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Evangelio del día – Lectio Divina Lucas 24, 13-35

Lectio Divina por Carlos Iván Mendoza  de Panamá

Miércoles I Semana de Pascua Ciclo B

Invocación al Espíritu Santo 🕊️

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. 

Amén

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 24, 13-35 📖

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:

«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».

Él les dijo:

«¿Qué».

Ellos le contestaron:

«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:

«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».

Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor. 

Lectura, ¿Qué dice el texto?

Los Discípulos de Emaús que vuelven de Jerusalén desencantados luego de aquella tragedia de la cruz, y profundamente decepcionados por la muerte de su Maestro. Logran reencontrarse con su Maestro en su camino, pero esta vez  de manera incógnita.  El Maestro les provoca una conversación animada sobre lo acontecido y su relación con la escritura, tradición que aquellos discípulos conocían y habían albergado una profunda esperanza de que aquellas profecías se habrían de cumplir en su “Maestro muerto”. 

Entonces Jesús les ayuda a interpretar correctamente las escrituras según los designios de Dios: ya que la ley y los profetas hablan de un Mesías que cuya misión se realizaría en base al sufrimiento y de la marginación, y en el corazón de aquellos hombres, como reconocerían después, algo comenzaba a arder ante esas luminosas explicaciones. El posterior encuentro en torno a la mesa a la que invitaron al misterioso acompañante les abriría los ojos sobre su verdadera identidad. 

Esto deja una inquietud desconcertada, un diálogo ardiente sobre el sentido de la escritura, y un gesto de fraternidad en torno a la mesa compartida son el itinerario que conduce al descubrimiento, en la fe, de Jesús resucitado.

Meditación, ¿Qué nos dice Dios en el texto?

¿Reconozco a un Maestro resucitado? ¿Lo reconozco en el pan?

¿Mantengo la esperanza en momentos de tragedia? 

¿Soy capaz de buscar ánimos en base a las Escrituras? 

¿Qué tanta importancia le doy a vida fraterna? 

¿Solo soy capaz de reconocer a Jesús desde mi soledad y compañía? 

Contemplación 🙌🏻

“Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”.

Oración 🙏🏻

Señor, acompáñame en mis momentos de desánimo y tristeza. En aquellos momento en donde mi esperanza está muerta, y que con la fuerza de tu resurrección haz resucitar todas aquellas partes emocionales y físicas que han muerto en mí. Concédeme la gracia Señor de poder reconocerte en el pan, y así anunciar la alegría de tu resurrección. Amén. 

Acción, ¿A qué me comprometo con Dios?

Entregar a Dios Padre todo nuestro desánimo, y dejar que Él a través de su Hijo resucitado y entregado en la Santa Eucaristía nos pueda quitar aquella ceguera que nos aqueja.

 

 

 

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