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Lectio Divina Dominical III de Adviento Ciclo B

«Él vino como testimonio para dar pruebas de la luz»

Hno. Ricardo Grzona, frp

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PRIMERA LECTURA: Isaías 61,1-2ª.10-11
SALMO RESPONSORIAL: Salmo (Usamos el cántico de María Lucas 1,46-54)
SEGUNDA LECTURA: 1 Tesalonicenses 5,16-24

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

-Amén-

TEXTO BÍBLICO: Juan 1, 6-8.19-28

6 Hubo un hombre llamado Juan, que fue enviado por Dios 7. Él vino como testimonio para dar pruebas de la luz con el fin que todos pudieran creer por medio de él. 8 Juan no era la luz, pero vino para dar testimonio de la luz,

 

19 Los líderes judíos enviaron algunos sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle a Juan: “¿Quién eres tú?”, y éste es el testimonio de Juan:
20 Él declaró claramente y no negó, sino confesó: “Yo no soy el Mesías”.
21 Le preguntaron de nuevo: “¿Entonces, eres tú Elías?”. Él dijo: “¡No soy!”. Ellos preguntaron otra vez: “¿Eres el Profeta que estamos esperando?” Juan respondió: “No”.
22 Entonces le dijeron: “Dinos pues quién eres para que podamos responder a quienes nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?”
23 Juan respondió como dijo el profeta Isaías: “Yo soy la voz que grita en el desierto: hagan recto el camino del Señor” (Isa 40:3).
24 Los que habían sido enviados de los fariseos, 25 le preguntaron: “Si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta que estamos esperando, entonces ¿por qué bautizas?”
26 Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien que no conocen. 27 Él viene después de mí, pero no soy digno de desatar las correas de sus sandalias”.
28 Esto sucedió en el pueblo de Betania, al otro lado del río Jordán, donde Juan estaba bautizando.

TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

El texto de este tercer Domingo de Adviento, está tomado de Juan, en sus primeros versículos. La primera parte corresponde a lo que llamamos el “Prólogo” y luego el testimonio de Juan el Bautista. Muy parecido al texto del Domingo pasado sobre el “precursor”.

Se desea rescatar la figura de Juan el Bautista, que es “quien abre el camino”, es decir, va quitando los obstáculos para que pase el Señor.

Comienza el texto con una parte del prólogo de Juan diciendo: “ 1,6: —Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, 1,7: que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él.”

El evangelista aclara muy bien la misión de Juan, es TESTIGO y por lo tanto un testigo DA TESTIMONIO y en este caso el testimonio de LA LUZ. Todo esto es para que todos, sin excepción, creyeran en por medio de Juan el Bautista.

El Bautista es un puente, para creer en la luz. Lo que más tarde él mismo dirá cuando aparezca Jesús en escena, es necesario que Él crezca y yo disminuya (en Juan 3,30). Aquí el evangelista hace alusión a la luz, en contraposición de las tinieblas. Tema muy propiamente suyo. Las tinieblas, la oscuridad son una representación del mal, del enemigo de Dios, del demonio. Jesús, tal como recitamos en el Credo, es “DIOS DE DIOS, LUZ DE LUZ”, esto significa que la luz vence a las tinieblas y las tinieblas no han podido soportar la luz.

La segunda parte del relato es el testimonio concreto de Juan, quien dijo claramente que no era el Mesías, y a los que venían de parte de los judíos y de los sacerdotes también les aseguró que no era ninguno de los profetas. Entonces dijo con seguridad, repitiendo al profeta Elías:

Yo soy la voz del que grita en el desierto:
   Enderecen el camino del Señor

Hay que destacar que de acuerdo a varias citas del Antiguo Testamento, los judíos esperaban el regreso de alguno de los profetas o al Mesías, Juan habla de los judíos, no sólo de la raza, sino de aquellos que se oponían a Jesús. Especialmente después del año 70 cuando vino la dispersión, se habla de judíos y cristianos con una división grande. Recordemos que el Evangelio de Juan se escribe pasados los años 90 de nuestra era.

El que viene, o como dice este texto, “ya está entre ustedes”, “yo no soy digno ni de desatarle la correa de sus sandalias.

