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Lectio Divina Dominical XXXIII del Tiempo Ordinario Ciclo C

«Gracias a la constancia salvarán sus vidas»

Hno. Ricardo Grzona, frp
Dr. Emilio G. Chávez

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PRIMERA LECTURA: Malaquías 3, 19-20
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 98(97),5-6.7-8.9
SEGUNDA LECTURA: 2 Tesalonicenses 3,7-12

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Lucas 21, 5-19

21,5: A unos que elogiaban las hermosas piedras del templo y la belleza de su ornamentación, Jesús les dijo:
21,6: —Llegará un día en que todo lo que ustedes contemplan será derribado sin dejar piedra sobre piedra.
21,7: Le preguntaron:
—Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder?
21,8: Jesús Respondió:
—¡Cuidado, no se dejen engañar! Porque muchos se presentarán en mi nombre diciendo: Yo soy; ha llegado la hora. No vayan tras ellos. 21,9: Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se asusten. Primero ha de suceder todo eso; pero el fin no llega en seguida.
21,10: Entonces les dijo:
—Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino; 21,11: habrá grandes terremotos, en diversas regiones habrá hambres y pestes, y en el cielo señales grandes y terribles.
21,12: Pero antes de todo eso los detendrán, los perseguirán, los llevarán a las sinagogas y las cárceles, los conducirán ante reyes y magistrados a causa de mi nombre, 21,13: y así tendrán la oportunidad de dar testimonio de mí.
21,14: Háganse el propósito de no preparar su defensa; 21,15: yo les daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar.
21,16: Hasta sus padres y hermanos, parientes y amigos los entregarán y algunos de ustedes serán ajusticiados; 21,17: y todos los odiarán a causa de mi nombre. 21,18: Sin embargo no se perderá ni un pelo de su cabeza. 21,19: Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

La primera lectura y el evangelio nos hablan de la tribulación final que tendrá lugar antes de que llegue la salvación. El pueblo de Israel, en su larga historia, siempre esperó en el Señor, atravesando por muchas pruebas y tribulaciones, y así su fe se fue purificando. La Iglesia, al llegar al final del año litúrgico, nos presenta lecturas que nos exhortan a confiar en Dios y a perseverar.

La primera lectura es del profeta Malaquías, el último de los Profetas, que en el final de su libro nos habla de la venida del Señor a su templo y de la purificación que habrá, a través del fuego. La impureza en Israel podía ser de varios tipos; algunas clases de impureza se podían quitar con agua, otras sólo con fuego (ver las prescripciones en Lv 13-14). Esta “impureza,” “lepra,” moho, etc., era símbolo del pecado. Ya Dios había tratado de purificar la tierra, en tiempos de Noé, con un diluvio, es decir, con agua; esto no había acabado con el pecado. Hacía falta una purificación más profunda, con fuego. De ésta nos habla Malaquías, en el capítulo que se ha llamado el relato o programa vocacional de Juan Bautista. Éste dijo que él bautizaba con agua, pero que vendría uno mayor que él que bautizaría con Espíritu santo y fuego (ver Mt 3 y Lc 3). También Pablo nos habla de una prueba de fuego, 1 Co 3:13-15.

Jesús fue el que trajo este fuego a la tierra, Lc 12:49-50. Él mismo se sometió a la dolorosa “purificación” (ya en la presentación Lucas hablaba de la purificación “de ellos,” es decir, de María y de Jesús, Lc 2:22) por nosotros, cumpliendo las profecías en el Libro de la Sabiduría sobre el sufriente justo que es Hijo de Dios, aquilatado con fuego como el oro precioso: Sb 3:1-12. Pero nosotros debemos participar en esta purificación, morir con Jesús para resucitar con él (Rm 6:5-11), incluso completar con nuestros sufrimientos a lo que falta en el cuerpo de Cristo, Col 1:24. Pablo deseaba estar unido a Cristo de tal modo que deseaba la comunión con sus padecimientos, Flp 3:7-10. Pablo estaba crucificado con Cristo, Ga 2:20.

La lectura del evangelio de Lucas hoy nos presenta un cuadro de grandes persecuciones, guerras, terremotos y otros fenómenos naturales terribles. La Biblia nos habla con estas imágenes que han llegado a ser una realidad bien cercana para muchos de nuestros semejantes. Pero para cada uno de nosotros, hay purificaciones dolorosas que nos limpian de nuestro orgullo y apego a lo que no es Dios, para poder aferrarnos más perfectamente a Él. Y todos debemos pasar por la muerte, una travesía para la que nos debemos preparar toda la vida. Ambas lecturas nos exhortan a la perseverancia, al “aguante” (una buena traducción de la palabra griega hypomonē en Lc 21:19). Malaquías le promete al que teme a Dios que después de la noche terriblemente oscura le saldrá el sol de justicia con sus rayos sanadores. Este “salir del sol” llegaría a indicar la venida del Mesías, llamado el griego Anatolē (Za 3:8; 6:12, en nuestras Biblias se traduce “Germen,” del hebreo). Este es Jesús, llamado justamente Anatolē, la “salida del sol desde el oriente,” en el Benedictus, Lc 1:78.  

