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Lectio Divina Dominical XXVI del Tiempo Ordinario Ciclo C

«No pueden estar al servicio de Dios y del dinero»

Hno. Ricardo Grzona, frp
Dr. Emilio G. Chávez

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PRIMERA LECTURA: Amós 6, 1.4-7
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 146(145),7.8-9.9-10
SEGUNDA LECTURA: 1 Timoteo 6, 11-16

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Lucas 16, 19-31.

16,1: A los discípulos, Jesús, les decía:

16,19: Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y todos los días hacía espléndidos banquetes. 16,20: Echado a la puerta del rico había un pobre cubierto de llagas llamado Lázaro, 16,21: que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las heridas.
16,22: Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron.
16,23: Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado.
16,24: Lo llamó y le dijo:
—Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas.
16,25: Respondió Abrahán:
—Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. 16,26: Además, entre ustedes y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta ustedes ni pasar desde allí hasta nosotros.
16,27: Insistió el rico:
—Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, 16,28: donde tengo cinco hermanos; que les advierta no sea que también ellos vengan a parar a este lugar de tormentos.
16,29: Le dice Abrahán:
—Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen.
16,30: Respondió:
—No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán.
16,31: Le dijo:
—Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Las lecturas este domingo continúan con el tema de la riqueza y la pobreza: específicamente, condenando al rico que es presentado como típicamente sin cuidado por el pobre y explotándolo, y confortando a pobre infeliz por quien el Señor tiene un cuidado especial.

La lectura de Amós es una sátira mordaz contra las frivolidades de los ricos, inconscientes del desastre que está por caerles. El salmo expresa la vigilancia de Dios por todas las categorías de los desfavorecidos: los trabajadores extranjeros (residentes en Israel, los guerim), las viudas y los huérfanos. La lectura de 1 Timoteo, que sigue a lo de “el amor al dinero es la raíz de todos los males,” exhorta al joven Timoteo a que rechace esas cosas y a que se mantenga en la santidad.

Hay muchas cosas que señalar en la parábola del rico y Lázaro, especialmente los contrastes. El rico no tiene nombre (su nombre no es ‘Epulón’, que es un adjetivo que significa que banqueteaba mucho; en inglés también se le quiere llamar ‘Dives’, que significa “rico”). Es precisamente la intención de Lucas mostrar cómo las cosas son al revés con Dios: en el mundo son los ricos los que llevan grandes nombres; aquí el que tiene nombre es el miserable Lázaro. El rico come suntuosamente, sin que le preocupe Lázaro que está a su puerta, y que a su vez ¡le da de comer a los perros que lamen sus llagas! Al morir, Lázaro es llevado por los ángeles al seno de Abraham (ver Lc 13:28-30); el rico simplemente es enterrado. Sus lotes son invertidos en el más allá. El rico es atormentado, mientras que Lázaro es consolado, y ya no pueden cambiar las cosas. La razón que se da no es particularmente ética; no se dice que el rico fuese malo y que Lázaro fuese bueno. Sólo se da una inversión, un cambio de suerte muy escueta, semítica, bíblica, escatológica, muy querida por Lucas: el rico ya había recibido su premio en la tierra, mientras que Lázaro había sufrido. Al final, cambian los lugares que ocupamos, los primeros serán los últimos (ver Lc 1:52-53; 6:20-26). A Lucas no le interesa hacer finas, apologéticas distinciones acerca de lo que es ser rico, pero ‘sin estar apegado a la riqueza’. La mera coexistencia de la opulencia junto a la miseria (que tenemos a la puerta) basta para condenar al rico.

La conclusión de la parábola nos advierte contra esperar una manifestación extraordinaria, milagrosa, de la voluntad de Dios: nos basta una lectura sincera de la Sagrada Escritura, como era el caso para los hermanos del rico.

Preguntémonos para reconstruir el texto:

1. ¿A quiénes se dirigió Jesús y cómo fue la parábola que les dijo?
2. ¿Qué hacía el hombre de la Parábola?
3. ¿Cómo va ganándose a los deudores de su patrón?
4. ¿Cuándo el patrón se dio cuenta, ¿qué es lo que dijo?
5. ¿Qué explicación da Jesús sobre los hijos de este mundo? ¿Qué deberíamos aprender?
6. ¿Cómo se refiere Jesús a la fidelidad?
7. ¿Cómo termina el texto? ¿Cuál es la frase o la idea principal que quiso dejar Jesús?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

1. ¿Hasta qué punto yo me doy cuenta de las necesidades de las personas que me rodean?
2. ¿Estoy atento a estas personas? ¿Puedo brindarles ayuda, colaborar con su bienestar?
3. ¿En qué puedo identificarme con la narración que hizo Jesús?
4. ¿Soy consciente que en la Biblia yo puedo encontrar todo lo necesario para entender la Salvación? ¿Acepto que la Biblia es Palabra de Dios, y por lo tanto Palabra para mi salvación?
5. ¿Con qué frecuencia me dedico a la lectura y oración con la Biblia?
6. ¿Entiendo que “escuchar” la Palabra, meditarla, llevarla a mi vida es lo que me dará a mí la seguridad de ir por el camino correcto?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

Hacemos nuestra la oración del Salmo 119:

119,1: Dichosos los de conducta intachable, que siguen la voluntad del Señor.
119,2: Dichosos los que guardan sus preceptos, y lo buscan de todo corazón;
119,3: los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.
119,4: Tú mandaste que tus decretos se observen exactamente.
119,5: Ojalá estén firmes mis caminos para cumplir tus órdenes.
119,6: Entonces no quedaré defraudado al fijarme en tus mandatos.
119,7: Te daré gracias con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos.
119,8: Quiero cumplir tus órdenes ¡No me abandones, oh Dios grande e inmortal!
119,9: ¿Cómo limpiará un joven su sendero? —Observando tu palabra.
119,10: Te busco de todo corazón: no me desvíes de tus mandatos.
119,11: Guardo en mi corazón tu promesa para no pecar contra ti.
119,12: ¡Bendito eres, Señor!, enséñame tus normas.
119,13: Mis labios recitarán todo lo que manda tu boca.
119,14: En el camino de tus preceptos disfruto más que con cualquier fortuna.
119,15: Voy a meditar tus decretos y a fijarme en tus senderos.
119,16: Me complazco en tus órdenes: no me olvido de tus palabras.
119,17: Cuida de tu servidor y viviré para cumplir tu palabra.
119,18: Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de tu ley.
119,19: Soy peregrino en la tierra: no me ocultes tus mandatos.
119,20: Mi vida se consume deseando siempre tus mandamientos.

Amén

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por su resurrección y porque nos llena de alegría. Añadimos nuestras intenciones de oración.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Ahora él es consolado y tú atormentado»
(Versículos 25)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Queremos entrar por la puerta estrecha…. ¿Qué debemos cambiar en nuestra vida para entrar por esta puerta estrecha?

En lo personal, me propongo hacer un verdadero análisis de conciencia. Sobre las personas que están a mi alrededor y realizar alguna acción que sea para compartir con los demás mi tiempo, y si es necesario mis bienes. También una propuesta de lectura más asidua de la Sagrada Escritura, haciendo Lectio Divina.

Con tu grupo, proponerse una actividad que muestre que de verdad estamos escuchando la Palabra del Señor. Visitar enfermos en un hospital, ayudar a personas necesitadas y por sobre todas las cosas enseñarles a los demás a orar con la Biblia.

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