Los rabinos de la época de Jesús enseñaban que un profesor puede requerir cualquier cosa de sus seguidores, excepto que tomen sus sandalias. Esto era considerado algo demasiado humillante para demandar. Era un trabajo para los esclavos más bajos y de segunda categoría. Lo mismo que lavar los pies, cosa que se suponía muy denigrante. Sin embargo, Juan dijo que él no era digno ni siquiera de hacer esto para Jesús.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cómo comienza este relato?
  2. ¿A quién envió Dios? ¿Con qué misión?
  3. ¿Qué significa ser testimonio de la luz?
  4. ¿Cuál es la diferencia entre la luz y las tinieblas?
  5. ¿Quiénes fueron a preguntarle a Juan quién era él?
  6. ¿Qué les respondió Juan?
  7. ¿A qué profeta hizo alusión?
  8. ¿Quién vendría después de Juan?
  9. ¿Qué dignidad tenía Juan con respecto al que venía detrás?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación

  1. Juan habla de ser testimonio de la Luz ¿Hasta qué punto somos testigos y testimonios de la luz?
  2. En mi vida, en mi corazón, en mis acciones, pensamientos y sentimientos, ¿cuánto dejo entrar la luz verdadera y cuánto hay de oscuridad en mi vida?
  3. En los caminos de mi vida… ¿Pongo obstáculos a la Gracia de Dios? ¿Cuáles son las cosas que me impiden que Jesús entre plenamente en mi vida?
  4. La palabra testigo o testimonio, también implica el martirio. ¿Soy consciente de esto?
  5. ¿Ayudo a los demás a encontrarse con Jesús?
  6. Juan dijo “yo soy la voz…” ¿También yo puedo decir que soy la voz de Jesús, prestando mi vida, mis actitudes, mis palabras y acciones para testimoniar a Jesús?
  7. Anunciar el Evangelio ofrece una dignidad única sin precedentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, Juan, el precursor, dice que no es digno ni siquiera de desatar la correa de su sandalia ¿Me creo yo mejor que otros por ser cristiano? ¿Cómo puedo ejercitarme en la humildad?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:

Te propongo que tomemos como oración el cántico de María, que llamamos Magníficat que es el Salmo de este Domingo:

1,46: María dijo:
   —Mi alma canta la grandeza del Señor,
  1,47: mi espíritu festeja a Dios mi salvador,
  1,48: porque se ha fijado en la humildad de su sirvienta
   y en adelante me felicitarán todas las generaciones.
  1,49: Porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí,
   su nombre es santo.
  1,50: Su misericordia con sus fieles se extiende
   de generación en generación.
  1,51: Despliega la fuerza de su brazo,
   dispersa a los soberbios en sus planes,
  1,52: derriba del trono a los poderosos
   y eleva a los humildes,
  1,53: colma de bienes a los hambrientos
   y despide vacíos a los ricos.
  1,54: Socorre a Israel, su siervo,
   recordando la lealtad,
  1,55: prometida a nuestros antepasados,
   en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.

Gracias Señor por tu Palabra Salvadora.

Permite que cada día sea consciente de que todo mi pensar, sentir, obrar, deba ir dirigido a la espera de tu llegada

Hacemos un momento de silencio para responder al Señor y demos gracias porque nos llena de alegría.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

-Amén-

Que tu oración sea un frecuente dar gracias porque el  Señor te anticipa cómo será el juicio y vamos a pedirle que puedas vivir de tal manera, que te acepte en su Reino. Pídele la gracia de que el seguimiento te lleve a anunciarlo.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Él vino como testimonio para dar pruebas de la luz»
(Versículo 7)

Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Se está hablando de ser testigo de la luz de Cristo. Por eso voy a elegir una actividad que me lleve a demostrar con humildad que puedo ser un punto de referencia para que otros crean. No voy a sentirme superior, sino muy sencillamente servidor. Prepara una acción concreta y no dejes pasar mucho tiempo sin realizarla.

En el grupo, conversaremos sobre lo que significa ser testigo, testimonio de Jesús. Cuántas veces hemos sido las piedras de escándalo para que otros crean, incluso con nuestras actitudes eclesiales de soberbia. Vamos a decidir la realización de una acción muy humilde y sencilla. Queremos que otros puedan creer en Jesús viéndonos a nosotros en estos servicios a los más necesitados. No dejen pasar esta misma semana sin hacer este servicio concreto.

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