarla para que se encuentre con el Señor.

En el grupo, nos planteamos cuáles son las cosas donde nosotros invertimos el tiempo. Dialogamos sobre esto y luego pensamos que tan cerca o lejos estamos de los mandamientos del Señor. También como grupo vamos a ir a cumplir esto, pensando en los más débiles y marginados, y llevarles un momento de alegría y servicio. Piensa en aquellos que más lo necesiten y que no pase más tiempo sin acompañar a estos hermanos para poder cumplir el Evangelio.

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