Preguntas para recordar el texto:

  1. ¿Sobre qué hablaban del Templo de Jerusalén algunas personas?
  2. ¿Qué les dijo Jesús a estas personas?
  3. ¿Cuáles preguntas le hicieron a Jesús?
  4. ¿Cómo respondió Jesús? ¿Cómo les advirtió para que no se dejaran engañar? ¿Qué más pasará?
  5. ¿Cómo podremos dar testimonio de Jesús?
  6. ¿Qué pasará con los que no acepten a Jesús?
  7. ¿Cuál es la forma en que dice Jesús que se salvarán las vidas?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. ¿En qué baso mi religión? ¿En las cosas exteriores? (sin dejar de pensar todo lo bueno que para nuestra fe ha sido la religiosidad popular, las devociones particulares, etc. Están estas basadas en un verdadero encuentro con Jesús, el Cristo, o son meras formalidades externas).
  2. Hoy en día hay una sobreabundancia de falsos predicadores, incluso gente que tomando el nombre del Señor y de la Iglesia, pasa por alto la verdad del Señor ¿Estoy consciente que como dijo el Señor “vendrán muchos que se presentarán en mi nombre”? ¿Voy detrás de ellos? Cuidado!!!
  3. ¿Cómo puedo prepararme para no dejarme engañar?
  4. ¿Me doy cuenta que si soy fiel a la verdad de Jesucristo, muchas personas, incluso creyentes estarán en contra mío? Jesús insiste en no temer. ¿Pero cómo me preparo?
  5. ¿Dejo al Espíritu Santo actuar en mí y que Él sea mi mejor defensa? ¿Lo invoco constantemente, pido en oración frecuente su presencia en mi vida?
  6. ¿Es la constancia en la oración, en la reflexión cotidiana de la Palabra del Señor, en mi cercanía con Él, lo que mueve mi vida?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

Gracias Señor por tu Palabra Salvadora.
Cada día que pasa, estoy entendiendo mejor que el plan de salvación, no es algo sencillo, fácil, sino algo que Tú ofreces gratuitamente para todos, pero implica mi decisión firme de seguirte. Dame fuerzas Señor.
En muchas ocasiones me entristezco cuando hablan mal de mí y cuando otros creyentes me acusan por ser un buen servidor tuyo. Quiero servirte, quiero ser tu discípulo y también tu misionero. Que no tenga miedo, como me has dicho.
Ayúdame en la perseverancia

Oremos al Señor con el salmo 26

27,1: El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida: ¿de quién me asustaré?
27,2: Si me acosan los malvados para devorar mi carne,
ellos, mis enemigos y adversarios, tropiezan y caen.
27,3: Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no teme;
aunque me asalten las tropas, continuaré confiando.
27,4: Una cosa pido al Señor, es lo que busco:
habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida;
admirando la belleza del Señor, y contemplando su templo.
27,5: Él me cobijará en su cabaña en el momento del peligro;
me ocultará en lo oculto de su tienda, me pondrá sobre una roca.
27,6: Entonces levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca.
En su tienda ofreceré sacrificios entre aclamaciones,
cantando y tocando para el Señor.
27,7: Escucha, Señor, mi voz que te llama, ten piedad de mí, respóndeme.
27,8: —Busquen mi rostro. —Mi corazón dice: Tu rostro buscaré, Señor:
27,9: no me ocultes tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
27,10: Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá.
27,11: Indícame, Señor, tu camino, guíame por una senda llana, porque tengo enemigos;
27,12: no me entregues a la avidez de mis adversarios,
pues se levantan contra mí testigos falsos, acusadores violentos.
27,13: Yo, en cambio, espero contemplar la bondad del Señor en el país de la vida.
27,14: —Espera en el Señor, sé valiente,
¡ten ánimo, espera en el Señor!

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría. Añadimos nuestras intenciones de oración.

Amén

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Gracias a la constancia salvarán sus vidas»
(Versículos 19)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

En lo personal, volver sobre este texto, haciendo un profundo examen de conciencia sobre mi vida y mi relación personal con el Señor y la constancia en la oración. Poner mis miedos ante el Señor y demostrar que quiero ser su discípulo y su misionero. Realizar alguna obra de caridad, para poder anunciar al Señor a algunos enfermos, pobres, privados de su libertad, o necesitados.

Con tu grupo, proponerse una actividad  que nos ayude a demostrar que sí estamos convencidos de Jesús, el Cristo el Señor. Una actividad de esperanza. Tal vez invitando a otras personas a conocer a Jesús y su Iglesia, como signo de esperanza en medio de muchas contrariedades. Que se sientan misioneros en sus actividades.

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