LECTIO DIVINA
DEL MIÉRCOLES 29 de ABRIL DE 2026
Miércoles IV Semana de Pascua
Franklin Conil desde Venezuela ✍🏻🇻🇪
“CREE, VIVE Y ANUNCIA EL EVANGELIO” San Juan Pablo II
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:
Ven, Espíritu Santo, ven sobre mi, inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cuando debo callar, lo que debo sentir y lo que debo hacer para mayor gloria de Dios.
Ven, Espíritu Santo, ven por la poderosa intercesión del corazón inmaculado de María, tu amadísima esposa, Ven.
LECTURA Evangelio según San Juan 12, 44-50
44 Jesús dijo en voz alta: “Quien cree en mí cree no solo en mí, sino también en el que me envió. 45 El que me ve, también ve al que me envió. 46 Yo he venido al mundo como luz para que quien crea en mí no permanezca en la oscuridad. 47 Si alguien escucha mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 48 Cualquiera que me rechace y no acepte mis palabras ya tiene a alguien que lo juzgará. La palabra que he dicho será el juez de esa persona en el último día”.
49 “Yo no he hablado en mi propio nombre, sino el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que debo decir y anunciar. 50 Sé que su mandamiento es vida eterna. Lo que Yo hablo es exactamente lo que el Padre me ha dicho que dijera”.
El pasaje que hoy escuchamos es la conclusión de la primera parte del evangelio de san Juan. La cuestión que se debate aquí es la aceptación o el rechazo de Jesús como un mesías sufriente.
Este extracto nos habla del compromiso del creyente en Cristo. El Señor nos presenta cinco consecuencias de la fe en su persona, estas son:
1) Quien cree en Jesús cree también en el Padre y lo ve,
2) Quien cree en Jesús no permanece en la oscuridad,
3) Quien cree en Jesús practica su palabra,
4) Quien cree en Jesús no juzga a los demás, sino que los salva y,
5) Quien cree en Jesús escucha y comunica las palabras de Dios.
MEDITACIÓN:
La perícopa de hoy es un examen para los creyentes en Jesús. A través de este texto podemos revisar nuestra vida y constatar si nuestro obrar se corresponde con la fe que profesamos.
La fe en Jesús trae consigo un compromiso que nos acredita o no como creyentes auténticos. Cómo diría el Señor en otro pasaje de la Biblia: “No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino aquel que cumple la voluntad de mi padre que está en el cielo”.
La cuestión capital aquí es si creemos o no en la persona de Jesús tal como como este se presenta: un salvador humillado. El Señor no nos disfraza su identidad, sino que se nos presenta tal cual Él es. De nosotros depende aceptarlo o no.
Cuántas veces nosotros no nos mostramos ante los demás tal como somos por temor a ser rechazados. Jesús es ante todo la verdad pues no oculta su ser real.
La primera consecuencia de creer en Cristo es que esta fe, esta confianza depositada en la persona de Jesús nos concede creer también en Dios Padre y poder verlo, pues como el mismo Jesús ha dicho en otro lugar de la escritura: “Quien me ha visto a mí ha visto también al Padre”.
Que interesante sería que también nosotros los creyentes en Jesús pudiéramos decir estas palabras: “Quién me ve a mí, ha visto a Dios”, es decir, que nuestra vida de fe sea un reflejo de Dios.
El segundo compromiso que nos exige la fe en Jesús es caminar en la luz. Quien sigue a Cristo o dice creer en Él no puede permanecer en la oscuridad. Cristo es la luz del mundo y la vida del creyente al ser iluminada por Él no puede permanecer en tinieblas, esto es en el pecado. Esta es una clara señal por la cual se puede reconocer a un verdadero creyente en Cristo.
El tercer compromiso del creyente en Cristo es cumplir su palabra. El Señor ha repetido este mensaje en reiteradas ocasiones. “Aquel que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre necio que edificó su casa sobre arena”. Decir que creemos en Jesús nos lleva necesariamente a cumplir su palabra, es decir, a vivir conforme a la fe que profesamos. Usando un lenguaje grotesco no podemos ser de aquellos que la venden, pero no la consumen.
En cuarto lugar, quien cree en Jesús no juzga a nadie, sino que por el contrario es consciente de que su misión en este mundo no es condenarlo sino salvarlo. Cuán pronto somos para juzgar a los demás y cuán lentos o tardos para excusarlos o salvarlos. No nos corresponde a nosotros juzgar a nadie, lo que nos toca es salvarlos.
Por último, el quinto compromiso del creyente en Cristo es escuchar la Palabra de Dios y transmitirla tal cual se ha recibido. Hemos de ser fieles al mensaje recibido de modo que no debemos tergiversarlo o acomodarlo a nuestra medida. Para eso es preciso escucharlo atentamente pues como reza el refrán: “El arte del buen hablar es saber escuchar”.
ORACIÓN:
Señor, Jesús, danos la gracia de creer en ti, de creerte a ti, de confiar en Tu Palabra y de vivir de acuerdo a nuestra fe. Danos la gracia de no escandalizarnos de tu persona y de tu mensaje.
Que no seamos de aquellos que dicen una cosa y hacen otra; concédenos que haya coherencia en nuestra vida, que nuestro obrar se corresponda a nuestro hablar.
Que sepamos escuchar y anunciar fielmente tu palabra, viviendo no en la oscuridad, sino en la luz de tu verdad, amén.
MEDITACIÓN:
“Jesús dijo en voz alta: “Quien cree en mí cree no solo en mí, sino también en el que me envió.”
“…porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo.”
ACCIÓN:
A través de este texto examinaré mi vida de creyente y constataré cuán auténtica es mi fe en Cristo.
Revisaré en particular, qué áreas de mi vida aún siguen en tinieblas y cuales ya han sido iluminadas por Cristo.
Prestaré especial atención en mirar cuán pronto soy para juzgar a los demás o si por el contrario soy más presto a perdonarlos y salvarlos.
Me haré consciente sobre mi fidelidad al mensaje de salvación. Lo escucharé con atención y lo transmitiré con prontitud y fidelidad.
CREE, VIVE Y ANUNCIA EL EVANGELIO” San Juan Pablo II
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